¿Ser mamá a tiempo completo o trabajar?

Para: indicepr

¿Quedarme en casa o regresar al trabajo? Esa siempre fue la gran pregunta durante todo mi embarazo.

A lo mejor estás pensando: “Pero si no es nada complicado”. Para mí, sí lo fue. Mi esposo y yo siempre hemos trabajado, y él rompe noches. Para completar, ambos vivimos en Hatillo y trabajamos en San Juan. Tampoco podíamos pagar un buen cuido.

Nació la princesa y afortunadamente conté con mi tiempo de maternidad y unos días de vacaciones que tenía acumulados. Tenía tres meses adicionales para pensar qué haría, si me quedaba en casa cuidando a la nena o si regresaba a trabajar y no sé, me la llevaba dentro del bulto de la computadora.

Un día, bien seguro de sí mismo, mi esposo me dijo que me quedara en la casa, que él resolvía y que “nadie mejor que yo para cuidar a la bebé”. ¿Y saben qué pasó? Luego de meses deseando secretamente escuchar esas palabras, una vez las pronunció me dio un “bioco” interno y comencé a extrañar mi trabajo. Entonces, me sentí mala madre.

Ese primer mes en casa acepté su propuesta de convertirme en full-time mommy mientras las cuentas por pagar se iban acumulando en una esquina de la cocina. Durante el segundo mes, observaba como boba las paredes del cuarto cada vez que la nena dormía y me preguntaba quién era esa loca despeinada al otro lado del espejo. “A lo mejor si hablo con mi jefa me dan un part-time”, pensaba. Al tercer mes, recuperada de la cesárea casi por completo, me motivé a ver la luz del sol y caminar por la urbanización. Y en una de esas caminatas, me puse a analizar nuestra situación económica, acepté que debía regresar a mi escritorio.

Y ahí fue que empezó lo bueno. Cada vez que miraba a mi hija tan indefensa, lloraba porque necesitaba regresar al trabajo y me sentía culpable. Pero me iba a sentir de la misma manera si dejaba que mi esposo corriera con toda la carga económica del hogar.

También descubrí que me sentía así por toda la presión que existe hoy día sobre la importancia de la crianza con apego y la lactancia a tiempo completo. ¡Tenía mucho estrés!

Hasta que un día estudié bien la situación y dije: “Nuestra hija sí se va a criar con apego, porque la crianza con apego es tarea de ambos”. También comencé mi banco de leche materna y mi esposo se encargó de introducirle la botella.

Decidimos que como él trabaja de noche se encargaría de cuidar a la bebé  durante el día y, cuando yo regresara a la casa, haría lo propio para que él pudiera ir a trabajar. Ya llevamos unos cuantos meses bajo ese son ¡y estamos vivos! Cansados, pero vivos.

Aunque no ha sido fácil, mi hija está llena de amor, salud y no le ha faltado nada.

Así que, a quienes estén pasando por una situación similar, les digo: la palabra clave es organización (y se los dice alguien que dejo las cosas para lo último). ¡Voy a ustedes!

También envío un abrazo virtual a todas las mamás y papás que, contrario a sus deseos, no han tenido otra alternativa que ir a trabajar mientras dejan a sus pequeños cuidando. Sé que salen a la calle y dejan el corazón  con sus bebés.

Y como ya mencioné: Siempre se puede lograr una crianza con apego si hay apoyo y planificación.

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