¡Pa’ fuera la frustración, mamá!

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Por alguna razón extraña es casi prohibido quejarse de la vida cuando tenemos hijos. ¡No, mamá! Es muy válido quejarse, porque las cosas están difíciles y tenemos personas que echar pa’ lante en un panorama gris que promete vagamente pintarse de colores en un futuro (y eso no va a suceder any time soon).

Quejarse de la vida, de las injusticias, decir que estás cansada, no es malo. De hecho, es muy bueno sacar a pasear esas emociones y dejar que desvanezcan en el viento. No hay nada mejor que desahogarse con alguien y sentir que ni somos las únicas ni estamos locas, además es saludable para uno.

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Está fuerte ir contra la marea tratando de echar pa’lante un negocio, pagar las cuentas a tiempo, la escuela de los niños, traer comida a la mesa y tener un hogar seguro. ¡Está fuerte, fuerte! Más allá de estar fuerte -y más importante- es necesario aceptar que es normal y de gente cuerda sentirse de esta manera.

Sin embargo, hay que quejarse y luego hacer algo al respecto. La queja sola no se mueve a ninguna parte si no se acompaña de un plan de acción, empoderamiento y positivismo. Significa que dentro de todo, somos persistentes y luchadoras.

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Y no escribo sobre esto para decir que las mujeres podemos con to’ y que quién necesita de un hombre. Yo estoy casada y en mi casa somos un equipo, pero aún siendo el super team de la vida, nos agotamos en conjunto y en individual, al igual que el resto de las personas no conformistas que queremos creer que llegaremos a ver el tesoro al final del arcoiris.

Yo me quejo porque soy de carne y hueso, y me he desahogado con mi mamá, mi esposo, mi mejor amiga, incluso con mi psicóloga. Para mí, esto significa dejar fluir por mi  propio bien y el de mis hijos. Y así, más relajada, volver a arrancar con más fuerzas.

No es sano embotellarse las emociones simplemente porque creemos que nos van a catalogar de malagradecidas o que nos van a salir con comentarios como “¡Pues, mija’, las cosas están malas, ¿para qué tuviste hijos?”.

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Los hijos son amados desde que están en nuestro vientre y se cargan con la ilusión de que les daremos todo, que nunca pasarán necesidad alguna. Muchas veces ponemos todo nuestro empeño y dejamos el pellejo para que todo salga bien y nos sorprenden enfermedades, cesantías de empleos y otras cosas más que están fuera de nuestro control.

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¿Sabes qué? ¡Quéjate! Sácate el coraje de adentro pero hazlo para vaciar ese espacio turbio y llenarlo de energía positiva. Hazle un bloqueo a todos esos comentarios que surgen para drenarte y desenfocarte, y conviértete en la supermamá y mujer poderosa que llevas dentro desde hace tiempo.

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Pa’ lante. Respira profundo. We can do this!