Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

¡Hola a todas!
Hoy les escribo de un tema un poco delicado -o al menos eso pienso- pero sé que muchas mamás que andamos por el camino de emprender por nuestra cuenta hemos sentido y pensado lo mismo.

El tema de esta entrada es  … TAN-TAN-TAAAAN... (redoble, por favor):
Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

Oh yeah! No me digan que no, si sí. Y para que ninguna mamá sienta remordimientos “all of the sudden”, les voy a hablar exclusivamente de mi experiencia. Luego, si desean, con mucho gusto pueden compartir sus experiencias en el área de comentarios.

Cuando decidí comenzar a trabajar por mi cuenta y desarrollar mi negocio de mercadeo en redes sociales en el 2015, tenía una bebé de 11 meses y pocos días para cumplir el año.

Mi hija fue la motivación y razón número uno para crear mi negocio. Resulta que aunque muy satisfecha con mi trayectoria profesional previo a ser mamá, estaba laborando turnos overtime todos los días en una empresa y el primer año de vida de mi hija fue casi perdido para mí. Ese año a mi hija la crió su papá.

Traté de aguantar lo más que pude pero comencé a deprimirme, mi producción de leche se fue a pique y renuncié.

Comencé con pocas cuentas que -gracias a que mi hija fue una bebé súper tranquila- pude manejar muy bien, pero a los cuatro meses de iniciar esta aventura quedé embarazada de mi segundo hijo.

Sí, estaba muy feliz pero también asustada y con mala barriga. Para este tiempo ya tenía más cuentas y obviamente, no me sentía del todo bien físicamente. También estaba en trámites de abrir mi oficina. Gestor, local, permisos, muebles…

Este segundo embarazo llegó con malestares, seguido por contracciones prematuras y las charlas con mi esposo sobre qué debería tener prioridad en esos momentos, si abrir mi oficina o seguir trabajando remoto (desde casa y visitando a mis clientes) hasta que naciera el bebé y pasaran esos primeros tres meses de vida.

Yo había luchado TANTO por poder costear ese espacio que todo emprendedor desea tener, que me rehusaba a abandonar mi sueño de abrir mi primera oficina (en estos momentos no quiero saber de abrir otra oficina ¡pero eso es tema para otro blog!).

Y sí, tuve que posponer abrir mi oficina hasta que nació mi hijo, un bebé hermoso que me robó el corazón y todo mi tiempo.

Mi hijo no podía estar separado de mí. Tanto así que me sumergí en lecturas sobre la ansiedad por separación en los bebés, y en efecto, bebé no quería estar con otra persona que no fuera mamá.

Mis brazos estaban cansados, mis pezones en carne viva y aprendí a redactar con una sola mano, porque con el otro brazo lo cargaba a él. Mi esposo trabajaba distribuyendo cervezas artesanales en el sur y el oeste de la Isla, por lo que pasaba hasta trece horas fuera del hogar.

No creo necesario tener que decirles que no podía con mi vida.

Increíblemente, a ese ritmo que llevaba, logré conseguir más clientes y con esto convencí a mi esposo -luego de varios intentos fallidos- de que se uniera a mi negocio y me diera una mano en la parte administrativa, con las fotos y coordinando reuniones con los clientes.

Ahora bien, mis tácticas de convencimiento con mi esposo no fueron muy sutiles que digamos. Esas tácticas son la razón de esta entrada al blog.

Estaba exhausta física y emocionalmente, y encima de todo hacía el esfuerzo mega sobrehumano para poder hacer un delivery de excelencia a mis clientes.

Llegaba la noche y con ella mi llanto. Mi esposo aún estaba en la calle y yo lo llamaba así, cansada, sin fuerzas, y llorando le decía que por favor renunciara, que me diera una mano porque no podía con mi vida.

Le decía  que si yo no obtenía ayuda pronto, iba a entregar todas mis cuentas. Obviamente, era mi cansancio hablando y mi esposo cada noche con mucha paciencia me traquilizaba y me recordaba todo el sacrificio que había depositado en mi negocio, la relación con mis clientes y muchos factores reales que me confirmaban lo mucho que me apasiona mi trabajo.

En esos momentos sentía que la maternidad  no me estaba dejando ser la profesional que estaba acostumbrada a ser y esto no se trata de que si uno quiere ser más profesional que madre ni más mujer que madre ni nada de eso.

Se trata de que cuando estamos acostumbradas a trabajar, a ser independientes y a generar un ingreso para nuestro hogar, de momento sentirnos cansadas e incapaces de realizar un trabajo excelente puede ser algo muy fuerte emocionalmente. Adaptarnos a este nuevo estilo de vida es más difícil (imagínese usted, que yo estaba acostumbrada a trabajar cien horas semanales y viajaba todos los días de Hatillo a San Juan).

Don’t get me wrong! Mis hijos son todo para mí y por ellos fue que decidí trabajar por mi cuenta, pero hay que ser realistas, desahogarnos y apoyarnos entre todas.

Hay etapas de la maternidad que son difíciles. Para muchas mamás puede ser la lactancia, para otras aceptar su cuerpo postparto, no tener la misma vida social de antes, no tener ayuda en el hogar, el no querer trabajar pero tener que hacerlo y para otras es querer trabajar y no poder. En mi caso, lo más difícil ha sido trabajar por mi cuenta y desarrollar un negocio con dos bebés.

Ahora mis hijos están más grandes, están en la escuelita y el cambio es del cielo a la tierra pero no me averguenza decir que al principio me quería arrancar los pocos pelos que me quedaban en la cabeza.

¿Por qué? Porque es normal, porque sé que no soy la única que se ha sentido así… y porque quiero que entiendan que querer tener tiempo para desarrollarnos profesionalmente no nos hace malas madres.

Todo es cuestión de BALANCE. Obviamente ser madre es nuestra mayor responsabilidad y nuestros hijos siempre serán la mejor recompensa.

¿Cómo hacerlo?

Adquiere una agenda, desarrolla un plan de trabajo, ponte horarios y analiza bien qué momentos del día son los que más te convienen para trabajar (cuando bebé toma sus siestas por ejemplo). Ve poco a poco testing the waters, ve qué prácticas te funcionan y cuáles no, pero por favor, jamás obligues a tu cuerpo a dar más de la cuenta. Debes alimentarte y descansar bien.

Yo, sí, trabajo mucho, pero trabajo por mi cuenta y soy mi propia jefa. Esto me da una flexibilidad y libertad para compartir con mis hijos que no conseguiría trabajando para una empresa, pero llegar hasta aquí ha sido el resultado de 4 años de sacrificio.

Mamás que están en el proceso de emprender, mamás que hoy viven lo que yo viví hace dos años:

Hay un refrán que dice que cuando el camino se pone duro, los duros en ponen en el camino. El tiempo pasa, respira hondo y sigue. ¡Lucha por tus sueños! Press Pause and Play, never Stop! La satisfacción que sentirás cuando con el paso del tiempo mires hacia atrás y digas “¡lo logré!”, es maravillosa.

Yo voy a ustedes.

Determinada en unir las voces de las familias militares latinas

Por: Karla Toledo Ríos

Crear un  espacio educativo a favor del desarrollo social, personal y económico de los hispanos, y a su vez poder orientar a las familias que entran a la vida militar y no dominan el inglés, fueron factores importantes para que la boricua Christie Lorraine Cruz Rivera decidiera, junto a tres amigos, crear el movimiento: “Voces Latinas Unidas” .

Voces Latinas Unidas es una red educativa para familias latinas de diversos lugares del mundo. Nuestro deseo es contar con un espacio colaborativo que posea las herramientas necesarias para poder ayudar a todas esas familias que buscan tener un mejor futuro”, comentó Cruz Rivera.

En la foto: Christie Lorraine Cruz Rivera

Christie Lorraine es esposa de un militar, madre de dos niñas y vive en los Estados Unidos desde el 2012. Su propia experiencia en la diáspora le sirvió de motor para comenzar este movimiento solidario hacia las familias militares hispanas que se mantienen en constante relocalización.

“Mi esposo le sirvió a ésta nación por seis años y sé lo difícil que es llegar a un  lugar nuevo, no conocer el idioma y tener miedo de hablarlo… Esto me impulsó a crear la página de Voces Latinas Unidas y así educar en todo lo que pueda. Siento que es mi vocación, nací para ayudar”.

En la foto: Christie Lorraine Cruz junto a sus hijas y su esposo.

Reafirmando su misión de ayudar a todos sus integrantes, la organización de Voces Latinas Unidas está comprometida en ofrecer las herramientas y adiestramientos necesarios para descubrir los talentos y habilidades de cada miembro, además de contar con grupos virtuales de apoyo.

Queremos proveer información en español sobre todo lo que conlleva la vida militar; sus beneficios, becas para esposas ( incluyendo retirados), hijos, etc. También queremos compartir sugerencias acerca de Organizaciones y Asociaciones que proveen apoyo a nuestras tropas en caso de emergencia”, aseguró Christie.

Puedes encontrar más información de Voces Latinas Unidas a través de su página de Facebook, que está dirigida a las familias de los soldados,  y su grupo para esposas de la milicia.

 

De por qué me fui de la Isla y cómo me siento al respecto

Una de las decisiones más difíciles  La decisión más difícil que he tomado en toda mi vida ha sido la de mudarme de Puerto Rico a Florida. Yo, que detesto los clichés y mírenme aquí, una boricua más en Orlando.

Antes del huracán María había logrado -con mucho esfuerzo- crear un pequeño grupo de mercadeo para plataformas digitales allá en mi querido pueblo, Hatillo del Corazón.

Lo que inició en el 2015 como el invento de una mamá primeriza manejando páginas de Facebook desde su casa para poder pasar tiempo de calidad con su bebé, luego de un año se convirtió en una localidad con 4 escritorios, cinco empleados, un beanbag súper cool, 25 páginas de Facebook que manejar y muchas ganas de echar pa’ lante.

Con la genuina intención de querer ayudar al pequeño y mediano comerciante, enfoqué mi negocio en este sector únicamente. Aunque muchas veces trataron de convencerme para que mercadeara mi negocio de una manera más abierta (a todo tipo de clientes), no quise hacerlo, y aunque al final creo que esto fue lo que más me afectó, no me arrepiento de haber guiado mi negocio de la manera en la que lo hice.

Justo un mes antes del huracán, perdí dos cuentas y esto me preocupó mucho, mayormente en el aspecto de “¿en qué tengo que mejorar y cómo puedo hacerlo lo antes posible?”. Sin embargo, mi negocio podía seguir funcionando bien en lo que duplicábamos las cuentas que habíamos perdido… o al menos eso pensamos que sucedería… ¡hasta que llegó María!

¿Por qué creo que enfocarme en el pequeño y mediano comerciante me afectó luego del huracán? Porque ellos también se afectaron grandemente. Fue un círculo. Muchos de mis clientes cerraron sus negocios por un tiempo indefinido, otros tuvieron que despedir empleados, otros habían sufrido pérdidas estructurales… y simplemente no podían costear mis servicios luego del huracán. ¡Creo que perdí diez cuentas en las primeras dos semanas!

Mis clientes no eran los únicos que se habían afectado con el huracán (como todos sabemos) y yo jamás imaginé que mi negocio sufriría tanto.

Desde antes de empezar a sentir los embates de María, mi celular ya no tenía servicio. Al otro día tampoco, pero pensaba que más o menos en una semana o dos ya todo estaría resuelto.

Y es que no era solo el celular (para contactar a los clientes) lo que me tenía estresada, era que tampoco había internet… y yo puedo trabajar sentada en un hormiguero, olvídate tú, que si hay internet puedo cumplir con mi deber.

Como una jugada estratégica del destino, tras el paso de María por la Isla, todas las antenas que daban señal a los lugares en los que yo podía ir a trabajar, se habían caído. Justo frente a mi oficina, en una vaquería a eso de unos doscientos pies de distancia, había una antena de 30 pies que debía suplirle señal a mi antena de internet. Para poder recibir internet (según los que fueron a verificar mi antena), debía esperar a que los dueños de la vaquería prendieran la planta eléctrica. ¡Y yo qué iba a saber cuándo ellos iban a prender la planta! ¿En las horas de ordeño?

En mi casa no había internet, ni en casa de mis suegros ni en casa de mis abuelos.  En casa de mi tía había un poco de señal y cuando prendían la planta eléctrica en las noches yo podía ir a trabajar unos 25 minutos antes de que la señal se cayera. Les juró que hacía todo lo  posible por resumir un día de trabajo de ocho horas en los 25, 30 o 40 minutos de internet que podía conseguir cada dos días. Los mosquitos me comían viva pero pero eso ni me importaba.

Llorar ya no era suficiente. Me dio acné por el estrés, rebajé cinco libras y busqué todas las alternativas posibles para mantener la calma y ver una luz al final del camino pero la esperanza se iba convirtiendo en nula.

Aún no les he contado que cuando llegó el huracán estábamos en proceso de enviar las facturas del mes entrante, no nos quedaba mucho dinero en la cuenta y el efectivo cada vez era menos.

Pensamos que luego del huracán podríamos reanudar operaciones, enviar facturas, ir al banco… ustedes saben, como de aquí a semana y media después de María. ¡HA!

Cuando mi esposo logró ir al Banco Popular, luego de yo no sé ni cuánto tiempo después del huracán, porque honestamente no lo recuerdo, estuvo 5 horas y media bajo el sol y regresó a casa con la noticia de que solo nos quedaban $75.00 porque todos los pagos del negocio se habían debitado automáticamente y nadie nos había pagado todavía.

Nosotros somos una familia de cuatro. Pasamos de tener todo lo necesario para vivir bien a no tener nada en un abrir y cerrar de ojos. Porque sin dinero, lamentablemente, no podemos tener más comida, ni más baterías, ni echar gasolina, ni nada. ¡Fucking nada!

… Y perdónenme… pero es que de solo remontarme a esos días, me da rabia. ¿Y saben con quién me da rabia? ¡Con el puto huracán! ¿Y saben cómo me siento por sentirle rabia a un huracán? Tonta. Bien tonta.

Se acercaba el primer mes después del huracán y ya me estaba desesperando demasiado. Me hablaron de un spot en Arecibo donde había señal de AT&T, y fue allí donde, entre edificios abandonados, logré contactar a mis clientes vía telefónica. Algunas llamadas fueron exitosas, otras no se lograron… pero hubo una, solo UNA, que fue tan frustrante que creo que fue el primer empujón a tomar una decisión drástica con tal de salvar las cuentas que me quedaban.

Llamé a una cliente muy importante para mí, todos lo son, pero este era el tipo de cuenta que te infla de orgullo porque la tienes tú… y la señal se puso pésima. La llamada se cortó como tres veces y esa última vez, cuando la llamada estuvo a punto de caer por cuarta ocasión, la escuché suspirar y decir “¡Ay no, ya yo no puedo hacer esto más!”, y me colgó. Yo creo que ella al sol de hoy no sabe que la escuché decir esas palabras.

Resulta que no todos estaban en las mismas condiciones que yo. Mi cliente tenía planta eléctrica en su negocio, tenía teléfono, tenía internet… y yo no podía trabajarle como antes. Luego del huracán pasé a tener dos tipos de clientes: el que no podía seguir con mis servicios y el que me necesitaba RUSH. Yo no podía trabajar RUSH, no tenía luz, no tenía internet, mi celular casi no funcionaba.

Varias amistades que vivían en San Juan y tenían luz e internet me dijeron que pasara por sus casas cuando quisiera pero sin dinero para echar gasolina, ¿quién se tiraba el viaje de Hatillo a San Juan?

Mi negocio era la única fuente de ingreso en mi hogar, pues creció lo suficiente como para que mi esposo pudiera trabajar conmigo dirigiendo la parte administrativa. Si me descuidaba y lo dejaba caer por completo, no iban a existir ingresos para mi familia, para mis hijos, para su eduación ni para darles de comer.

Luego de esa llamada que me hizo reaccionar y pensar en un plan B un tanto arriesgado, llamé a mi hermano que vive en Tampa y le pregunté si no le molestaba que nos quedaramos en su casa un mes en lo que el sistema de comunicaciones se establecía en la Isla y yo podía regresar a trabajar. Él, no solo me dijo que sí, sino que nos compró los pasajes.

Mientras se acercaba la fecha le iba comunicando a mis clientes que estaría fuera de la Isla trabajando (y poco a poco me iba enterando que varios colegas en la industria hicieron lo mismo), pero que regresaría en un mes, aunque no habíamos comprado los boletos de regreso porque no sabíamos exactamente para cuándo todo esto de las comunicaciones se habría resuelto.

Se lo dije a mi familia. “Me voy para poder trabajar y ponerme al día, pero regreso en un mes”. Me despedí de todos creyendo que regresaba en un mes. Me monté en el avión jurando que regresaba en un mes… y no pasó.

A mi esposo comenzaron a abrírsele las puertas en varios aspectos y luego de tanto esfuerzo que él le dedicó a mi negocio, yo no podía, ni jamás podré ser piedra de tropiezo en su progreso personal y profesional.

Extendimos un mes, llamé a mis clientes, les expliqué nuestra situación y les reafirmé que el trabajo se iba a seguir realizando sin problemas.

Mi esposo consiguió un trabajo en Orlando que nos ayuda a compensar por las pérdidas económicas que tuvimos luego del huracán. Conseguimos apartamento, extendimos la estadía, lo comunicamos nuevamente.

Cada día de los primeros dos meses en Florida lloré. No eran lagrimitas, eran sollozos. Extrañaba todo, a mis abuelos, a mi mamá, los abrazos de mi mamá, a mi hermanita, a toda mi familia, mi casa… todo, pero no podía mentir diciendo que nos iba mal.

Recuerdo que una vez miré al cielo y en mi mente dije: “Señor, ¿por qué nos estás abriendo tanto las puertas por acá? ¡Yo quiero regresar a Puerto Rico!”… y mientras caminaba y respiraba profundo llegué a la conclusión de que estaba tomando decisiones mucho más emocionales que racionales, y en momentos así, donde la prioridad es progresar, no se podía.

Dejé que las cosas fluyeran. Y seguimos aquí, en Orlando, trabajando, y sí, me enorgullece decir que trabajo para mis clientes en la Isla, y NO, no me avergüenzo de ser una boricua en la diáspora, porque no solo soy eso. También soy una madre en la diáspora, una hija en la diáspora, una esposa en la diáspora… y todos y cada uno de estos papeles son importantes, tienen gran valía, sudor, lágrimas y significado.

Les seguiré contanto cómo nos va por acá, porque cuando estamos lejos de nuestros seres queridos, escribir es una buena alternativa. Que, en fin, esta crónica un tanto mohosa nace como desahogo, porque no había tenido la oportunidad de expresar esta experiencia de salir de la patria por tanto tiempo.

¡Un abrazo a todas las mamás que me leen! Y a las tantas que andan de vecinas por la diáspora, ¡ánimo! Es fuerte, pero podemos.

Que estén bien,

-Karlaimar, Habemusbaby.

Lo que debes saber si estás pensando trabajar desde el hogar

Les comentaba en mi página de Facebook que había tenido un día digno de una columna de desahogo de Habemus Baby  y que la misma trataría sobre el tema de trabajar desde el hogar.

Prometí que les iba a hablar en arroz y habichuelas, directo al grano y con los pros y los contra, a beneficio de todas las mamás que están pensando obtener un trabajo sin salir de la casa.

Les cuento: Mi primer trabajo fue como asistente de un departamento digital y luego trabajé en otra empresa como coordinadora de redes sociales y periodista. Mientras no tenía hijos, dejaba mi pellejo allí. Yo creo que yo me iba del trabajo y mi espíritu seguía redactando en la silla.

Aprendí mucho y mi mentalidad siempre fue esa: aunque saliera esmolía’, como dicen,  si no tenía hijos, tenía el tiempo para aprender y ganar experiencia. Total, que para ese entonces ya estaba casada y mi esposo era comerciante. Los dos vivíamos dedicados a nuestra profesión y estábamos cool con eso.

En verano de 2013 me enteré que estaba embarazada. ¡Felicidad pura porque mi hija fue deseada y planificada! Tuve un embarazo muy lindo, pero estaba cansada. Trabajé seis días a la semana y noventa horas semanales hasta mis treinta semanas de embarazo.

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Ese mismo ritmo de trabajo fue el que hizo que al año de vida de mi hija me atreviera a renunciar y me lanzara a la hazaña empresarial. Sentía que me había perdido sus primeros 365 días de vida y ese no era mi propósito ni visión de la maternidad.

Comencé a trabajar de manera independiente manejando cuentas de redes sociales a distintas empresas (medianas y pequeñas) con deseos de tener buena publicidad pero que no tienen mucho presupuesto.

Lo hice todo superlegal, compré la marca, saqué todos los permisos, alquilé oficina, me compré el mega escritorio, gané clientes más rápido de lo que imaginé y me pompié bien brutal. Al poco tiempo ya tenía servicios subcontratados de fotografía, vídeo, diseño gráfico e imprenta, etc.

A los cuatro-cinco meses de esta aventura (sí, todo pasó muy rápido) me enteré que estaba embarazada de mi segundo bebé. Estuve llorando todo el primer mes porque tenía miedo de fracasar en mi negocio y como madre. Además, ya la cosa estaba fea en la economía local. Me dio miedo y punto. Agraciadamente, mi esposo reaccionó súperbien y eso me quitó un peso de encima. Entre los dos metimos mano, como siempre.

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Tuve el mejor embarazo del mundo. Aumenté solo 17 libras y eso me ayudó a mantenerme activa en mi trabajo hasta el final. ¡Con decirles que una de mis clientes ni se enteró que yo estaba embarazada!

El punto es que desde que nació mi segundo hijo todo ha cambiado. Lo amo, es bello, es idéntico a mamá, y sí, los nenes son de mami, pero la realidad es que tener negocio propio y ser mamá de dos es bien difícil.

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Me he visto obligada a trabajar desde casa durante los pasados tres meses y aunque lo veo más o menos como un receso de maternidad (sin dejar de trabajar), hay cosas que no son para uno y a eso es a lo que quiero llegar.

<<A lo mejor se preguntarán por qué tanta historia de mi trabajo previo pero necesito que visualicen el estilo de vida al que estaba acostumbrada antes de comenzar a trabajar por mi cuenta y tener que pasar estos meses en casa.>>

Sí, es cierto, mi trabajo es bien digital. Realmente lo puedo hacer desde cualquier lugar que tenga internet (internet, café y silencio), pero yo estoy acostumbrada a levantarme temprano, vestirme bien, llegar a mi escritorio, producir e interactuar con otras personas.

Tuve un ritmo de vida bien acelerado desde el 2010 y me acostumbré a eso. Estos meses que he trabajado desde casa me he sentido encerrada, fea y aunque sigo trabajando igual de mucho, el hech0 de hacerlo desde mi hogar me hace sentir que no estoy siendo igual de productiva que antes.

Sé que hay muchas mamás que darían lo que fuera, LO QUE FUERA, por poder trabajar desde la casa y cuidar ellas mismas a sus hijos. A esas mamás les digo que NO es fácil o quizás yo soy muy exigente.

Tus ojos no van a dejar de ver los trastes sucios que hay en el fregadero ni la ropa que se sale del hamper. Cocinar te restará tiempo de productividad y pasarás la mayor parte del tiempo limpiándote algún buche de la ropa y cambiando pañales. ¡Ah! Y algunas personas nunca entenderán que estás trabajando, por lo que te visitarán constantemente.

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Ahora les voy a hablar del lado positivo, porque les dije que les daría los pros y los contras de trabajar desde el hogar.

–Lo primero, mamás, es que no tendrán que madrugar tanto o tener las mañanas tan apresuradas. Si te levantaste varias veces en la noche para atender a tu bebé, puedes aprovechar y descansar.

–Podrás lactar a tiempo completo  mientras quieras.

–Te ahorrarás el tiempo de vestirte y arreglarte (aunque yo lo hago de vez en cuando).

–Hablando de ahorrar, ¡puntos extra por ahorrarte el dinero de un cuido!

–Crianza con apego

Don’t get me wrong. Yo soy bien mamá y por eso tengo sentimientos encontrados. Nada me da más tranquilidad que saber que a mis hijos los cuido yo la mayor parte del tiempo pero llegó un momento en el que tuve que aceptar que para hacer un trabajo de excelencia necesitaba, aún dentro de mi hogar, tener una reglas y una estructura a seguir.

¿Qué hice? Esto, entre otras cosas:
–Preparé un área de trabajo en la casa apartada de la cocina y el laundry.

–Hice un calendario de días en los que mami vendría a ayudarme en casa para poder trabajar sin interrupciones, de la misma manera que coordiné con mi suegra para que me ayudara con la nena.

–Me obligué a cambiar mentalmente de escenario tan pronto me sentara en el escritorio y si a pesar de mis esfuerzos, por alguna razón no puedo entrar en work-mode, ¡me visto y me peino como si fuera a salir!

–Adoptar un método comunicación efectivo con mis clientes.

Mamá,
Si te sientes capaz de sobrepasar los obstáculos y crees que no te afectará en tu desempeño trabajar desde el hogar, ¡hazlo! La recompensa es buena.

Si por otra parte sabes que no estás hecha para eso, no lo hagas y no te sientas mal por ello. ¡Todas somos diferentes y eso no te hace mala madre!

Yo estoy poniendo de mi parte para sobrevivir  con una sonrisa y babeada de amor estos meses que se van volando.

Lo importante es reconocer la bendición de tener a nuestros hijos con nosotros y esforzarnos siempre por su bienestar.

¡Abrazo solidario!

-Karlaimar.

No te dejes caer, mamá.

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Les cuento…
Con la mejor intención y el amor más grande del mundo, cuando nación mi hijo menor decidí cambiar la oficina por la casa y trabajar sin abandonar a mi bebé un solo segundo. Pensé que podría con todo… Sí, porque también peco de creerme la Mujer Maravilla.

Además de querer ser la supermamá, también batallo diariamente con querer ser la súpercomerciante y esta combinación es física y emocionalmente agotadora. Repetidas veces he tenido a los dos chicos llorando simultáneamente mientras mi teléfono suena con la llamada de algún cliente (por dar tan solo un ejemplo mínimo de las situaciones que he tenido que enfrentar trabajando desde el hogar).

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Muchas veces me he mirado al espejo y me he preguntado quién es esa loca despeinada que me mira de vuelta. Resulta que soy yo, con mis yoga pants puestos como si en algún momento del día fuera a hacer una asana (cosa que nunca sucede). Mil veces me he sentido fea, abandonada, gorda y todas las cosas que muchas mamás sentimos cuando nos sumergimos en la maternidad, internadas en el hogar.

Entonces, hoy lloré. Lloré porque hace cinco meses no salgo a una reunión de negocios ni me visto ni me arreglo como lo hacía antes. Lloré porque tenía tantas cosas que hacer, problemas por resolver, reportes, campañas… y me cegué.

Me desahogué con mi esposo y luego me sentí mal porque lo había cargado con mi estrés y él andaba lejos. Él, mandado a hacer perfecto para mí, se ocupó de llamar a mi mamá y le pidió de favor que fuera a casa a darme una mano. Tan pronto la vi en la puerta con mi hermana, con comida y una sonrisa, me emocioné mucho y volví a llorar.

Llegaron para ayudarme. De momento hubo un silencio en la casa y pude trabajar en paz, concentrada, pude hablar con colegas y clientes por teléfono como si nada, completé campañas, contenido, comí bien…  ¡y me bañé con una calma! Ahhh…

Mi mamá me abrazó, me echó la bendición y oró por mí para que pudiera encontrar paz. También me dijo las dos cosas que toda mamá espera oír: #1. Que estaba atravesando una situación completamente normal y pronto volvería a ser como antes. #2. Que sacara cita en el salón de belleza y le avisara para venir a cuidarme a los nenes.

Recobré fuerzas y pude pensar mejor, pude organizarme, pude ver que realmente la tormenta no era tan fuerte ni tan fea. Solo que no me había desahogado con nadie hasta hoy y ya andaba cargada, con los pensamientos nublados.

Me levanté y agradecí a Dios por las personas tan hermosas que ha puesto en mi vida. Le di gracias porque nunca me ha soltado y siempre me hace más fuerte y sabia. Hoy aprendí mucho, porque de vez en cuando es necesario tocar fondo. Sí, porque una vez llegas a lo más profundo, la única opción que tienes es subir.

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¡No te dejes caer, mamá! No te entregues tanto que te abandones a ti misma. La maternidad es sin duda la labor más difícil y la más hermosa, y si lo hacemos bien y de corazón, también será la más gratificante.

Sin embargo, seguimos siendo personas, mujeres, profesionales, amigas, esposas… Merecemos darnos cariño y complacernos de vez en cuando. ¡No te presiones, no te castigues y suelta un poco la carga! ¡Todo estará bien!

We can do this!

-HabemusBaby.

[Preguntas y respuestas] Seis consejos de una mamá de seis

¡Saludos mamás!  A continuación les comparto una sesión de preguntas y respuestas entre Habemus Baby y Sylvette Figueroa,  madre de seis hijos y dentista.

¡Espero que la disfruten!

“Consejos para emprender en la maternidad, de parte de una mamá de seis”

HB: ¿Cuál es su nombre y edad, y  dónde vive?

SF: Sylvette Figueroa, 57 años, vivo en Arecibo, Puerto Rico.

HB: ¿Cuál es su profesión y cuánto tiempo lleva ejerciéndola?

SF: Soy dentista hace 34 años.

HB: ¿A qué edad se convirtió en madre por primera vez? ¿En qué año fue esto?

SF: A los 26 años, en el 1985.

HB: ¿Cuántos hijos tiene? ¿De qué edades?

SF: Tengo 6 hijos de 30, 29, 27, 23, 19 y 18 años.

HB: ¿Siempre supo que quería tener esta cantidad de hijos?

SF: Decía que quería tener tres, porque era la cantidad de hijos en mi familia y creía que era un buen  número. En casa de mi esposo son 8 hermanos… ¡Yo digo que a mí se me olvidó multiplicarlos!

HB: ¿Quién fue su apoyo en la crianza de sus hijos?

SF: Primero, mi esposo el cual ha sido un tremendo padre y compañero en las buenas y en las malas, y una de mis asistentes que al día de hoy mis hijos le dicen tití. Si yo estaba atendiendo pacientes ella les daba comida, y hasta le cambiaba los pañales.

Cuando realmente necesitaba que alguien  se  quedara  con ellos, mi suegra, alguna  de mis hermanas  o cuñadas me daban la mano. Mi  mamá  estaba enferma y no se los pudo disfrutar mucho.

HB: ¿Ya había terminado sus estudios universitarios cuando tuvo a su primer hijo?

SF: Sí, de hecho ya trabajaba.

HB: ¿Cuál fue su mayor reto y su mayor satisfacción durante la crianza de sus seis hijos?

SF: Criarlos yo misma mientras trabajaba. Fue una decisión de mi esposo y mía. Empezamos a ver cómo iba con uno y finalmente los crié conmigo los seis. Yo estaba con ellos en casa el primer  mes  de nacidos  y  luego  me los llevaba conmigo a la oficina. Siempre les tuve un cuartito con play-yards y una cama desde chiquitos hasta grandes.

Mi mayor  satisfacción es que los vitodos crecer en todas sus etapasestuve con ellos en la mayoría de sus actividades y durante sus enfermedades. Además, verlos que hoy día como hombres y mujeres de bien.

HB: ¿Alguien puso en duda su potencial para ser mamá y profesional a la vez?

SF: ¡Muchas personas! Cuando tuve la segunda barriga mucha gente me preguntó si me iba  a operar, cuando iba para la tercera mucha gente me decía que estaba loca, que hoy día “con dos es más que suficiente”, cuando iba para el cuarto hijo me preguntaban si en mi casa no existía la televisión (y así sucesivamente, porque son seis)…

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HB: Seis consejos claves para todas esas mamás que sienten que la maternidad no les permitirá  desarrollarse como profesionales y que no podrán con la carga:

1- El matrimonio y las decisiones que se toman en pareja son individuales  y si ambos quieren formar una familia con la cantidad que deseen, es decisión de ustedes.

2- Si quieren y creen que pueden criar a sus hijos de la mejor manera sin importar los contratiempos que aparezcan en el camino, como enfermedades, tener que trabajar uno de los dos solamente por un tiempo o tener que dejar de darse el gustito de una salida o viaje para estar con los hijos… En fin, si están dispuestos ambos a sacrificarse juntos, no duden en tenerlos.

3- No pienses en cuánto cuesta tener un hijo. Si fuera así, ¡uno no se daba ni un viajecito!  Mejor piensa en las bendiciones que recibes con cada uno de ellos. Cuando los tienes grandes y mira hacia atrás, realmente no sabes cómo lo hiciste en las buenas y en las malas. Solo sabes que Dios estuvo ayudándote mano a mano en cada momento, en cada situación, y con cada uno de ellos en  sus debilidades y en sus  virtudes.

4- Todos sabemos que la situación económica está mal casi a nivel mundial. Lo que no sabemos y casi no tiene explicación es que día a día aparece aunque sea lo mínimo para comer, de un lado o del otro. Y el dicho que dice que donde come uno, comen dos o más, es cierto.

5- Mientras ellos están pequeños y adolescentes no vas a tener tiempo de aburrirte ya que siempre vas a estar haciendo algo con ellos. También, las posibilidades de que estés sola en tu vejez son menores que si no tienes hijos o si tienes solo uno. Además, en su momento, tu familia pasará a ser una familia extendida cuando ellos tengan sus parejas, se casen y vengan los nietos.

6- Ser madre no es ningún impedimento, al contrario, nos hace más fuertes. Dios le dió fuerza a las mujeres para ser madres, esposas, enfermeras consejeras, y luchadoras. Uno puede estudiar lo que le gusta y criar a sus hijos a la vez, y ahora más que hay muchas cosas que uno puede lograr desde la casa.

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Siempre que puedas hacerlo, trata de criarlos tú misma ya que tus hijos van a aprender las cosas  (buenas y malas) tuyas, no las de otra persona. Ser madre es una tarea de 24 horas con o sin trabajo, pero vale la pena. ¡No es nada que no se pueda hacer!

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Conoce sobre tu derecho a parir acompañada

Muchas madres puertorriqueñas han tenido que enfrentar el proceso de parto, cesárea, nacimiento y recuperación aisladas de sus seres queridos y con la única compañía del personal médico.

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La Ley Núm. 156 del 10 de agosto de 2006 conocida como la “Ley de Acompañamiento durante el Trabajo de Parto, Nacimiento y Post-Parto” al fin reconoció la necesidad de que la mujer esté acompañada durante todo el proceso de parto y de recuperación por la persona o personas que ella desee, tenga o no vínculos familiares con ella.

El acompañante puede ser cualquier persona o personas que escoja libremente la parturienta, para que la acompañe o le asista durante las diversas etapas del parto. Es decir, puede tratarse del padre del bebé, de otros familiares, de amigos, o hasta de una doula.

También la mujer tiene derecho a NO estar acompañada. Es decir, la mujer es la que tiene el derecho de decidir si quiere compañía, quién o quiénes serán sus acompañantes y quiénes no. El padre del bebé por ejemplo no tiene derecho a estar presente en la labor del parto, si la mujer no solicita su presencia.

El acompañante no tiene que estar adiestrado y con esta ley ya no se puede condicionar su presencia a haber tomado un curso de “Parto sin Temor”. Como quiera el acompañante si tiene la obligación de cumplir con las reglas de la institución hospitalaria y no puede interferir con las determinaciones de carácter médico que consideren o tomen los médicos durante el proceso.

La ley no especifica un número máximo de acompañantes. Sin embargo, en los casos de nacimiento por cesárea dice que podrá estar acompañada por “al menos una persona de su elección” y que en última instancia los médicos son quienes determinarán si permiten o no la presencia del acompañante.

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La mayoría de los ginecólogos solamente permiten que los acompañantes entren a la sala de parto cuando ya es inminente el nacimiento y no permiten que permanezcan mientras la mujer se encuentra en la sala de recuperación.

No obstante, las madres en Puerto Rico tienen el derecho a no estar solas mientras experimentan tanto el gran dolor físico como la alegría que conlleva el nacimiento de un hijo.

La ley especifica que la madre tendrá derecho a estar acompañada en las tres fases de la culminación del proceso de gestación. Esto significa que puede estar acompañada desde que comienza el trabajo de parto (antes de estar en parto activo), durante el parto activo, durante el parto o cesárea (nacimiento) y también durante el post-parto (recuperación).

Al crear este derecho la ley reconoce que la experiencia del parto no es meramente una médica sino una familiar y social, y que la compañía es necesaria para el bienestar de la madre y de la criatura.

Por ello la penalidad para quien violente este derecho será de una multa no menor de quinientos dólares ni mayor de cinco mil dólares. La madre cuyo derecho a estar acompañada haya sido violado, podrá querellarse en la Oficina de la Procuradora de la Mujer.

Sobre la Licenciada Dorta Nieves:

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