Mis secretos para seguir: La maternidad y la vida profesional

Hace poco se me acercó una mamá joven simplemente a desahogarse. No eramos amigas, no nos conocíamos de antes, pero ella sabía que dentro de las distintas cosas que hago, también soy blogger de maternidad.

Además, sabía que yo no escribo de temas de lactancia, ni de vacunas, ni de colecho, sino sobre la maternidad y el trabajo, y la importancia de mantener nuestra escencia como mujeres emprendedoras.

Sé que es un tema que no a todas las mamás les encanta, sobre todo si se encuentran en una etapa de sus vidas en la que sienten que por más opciones que busquen, por más grietas por las que se asomen para ver la luz del sol, no encuentran ni claridad ni formas de volver a trabajar luego de haberse convertido en madres.

Y eso es normal, todas hemos estado ahí. ¡Sentirse fundidas es normal! YO estuve ahí, por eso les escribo, porque sé que es una etapa pasajera, temporera y todos los sinónimos que podamos añadir aquí, pero lo que quiero que sepan es que este tiempo PASA.

No quiero ofrecer detalles de cuándo y cómo la mamá se me acercó ni su nombre por respeto a la confianza que tuvo conmigo. Solo quiero decirles que me vi en ella, que la dejé hablar muchísimo porque sabía que ella no tenía con quién desahogarse porque ya su esposo, su mamá y su suegra se habían convertido en oídos y fuentes de consejos útiles pero monótonos.

Me dijo que tenía dos hijos chiquitos y que desde que se convirtió en madre anda en un pequeño ‘limbo’ profesional y académico. Que cuando más feliz ella se sintió fue cuando tuvo a su primer hijo porque pudo ser madre y continuar sus estudios, y eso la hizo sentir poderosa… pero cuando llegó el segundo hijo todo cambió. Comenzaron las limitaciones y las pausas a sus metas.

Dentro de las cosas que me dijo, jamás olvidaré estas palabras: “Me siento como un barquito que anda flotando en el medio del mar sin saber a dónde ir”.

¡AY! ¡Cómo la entendí! Mi primera hija fue un bálsamo de tranquilidad que me dormía toda la noche desde los tres meses y mi segundo hijo es como una batidora encendida y sin tapa.

Sí, ¡se pueden reír! ¡Hasta yo me río! Definitivamente, todos los hijos son diferentes pero eso lo aprendemos por nuestra cuenta. A los dos los amo con la misma intensidad, pero creer que como el primer hijo fue súper tranquilo, el segundo va a ser igual, es un error.

Así que, luego de dejarla hablar y escucharla atentamente, hablé yo.
Le recomendé algo que me ha ayudado a mí muchísimo. Creo que ha sido mi secreto para sobrevivir en ambas facetas: maternidad y trabajo, y por eso aprovecho para compartirlo con ustedes.

Lo primero que tienen que hacer es aceptar su realidad. Sonará simple e incípido pero realmente es algo bien importante.

El día que yo acepté, internalicé y entendí que soy mamá y que lo seré toda la vida, comencé a fluir mucho mejor. Porque teniendo claras mi posibilidades y mis limitaciones, pude desarrollar un plan de trabajo efectivo y realista, que funcione para MI estilo de vida.

¿Vieron que el primer paso es importante?

Les doy mi ejemplo: Soy mamá de dos niños chiquitos que van a un centro educativo de lunes a viernes. Entran a las 7:45 de la mañana y los puedo recoger entre las 3:00 p.m. y las 5:30 p.m..

ESE es MI tiempo de productividad. TODO lo que tenga que hacer profesional y/o académicamente (incluso a veces incluyo tareas del hogar), lo tengo que hacer dentro de estas horas porque la realidad es que una vez los niños estén en casa, no puedo hacer nada del trabajo y ellos tampoco merecen que yo esté trabajando cuando se supone que esté dedicándoles mi atención y todo mi amor.

No hago compromisos de trabajo en horarios que sean antes de las 9 a.m. ni después de las 2:45 p.m. De igual manera mis clientes saben que me conecto a trabajar a las 9:00 a.m. y me desconecto a las 6:00 p.m., y si algo urge puede que les envíe un email. También saben que no contesto mensajes de texto o WhatsApp por la noche porque a esa hora no se trabaja.

¡Ah! ¿Que tus hijos son bebés y es más difícil? Sí, es cierto. En esa etapa fue que descubrí que tenía que trabajar por mi cuenta o para una empresa a medio tiempo.

¿Que si te buscas un part time el ingreso disminuye significativamente? ¡Sí! Esa es la parte en la que empezamos a analizar qué talentos tengo y cómo puedo sacarles provecho desde el hogar.

Cynthia Martínez, de My Barely Famous Life, es muy buena recordándonos algo que mantengo presente y también paso pa’ lante: “Tú no me puedes decir a mí que no hay ni un solo momento del día en el que no puedas sacar unos minutos para trabajar PARA TI. ¡Tienes que hacer tiempo!”.

Se los juro que lo escribo y escucho la voz de Cynthia diciéndomelo.

¿Cuándo es que tu hijo toma sus siestas? ¿Cúando es que alguien te visita para ayudarte con tu bebé? ¿Dónde está el coffee shop más cercano al que puedas ir una hora cada día con tu bebé en el coche y tu laptop? ¡Mira! Hasta te puedes grabar mientras cocinas. ¡Graba tus ideas! Anota en una servilleta, pero no dejes caer tus sueños y tus metas.

Ya lo he dicho muchas veces: Los hijos NO son impedimento. Podemos lograr nuestras metas, quizás a un paso más lento que las personas que no tienen hijos, pero no hay que detenerse. PRESS PAUSE AND PLAY, BUT NEVER STOP.

Por eso regreso al primer punto: ACEPTA TU REALIDAD. ERES MAMÁ Y LO SERÁS SIEMPRE. Escribe en un papel todas las cosas que haces a diario y si puedes anotarlas por hora, mejor. Así podrás ver qué tiempo tienes libre durante el día.

¡Y no me digas que cero porque puedo ponerme a trabajar aquí mismo y sacarte las estadísticas del tiempo promedio que las personas invierten a diario navengando por las redes sociales! ¡Tienes tiempo! Quizá media hora nada más pero es algo…¡Es tiempo valioso!

Algo muy importante de aceptar la realidad de ser mamás es que podemos reaccionar mejor a las situaciones que surgen de momento, como por ejemplo, que el niño se enfermó y hay que buscarlo a la escuela o simplemente no puede ir a la escuela o que la nena se hizo nini y hay que llevarle ropita, que hay citas médicas, asignaciones, actividades…

¡Antes me daba un estrés terrible pero ya no me lo permito porque estas cosas y otras similares van a seguir pasando for ever!

¿Ustedes saben TODO EL DAÑO que causa el estrés en nuestro cuerpo? ¡Eso es tema para otra entrada al blog!

Este otro consejo que les voy a dar es ORO, es importantísimo: Si te sientes sumamente frustrada, deprimida y estresada por la maternidad, y sientes que no tienes con quién hablar, BUSCA AYUDA PROFESIONAL. Mire, comay, ir al psicólogo de lo más chévere que es.

Yo extraño a la mía porque éramos mamás contemporáneas, para el segundo embarazo estuvimos en cinta al mismo tiempo. Llegó el punto en el que nos desahogábamos mútuamente, nos reíamos y créanme, uno se siente mucho mejor. ¡Buscar ayuda no es malo! ¡Yo lo hice y no me arrepiento!

¿La ñapita? ¡Hagan Yoga y aliméntense bien! Dedíquense unos minutos al día, aunque sean solo cinco, para salir y coger un poquito de sol, respirar profundo y agradecer sus bendiciones. ¡Créanme que eso ayuda mucho a su estado de ánimo y a fluir mejor!

Ustedes saben que las quiero. Las quiero bien, emprendedoras y en armonía con la etapa más bella de sus vidas: la maternidad. Yo no soy perfecta, pero soy de carne y hueso como ustedes, y en lo que les pueda aconsejar, aquí estoy frente al teclado.

We can do this! We press pause and play,  but never STOP!

 

-Karlaimar, #HabemusBaby.

Cómo ser mamá y trabajar por cuenta propia sin morir en el intento

¡Saludos mamás! Les había comentado que iba a estar compartiendo consejos sobre cómo podemos echar nuestro negocio/ carrera hacia adelante y no morir en el intento.

Les adelanto que lo que a mí me mantiene a flote y feliz es algo bien sencillo, así que no se sorprendan cuando sepan qué es.

Creo que ya todas saben mi historia de cómo y por qué decidí ser una mamá bloguera y trabajar por mi cuenta, pero para las que no sepan, lo resumo en una oración: Tenía un trabajo súper overtime y me perdí mucho del primer año de vida de mi hija.

Dicho esto, como a mi me encanta la adrenalina y el estrés (insert sarcasm here), me lanzé la aventura de trabajar de manera independiente en el mundo del mercadeo para plataformas digitales, especializándome en el manejo de redes sociales para el pequeño y mediano comerciante.

Eso era por allá por el 2015 cuando los Social Media Managers independientes no eran tantos como ahora, sobre todo en mi pueblo, donde al ofrecer mis servicios muchos me miraban con cara de “What?! ¡¿Pagar por estar en Facebook?!” Pero people, estamos en el 2018. Ahora habemos expertos de redes sociales en todas partes.

Les cuento que según pasaron los meses de haberme lanzado a trabajar por cuenta propia, así fue aumentando el número de personas ofreciendo los mismos servicios que yo.

¿Qué pasó con esto y con qué se come? Aquí les explico lo que aprendí y quiero que ustedes también aprendan:

Estarás entre personas con todo tipo de conocimientos y años de experiencia dentro de tu misma industria. Los que tienen poca o menos experiencia que tú no deben afectarte a menos que estén ofreciendo sus servicios ridículamente baratos y notes que eso esté afectando tanto tu trabajo directamente como toda la industria en general.

Money talks y lamentablemente, muchas personas prefieren lo barato aunque el servicio no sea el mejor.

Y OJO CON ESTE DATO: las personas con más experiencia que tú no son tus enemigos. Sí, yo sé que es frustrante saber que aún te queda mucho por aprender (porque si me preguntas a mí, uno nunca deja de aprender), pero simplemente es eso: tienen más experiencia que tú.

Van a ofrecer cosas que tu AÚN no puedes ofrecer (y digo aún porque eventualmente SÍ LO HARÁS), van a cobrar más caro y sí, van a generar más ingresos que tú aunque habría que poner en una balanza los gastos operacionales que ellos tienen y tú no.

“¡Ajá, Karla… ¿Y cuándo vas a meter por aquí el tema de la maternidad?!”
¡Aquí mismito!  Porque estos dos datos que acabo de compartir generan mucho estrés y  eso es algo que no queremos añadirnos.

Nosotras como mujeres emprendedoras debemos reconocer, aceptar y abrazar una realidad: que SOMOS MAMÁS. Nuestro tiempo, nuestras energías y posiblemente nuestro dinero para educarnos y capacitarnos profesionalmente no van a ser igual de amplios que los de una persona que no tiene hijos.

Quisiera reforzar nuevamente la palabra que mencioné en el párrafo que acabas de leer: REALIDAD. Una vez hayas aceptado, reconocido y abrazado la realidad de que eres madre y siempre lo serás, CRÉEME, todo fluirá mejor.

Reconoce tus límites, nuevamente ACÉPTALOS y ahora pregúntante: ¿qué puedo hacer yo excelentemente bien dentro de estas limitaciones que tengo? Rebúscate bien porque yo tengo fé de que hay algo en lo que eres muy buena y para eso en lo que eres muy buena existe un nicho. ¡ATÁCALO!

Una vez yo acepté mis limitaciones temporeras y reconocí en qué soy excelente dentro de los servicios que ofrezco, procedí a identificar mi nicho. ¿Quiénes son esas personas que necesitan MIS servicios? ¿Dónde se encuentran? ¿Cuál es su budget? ¿Cómo les hago el acercamiento?

Según iba haciéndome preguntas y contestándolas, también iba pensando en distintos paquetes que podía ofrecerle a estos potenciales clientes que fueran de acuerdo a mis capacidades profesionales y que no afectaran mi rol principal que es el de ser mamá (como establecer un horario de trabajo o cantidad de horas invertidas por proyecto, etc).

El hecho de que tengas limitaciones y las aceptes no significa que todo quedó ahí. Las limitaciones tuyas son el talento de otros. Me explico: En mi caso, una de mis limitaciones es que yo no soy artista gráfico ni fotógrafo. Estos son servicios que yo subcontrato para poder ofrecer mis servicios de manejo de redes sociales.

Estuvo en mí buscar y buscar hasta encontrar un buen artista y fotógrafo que ofrecieran un buen servicio y que sus costos fueran de acuerdo con el tipo de cliente al que iba a dirigirme.

Darle forma a mis propuestas, paquetes mensuales y todo lo que hoy es mi negocio tardó años hacerlo porque estos consejos que hoy les doy los aprendí por mi cuenta y de la manera más efectiva: metiendo las patas.

Así que, como les dije arriba, la clave del éxito en esto de encontrar el balance entre trabajar por cuenta propia y ser mamás, para mí es bien sencilla: Identificar qué es lo que puedo ofrecer en estos momentos y buscar el nicho que necesita exactamente esos servicios/ producto.

Según vayamos progresando porque (aquí va mi frase favorita) “we press pause and play, BUT NEVER STOP”, iremos añadiendo más servicios a nuestro negocio/ profesión y nuestras metas se harán realidad.

¿QUIEREN MÁS CONSEJOS? En una de mis entradas recientes les compartí los 3 errores que deben evitar cometer si están pensando comenzar a trabajar por cuenta propia. <<PRESIONA AQUÍ PARA LEER>> 

Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

¡Hola a todas!
Hoy les escribo de un tema un poco delicado -o al menos eso pienso- pero sé que muchas mamás que andamos por el camino de emprender por nuestra cuenta hemos sentido y pensado lo mismo.

El tema de esta entrada es  … TAN-TAN-TAAAAN... (redoble, por favor):
Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

Oh yeah! No me digan que no, si sí. Y para que ninguna mamá sienta remordimientos “all of the sudden”, les voy a hablar exclusivamente de mi experiencia. Luego, si desean, con mucho gusto pueden compartir sus experiencias en el área de comentarios.

Cuando decidí comenzar a trabajar por mi cuenta y desarrollar mi negocio de mercadeo en redes sociales en el 2015, tenía una bebé de 11 meses y pocos días para cumplir el año.

Mi hija fue la motivación y razón número uno para crear mi negocio. Resulta que aunque muy satisfecha con mi trayectoria profesional previo a ser mamá, estaba laborando turnos overtime todos los días en una empresa y el primer año de vida de mi hija fue casi perdido para mí. Ese año a mi hija la crió su papá.

Traté de aguantar lo más que pude pero comencé a deprimirme, mi producción de leche se fue a pique y renuncié.

Comencé con pocas cuentas que -gracias a que mi hija fue una bebé súper tranquila- pude manejar muy bien, pero a los cuatro meses de iniciar esta aventura quedé embarazada de mi segundo hijo.

Sí, estaba muy feliz pero también asustada y con mala barriga. Para este tiempo ya tenía más cuentas y obviamente, no me sentía del todo bien físicamente. También estaba en trámites de abrir mi oficina. Gestor, local, permisos, muebles…

Este segundo embarazo llegó con malestares, seguido por contracciones prematuras y las charlas con mi esposo sobre qué debería tener prioridad en esos momentos, si abrir mi oficina o seguir trabajando remoto (desde casa y visitando a mis clientes) hasta que naciera el bebé y pasaran esos primeros tres meses de vida.

Yo había luchado TANTO por poder costear ese espacio que todo emprendedor desea tener, que me rehusaba a abandonar mi sueño de abrir mi primera oficina (en estos momentos no quiero saber de abrir otra oficina ¡pero eso es tema para otro blog!).

Y sí, tuve que posponer abrir mi oficina hasta que nació mi hijo, un bebé hermoso que me robó el corazón y todo mi tiempo.

Mi hijo no podía estar separado de mí. Tanto así que me sumergí en lecturas sobre la ansiedad por separación en los bebés, y en efecto, bebé no quería estar con otra persona que no fuera mamá.

Mis brazos estaban cansados, mis pezones en carne viva y aprendí a redactar con una sola mano, porque con el otro brazo lo cargaba a él. Mi esposo trabajaba distribuyendo cervezas artesanales en el sur y el oeste de la Isla, por lo que pasaba hasta trece horas fuera del hogar.

No creo necesario tener que decirles que no podía con mi vida.

Increíblemente, a ese ritmo que llevaba, logré conseguir más clientes y con esto convencí a mi esposo -luego de varios intentos fallidos- de que se uniera a mi negocio y me diera una mano en la parte administrativa, con las fotos y coordinando reuniones con los clientes.

Ahora bien, mis tácticas de convencimiento con mi esposo no fueron muy sutiles que digamos. Esas tácticas son la razón de esta entrada al blog.

Estaba exhausta física y emocionalmente, y encima de todo hacía el esfuerzo mega sobrehumano para poder hacer un delivery de excelencia a mis clientes.

Llegaba la noche y con ella mi llanto. Mi esposo aún estaba en la calle y yo lo llamaba así, cansada, sin fuerzas, y llorando le decía que por favor renunciara, que me diera una mano porque no podía con mi vida.

Le decía  que si yo no obtenía ayuda pronto, iba a entregar todas mis cuentas. Obviamente, era mi cansancio hablando y mi esposo cada noche con mucha paciencia me traquilizaba y me recordaba todo el sacrificio que había depositado en mi negocio, la relación con mis clientes y muchos factores reales que me confirmaban lo mucho que me apasiona mi trabajo.

En esos momentos sentía que la maternidad  no me estaba dejando ser la profesional que estaba acostumbrada a ser y esto no se trata de que si uno quiere ser más profesional que madre ni más mujer que madre ni nada de eso.

Se trata de que cuando estamos acostumbradas a trabajar, a ser independientes y a generar un ingreso para nuestro hogar, de momento sentirnos cansadas e incapaces de realizar un trabajo excelente puede ser algo muy fuerte emocionalmente. Adaptarnos a este nuevo estilo de vida es más difícil (imagínese usted, que yo estaba acostumbrada a trabajar cien horas semanales y viajaba todos los días de Hatillo a San Juan).

Don’t get me wrong! Mis hijos son todo para mí y por ellos fue que decidí trabajar por mi cuenta, pero hay que ser realistas, desahogarnos y apoyarnos entre todas.

Hay etapas de la maternidad que son difíciles. Para muchas mamás puede ser la lactancia, para otras aceptar su cuerpo postparto, no tener la misma vida social de antes, no tener ayuda en el hogar, el no querer trabajar pero tener que hacerlo y para otras es querer trabajar y no poder. En mi caso, lo más difícil ha sido trabajar por mi cuenta y desarrollar un negocio con dos bebés.

Ahora mis hijos están más grandes, están en la escuelita y el cambio es del cielo a la tierra pero no me averguenza decir que al principio me quería arrancar los pocos pelos que me quedaban en la cabeza.

¿Por qué? Porque es normal, porque sé que no soy la única que se ha sentido así… y porque quiero que entiendan que querer tener tiempo para desarrollarnos profesionalmente no nos hace malas madres.

Todo es cuestión de BALANCE. Obviamente ser madre es nuestra mayor responsabilidad y nuestros hijos siempre serán la mejor recompensa.

¿Cómo hacerlo?

Adquiere una agenda, desarrolla un plan de trabajo, ponte horarios y analiza bien qué momentos del día son los que más te convienen para trabajar (cuando bebé toma sus siestas por ejemplo). Ve poco a poco testing the waters, ve qué prácticas te funcionan y cuáles no, pero por favor, jamás obligues a tu cuerpo a dar más de la cuenta. Debes alimentarte y descansar bien.

Yo, sí, trabajo mucho, pero trabajo por mi cuenta y soy mi propia jefa. Esto me da una flexibilidad y libertad para compartir con mis hijos que no conseguiría trabajando para una empresa, pero llegar hasta aquí ha sido el resultado de 4 años de sacrificio.

Mamás que están en el proceso de emprender, mamás que hoy viven lo que yo viví hace dos años:

Hay un refrán que dice que cuando el camino se pone duro, los duros en ponen en el camino. El tiempo pasa, respira hondo y sigue. ¡Lucha por tus sueños! Press Pause and Play, never Stop! La satisfacción que sentirás cuando con el paso del tiempo mires hacia atrás y digas “¡lo logré!”, es maravillosa.

Yo voy a ustedes.

Tres errores que debes evitar si vas a trabajar por tu cuenta

Hace seis años me encontraba trabajando como periodista y social media manager en la empresa de mis sueños. El detalle es que trabajaba más de cien horas semanales y al año de tener ese trabajo, quedé embarazada.

Nació mi hija y continué en la misma empresa, solo que esta vez comencé a deprimirme por la falta de tiempo para compartir con ella y poder desempeñar bien mi rol de madre. Me sentía mal por dejarla tanto tiempo al cuidado de otras personas, aunque esas personas fueran su papá y sus abuelas.

Un compañero de trabajo -que estaba consciente de todos mis sacrificios- me recomendó renunciar y comenzar a trabajar por mi cuenta. Decía que tenía el potencial para manejarle las redes sociales a los comerciantes de la Isla, y lo creyó tanto que me consiguió mis primeros tres clientes.

El cuento largo, corto: I did it! Renuncié y me aventuré.

Ahora bien, mi frustración por no poder compartir con mi hija y mi desespero por comenzar a generar un buen ingreso me llevaron a cometer varios errores como dueña de negocio que hoy, luego de tres años, quiero compartir con ustedes.

Yo sé que como mamás, muchas deseamos tener tiempo de calidad con nuestros hijos, trabajar por nuestra cuenta y ser #BossLadies. Todo esto es posible, pero hay varias cosas que se deben tener en cuenta.

¡Aquí les comparto TRES errores que cometí trabajando por mi cuenta para que ustedes no los cometan!

 

ERROR #1. Lanzarse a trabajar sin conocer el valor promedio de los servicios que ofreces: Yo estaba acostumbrada a trabajar para una empresa y a recibir un salario fijo mensual. Cuando me lancé a la calle a trabajar no tenía vasto conocimiento sobre precios y cotizaciones, solo un costo que un colega me sugirió y con el cual logré obtener mis primeros tres clientes.

En este caso, los primeros tres clientes que obtuve eran todos del área metropolitana y el costo de mis servicios allá se vendía más caro que en otros pueblos, sobre todo donde yo vivía. Cuando comencé a ofrecer mis servicios en mi pueblo, la respuesta de los comerciantes era que “fulano de tal” estaba haciendo “lo mismo” por mucho menos.

¿Mi error? Con tal de obtener clientes, acerqué mis costos lo más similar posible a los de esa persona y con el paso del tiempo me di cuenta de que yo hacía más cosas, me sacrificaba más y que aún con 12 cuentas no estaba cerca del salario que tenía en mi otro trabajo.

¿Qué hice? Me reuní con una asesora financiera, incorporé a mi esposo en el negocio (con experiencia como comerciante y graduado de administración de empresas) y contraté a un contable. También me orienté mejor sobre costos en la industria y creé varios paquetes con precios razonables que pudieran ser accesibles para todo tipo de comerciante, especialmente el pequeño y el mediano.

ERROR #2: Dejarse intimidar por el comerciante que tiene dinero para costear tus servicios pero te pide una rebaja injustificada. Oh, wow! ¡He perdido la cuenta de cuántas veces me reuní con un comerciante GRANDE y cada uno de ellos me pidió rebaja a mis servicios! Tan ingenua y por mi necesidad económica, siempre pensé en dos cosas: #1. Realmente necesito el dinero, mejor eso que nada. #2. Es un buen cliente (para mi portafolio profesional) y si no lo agarro ahora, otro lo va a coger.

Te voy a explicar qué es lo malo de esto: Como mencioné en el punto anterior, vas a tener muchas cuentas que te consumirán mucho tiempo porque vendiste unos paquetes con ciertos servicios y estás cobrando menos de lo que se supone. Luego te van a llegar clientes que te van a pagar el precio completo (y te aseguro que el cliente que te paga el precio completo es un negocio más pequeño que el que te pidió rebaja) y vas a sentir presión por querer cumplirle a ese cliente que valora tu trabajo y espera un buen delivery de tu parte, pero sentirás que no puedes cumplir bien porque tienes todos estos otros clientes que no te pagan lo que se supone pero también esperan un delivery de excelencia de tu parte.

Eventualmente te darás cuenta de que los clientes que te pagan menos (recuerda: por que TÚ accediste a rebajarle el costo de tus servicios) no son costoefectivos para tu negocio. En mi caso, llegó un punto donde el pago mensual de estos clientes iba directito a la cuenta de banco de mi artista gráfico y yo no estaba ganándome nada.

ERROR #3: No tener un fondo económico para casos de emergencia (A.K.A= cuando los clientes te paguen tarde o un huracán categortía 5): Una de las sensaciones más intimidantes que puedes llegar a sentir mientras echas hacia adelante tu negocio, es aceptar que dependes completamente de tus clientes para poder pagar tus deudas (tu casa, tu carro, la educación de tus hijos).

Obviamente, todos los comercios dependen de clientes para sobrevivir pero no es lo mismo tener una tienda donde la persona te paga al momento por el producto que desea, que ofrecer un servicio que consume mucho tiempo, durante un mes y que el cliente te pague (con todas las cláusulas del mundo) cuando quiera o cuando pueda.

También te darás cuenta, según pase el tiempo, que habrá temporadas donde probablemente todos tus clientes te paguen tarde, como durante temporada de planillas. Y no solo te pagarán tarde, sino que tú también tendrás gastos adicionales y te puedes atrasar en tus pagos del mes. ¡Es una cadena!

Mi recomendación es: que tengas un fondo de emergencia para estos casos. Que si durante un mes varios clientes se atrasaron en el pago, tú tengas cómo costear tus cosas. Incluyan en su plan de negocio un presupuesto de fondo equivalente a dos meses de trabajo por si también ocurre un evento como el huracán María donde no sólo nos exponemos a perder clientes sino que los bancos no estarán abiertos y no habrá manera de cobrar.

¿Te gustaron estos consejos? ¡Pronto vendré con más! Gracias por leerme.

Karlaimar,
HabemusBaby.

 

 

De por qué me fui de la Isla y cómo me siento al respecto

Una de las decisiones más difíciles  La decisión más difícil que he tomado en toda mi vida ha sido la de mudarme de Puerto Rico a Florida. Yo, que detesto los clichés y mírenme aquí, una boricua más en Orlando.

Antes del huracán María había logrado -con mucho esfuerzo- crear un pequeño grupo de mercadeo para plataformas digitales allá en mi querido pueblo, Hatillo del Corazón.

Lo que inició en el 2015 como el invento de una mamá primeriza manejando páginas de Facebook desde su casa para poder pasar tiempo de calidad con su bebé, luego de un año se convirtió en una localidad con 4 escritorios, cinco empleados, un beanbag súper cool, 25 páginas de Facebook que manejar y muchas ganas de echar pa’ lante.

Con la genuina intención de querer ayudar al pequeño y mediano comerciante, enfoqué mi negocio en este sector únicamente. Aunque muchas veces trataron de convencerme para que mercadeara mi negocio de una manera más abierta (a todo tipo de clientes), no quise hacerlo, y aunque al final creo que esto fue lo que más me afectó, no me arrepiento de haber guiado mi negocio de la manera en la que lo hice.

Justo un mes antes del huracán, perdí dos cuentas y esto me preocupó mucho, mayormente en el aspecto de “¿en qué tengo que mejorar y cómo puedo hacerlo lo antes posible?”. Sin embargo, mi negocio podía seguir funcionando bien en lo que duplicábamos las cuentas que habíamos perdido… o al menos eso pensamos que sucedería… ¡hasta que llegó María!

¿Por qué creo que enfocarme en el pequeño y mediano comerciante me afectó luego del huracán? Porque ellos también se afectaron grandemente. Fue un círculo. Muchos de mis clientes cerraron sus negocios por un tiempo indefinido, otros tuvieron que despedir empleados, otros habían sufrido pérdidas estructurales… y simplemente no podían costear mis servicios luego del huracán. ¡Creo que perdí diez cuentas en las primeras dos semanas!

Mis clientes no eran los únicos que se habían afectado con el huracán (como todos sabemos) y yo jamás imaginé que mi negocio sufriría tanto.

Desde antes de empezar a sentir los embates de María, mi celular ya no tenía servicio. Al otro día tampoco, pero pensaba que más o menos en una semana o dos ya todo estaría resuelto.

Y es que no era solo el celular (para contactar a los clientes) lo que me tenía estresada, era que tampoco había internet… y yo puedo trabajar sentada en un hormiguero, olvídate tú, que si hay internet puedo cumplir con mi deber.

Como una jugada estratégica del destino, tras el paso de María por la Isla, todas las antenas que daban señal a los lugares en los que yo podía ir a trabajar, se habían caído. Justo frente a mi oficina, en una vaquería a eso de unos doscientos pies de distancia, había una antena de 30 pies que debía suplirle señal a mi antena de internet. Para poder recibir internet (según los que fueron a verificar mi antena), debía esperar a que los dueños de la vaquería prendieran la planta eléctrica. ¡Y yo qué iba a saber cuándo ellos iban a prender la planta! ¿En las horas de ordeño?

En mi casa no había internet, ni en casa de mis suegros ni en casa de mis abuelos.  En casa de mi tía había un poco de señal y cuando prendían la planta eléctrica en las noches yo podía ir a trabajar unos 25 minutos antes de que la señal se cayera. Les juró que hacía todo lo  posible por resumir un día de trabajo de ocho horas en los 25, 30 o 40 minutos de internet que podía conseguir cada dos días. Los mosquitos me comían viva pero pero eso ni me importaba.

Llorar ya no era suficiente. Me dio acné por el estrés, rebajé cinco libras y busqué todas las alternativas posibles para mantener la calma y ver una luz al final del camino pero la esperanza se iba convirtiendo en nula.

Aún no les he contado que cuando llegó el huracán estábamos en proceso de enviar las facturas del mes entrante, no nos quedaba mucho dinero en la cuenta y el efectivo cada vez era menos.

Pensamos que luego del huracán podríamos reanudar operaciones, enviar facturas, ir al banco… ustedes saben, como de aquí a semana y media después de María. ¡HA!

Cuando mi esposo logró ir al Banco Popular, luego de yo no sé ni cuánto tiempo después del huracán, porque honestamente no lo recuerdo, estuvo 5 horas y media bajo el sol y regresó a casa con la noticia de que solo nos quedaban $75.00 porque todos los pagos del negocio se habían debitado automáticamente y nadie nos había pagado todavía.

Nosotros somos una familia de cuatro. Pasamos de tener todo lo necesario para vivir bien a no tener nada en un abrir y cerrar de ojos. Porque sin dinero, lamentablemente, no podemos tener más comida, ni más baterías, ni echar gasolina, ni nada. ¡Fucking nada!

… Y perdónenme… pero es que de solo remontarme a esos días, me da rabia. ¿Y saben con quién me da rabia? ¡Con el puto huracán! ¿Y saben cómo me siento por sentirle rabia a un huracán? Tonta. Bien tonta.

Se acercaba el primer mes después del huracán y ya me estaba desesperando demasiado. Me hablaron de un spot en Arecibo donde había señal de AT&T, y fue allí donde, entre edificios abandonados, logré contactar a mis clientes vía telefónica. Algunas llamadas fueron exitosas, otras no se lograron… pero hubo una, solo UNA, que fue tan frustrante que creo que fue el primer empujón a tomar una decisión drástica con tal de salvar las cuentas que me quedaban.

Llamé a una cliente muy importante para mí, todos lo son, pero este era el tipo de cuenta que te infla de orgullo porque la tienes tú… y la señal se puso pésima. La llamada se cortó como tres veces y esa última vez, cuando la llamada estuvo a punto de caer por cuarta ocasión, la escuché suspirar y decir “¡Ay no, ya yo no puedo hacer esto más!”, y me colgó. Yo creo que ella al sol de hoy no sabe que la escuché decir esas palabras.

Resulta que no todos estaban en las mismas condiciones que yo. Mi cliente tenía planta eléctrica en su negocio, tenía teléfono, tenía internet… y yo no podía trabajarle como antes. Luego del huracán pasé a tener dos tipos de clientes: el que no podía seguir con mis servicios y el que me necesitaba RUSH. Yo no podía trabajar RUSH, no tenía luz, no tenía internet, mi celular casi no funcionaba.

Varias amistades que vivían en San Juan y tenían luz e internet me dijeron que pasara por sus casas cuando quisiera pero sin dinero para echar gasolina, ¿quién se tiraba el viaje de Hatillo a San Juan?

Mi negocio era la única fuente de ingreso en mi hogar, pues creció lo suficiente como para que mi esposo pudiera trabajar conmigo dirigiendo la parte administrativa. Si me descuidaba y lo dejaba caer por completo, no iban a existir ingresos para mi familia, para mis hijos, para su eduación ni para darles de comer.

Luego de esa llamada que me hizo reaccionar y pensar en un plan B un tanto arriesgado, llamé a mi hermano que vive en Tampa y le pregunté si no le molestaba que nos quedaramos en su casa un mes en lo que el sistema de comunicaciones se establecía en la Isla y yo podía regresar a trabajar. Él, no solo me dijo que sí, sino que nos compró los pasajes.

Mientras se acercaba la fecha le iba comunicando a mis clientes que estaría fuera de la Isla trabajando (y poco a poco me iba enterando que varios colegas en la industria hicieron lo mismo), pero que regresaría en un mes, aunque no habíamos comprado los boletos de regreso porque no sabíamos exactamente para cuándo todo esto de las comunicaciones se habría resuelto.

Se lo dije a mi familia. “Me voy para poder trabajar y ponerme al día, pero regreso en un mes”. Me despedí de todos creyendo que regresaba en un mes. Me monté en el avión jurando que regresaba en un mes… y no pasó.

A mi esposo comenzaron a abrírsele las puertas en varios aspectos y luego de tanto esfuerzo que él le dedicó a mi negocio, yo no podía, ni jamás podré ser piedra de tropiezo en su progreso personal y profesional.

Extendimos un mes, llamé a mis clientes, les expliqué nuestra situación y les reafirmé que el trabajo se iba a seguir realizando sin problemas.

Mi esposo consiguió un trabajo en Orlando que nos ayuda a compensar por las pérdidas económicas que tuvimos luego del huracán. Conseguimos apartamento, extendimos la estadía, lo comunicamos nuevamente.

Cada día de los primeros dos meses en Florida lloré. No eran lagrimitas, eran sollozos. Extrañaba todo, a mis abuelos, a mi mamá, los abrazos de mi mamá, a mi hermanita, a toda mi familia, mi casa… todo, pero no podía mentir diciendo que nos iba mal.

Recuerdo que una vez miré al cielo y en mi mente dije: “Señor, ¿por qué nos estás abriendo tanto las puertas por acá? ¡Yo quiero regresar a Puerto Rico!”… y mientras caminaba y respiraba profundo llegué a la conclusión de que estaba tomando decisiones mucho más emocionales que racionales, y en momentos así, donde la prioridad es progresar, no se podía.

Dejé que las cosas fluyeran. Y seguimos aquí, en Orlando, trabajando, y sí, me enorgullece decir que trabajo para mis clientes en la Isla, y NO, no me avergüenzo de ser una boricua en la diáspora, porque no solo soy eso. También soy una madre en la diáspora, una hija en la diáspora, una esposa en la diáspora… y todos y cada uno de estos papeles son importantes, tienen gran valía, sudor, lágrimas y significado.

Les seguiré contanto cómo nos va por acá, porque cuando estamos lejos de nuestros seres queridos, escribir es una buena alternativa. Que, en fin, esta crónica un tanto mohosa nace como desahogo, porque no había tenido la oportunidad de expresar esta experiencia de salir de la patria por tanto tiempo.

¡Un abrazo a todas las mamás que me leen! Y a las tantas que andan de vecinas por la diáspora, ¡ánimo! Es fuerte, pero podemos.

Que estén bien,

-Karlaimar, Habemusbaby.

Y mamá, ¿para cuándo?

Así que somos mamás y los niños siempre vienen primero… ¿Y qué pasa cuando las que ponemos a los niños primero NO nos cuidamos adecuadamente? ¿Cuántas veces nos hemos envuelto en este pensamiento y por desplazarnos al segundo lugar intencionalmente, terminamos en el último puesto inconscientemente?
Quizás les hice muchas preguntas en un solo párrafo, pero aquí les cuento por qué:
 
Cuando me mudé a Florida luego del huracán ya había perdido varios clientes. Gracias a Dios y a una prima de mi esposo, encontré una oportunidad de generar un ingreso adicional trabajando como sustituta de asistente de maestra en un colegio privado.
I know, mucha palabrería, ¿verdad? En resumidas cuentas, esto significa que cuando una asistente de maestra no puede ir a trabajar, me llaman y yo la cubro. No tengo un horario fijo y los días que trabajo lo hago de 8:00 a.m. a 3:00 p.m., que es perfecto ya puedo trabajar con mi primer trabajo en la tarde. 
 
El punto es que cuando apliqué para el trabajo, además de coger unos exámenes escritos, me tuve que hacer un examen físico y la doctora de paso me mandó a realizar unos laboratorios y me programó un cita para inicios de abril.
Como mamá ocupada ya sabrán lo que hice… entregué el documento necesario para poder comenzar a trabajar lo antes posible y me olvidé de mis laboratorios. Al fin y al cabo, eran de rutina y yo me sentía bien.

Seguí con mi agenda diaria pero de momento me sentía más cansada y noté unos cambios en mi cuerpo (como tener acné a mis 31 años), y justo cuando recordé la famosa cita médica a la que nunca fui, RING!!!, me llamaron de la oficina del doctor para saber si me había hecho los análisis y si iba a ir a la cita.

“¡Ah! ¡Qué alivio, me llamaron!”… Wait! ¡Ni siquiera sé dónde metí el papel de los análisis que tenía que realizarme! Pues ni modo, le dije a la señora que había extraviado el documento, que por favor me moviera la cita para de aquí a dos semanas en lo que podía ir a hacerme los análisis.

Este tiempo que le pedí lo hice siendo bien realista, pues cualquier otra persona le hubiera dicho que mañana mismo pasaba por allí para recoger la hoja de las pruebas de laboratorio y luego lo seguía directo a hacerse las pruebas, pero not me.

Así que, una semana después de la llamada, ¡aquí estoy, laboratorios done √ and all!  Y me siento bien, me siento responsable y siento que me puse en primer lugar, cosa que no hacía desde hace mucho tiempo. Tengo un poco de ansiedad ante los resultados pero eso es normal. A lo mejor es estrés, a lo mejor es algo hormonal… ¡a lo mejor es que soy mamá de dos toddlers! LOL Pero di un paso hacia adelante por mí y por mi salud, porque necesito estar bien para mis hijos y mi esposo, y eso nos pone en primer lugar a todos.

Ya les contaré.
¡Lindo día!

Lo que debes saber si estás pensando trabajar desde el hogar

Les comentaba en mi página de Facebook que había tenido un día digno de una columna de desahogo de Habemus Baby  y que la misma trataría sobre el tema de trabajar desde el hogar.

Prometí que les iba a hablar en arroz y habichuelas, directo al grano y con los pros y los contra, a beneficio de todas las mamás que están pensando obtener un trabajo sin salir de la casa.

Les cuento: Mi primer trabajo fue como asistente de un departamento digital y luego trabajé en otra empresa como coordinadora de redes sociales y periodista. Mientras no tenía hijos, dejaba mi pellejo allí. Yo creo que yo me iba del trabajo y mi espíritu seguía redactando en la silla.

Aprendí mucho y mi mentalidad siempre fue esa: aunque saliera esmolía’, como dicen,  si no tenía hijos, tenía el tiempo para aprender y ganar experiencia. Total, que para ese entonces ya estaba casada y mi esposo era comerciante. Los dos vivíamos dedicados a nuestra profesión y estábamos cool con eso.

En verano de 2013 me enteré que estaba embarazada. ¡Felicidad pura porque mi hija fue deseada y planificada! Tuve un embarazo muy lindo, pero estaba cansada. Trabajé seis días a la semana y noventa horas semanales hasta mis treinta semanas de embarazo.

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Ese mismo ritmo de trabajo fue el que hizo que al año de vida de mi hija me atreviera a renunciar y me lanzara a la hazaña empresarial. Sentía que me había perdido sus primeros 365 días de vida y ese no era mi propósito ni visión de la maternidad.

Comencé a trabajar de manera independiente manejando cuentas de redes sociales a distintas empresas (medianas y pequeñas) con deseos de tener buena publicidad pero que no tienen mucho presupuesto.

Lo hice todo superlegal, compré la marca, saqué todos los permisos, alquilé oficina, me compré el mega escritorio, gané clientes más rápido de lo que imaginé y me pompié bien brutal. Al poco tiempo ya tenía servicios subcontratados de fotografía, vídeo, diseño gráfico e imprenta, etc.

A los cuatro-cinco meses de esta aventura (sí, todo pasó muy rápido) me enteré que estaba embarazada de mi segundo bebé. Estuve llorando todo el primer mes porque tenía miedo de fracasar en mi negocio y como madre. Además, ya la cosa estaba fea en la economía local. Me dio miedo y punto. Agraciadamente, mi esposo reaccionó súperbien y eso me quitó un peso de encima. Entre los dos metimos mano, como siempre.

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Tuve el mejor embarazo del mundo. Aumenté solo 17 libras y eso me ayudó a mantenerme activa en mi trabajo hasta el final. ¡Con decirles que una de mis clientes ni se enteró que yo estaba embarazada!

El punto es que desde que nació mi segundo hijo todo ha cambiado. Lo amo, es bello, es idéntico a mamá, y sí, los nenes son de mami, pero la realidad es que tener negocio propio y ser mamá de dos es bien difícil.

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Me he visto obligada a trabajar desde casa durante los pasados tres meses y aunque lo veo más o menos como un receso de maternidad (sin dejar de trabajar), hay cosas que no son para uno y a eso es a lo que quiero llegar.

<<A lo mejor se preguntarán por qué tanta historia de mi trabajo previo pero necesito que visualicen el estilo de vida al que estaba acostumbrada antes de comenzar a trabajar por mi cuenta y tener que pasar estos meses en casa.>>

Sí, es cierto, mi trabajo es bien digital. Realmente lo puedo hacer desde cualquier lugar que tenga internet (internet, café y silencio), pero yo estoy acostumbrada a levantarme temprano, vestirme bien, llegar a mi escritorio, producir e interactuar con otras personas.

Tuve un ritmo de vida bien acelerado desde el 2010 y me acostumbré a eso. Estos meses que he trabajado desde casa me he sentido encerrada, fea y aunque sigo trabajando igual de mucho, el hech0 de hacerlo desde mi hogar me hace sentir que no estoy siendo igual de productiva que antes.

Sé que hay muchas mamás que darían lo que fuera, LO QUE FUERA, por poder trabajar desde la casa y cuidar ellas mismas a sus hijos. A esas mamás les digo que NO es fácil o quizás yo soy muy exigente.

Tus ojos no van a dejar de ver los trastes sucios que hay en el fregadero ni la ropa que se sale del hamper. Cocinar te restará tiempo de productividad y pasarás la mayor parte del tiempo limpiándote algún buche de la ropa y cambiando pañales. ¡Ah! Y algunas personas nunca entenderán que estás trabajando, por lo que te visitarán constantemente.

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Ahora les voy a hablar del lado positivo, porque les dije que les daría los pros y los contras de trabajar desde el hogar.

–Lo primero, mamás, es que no tendrán que madrugar tanto o tener las mañanas tan apresuradas. Si te levantaste varias veces en la noche para atender a tu bebé, puedes aprovechar y descansar.

–Podrás lactar a tiempo completo  mientras quieras.

–Te ahorrarás el tiempo de vestirte y arreglarte (aunque yo lo hago de vez en cuando).

–Hablando de ahorrar, ¡puntos extra por ahorrarte el dinero de un cuido!

–Crianza con apego

Don’t get me wrong. Yo soy bien mamá y por eso tengo sentimientos encontrados. Nada me da más tranquilidad que saber que a mis hijos los cuido yo la mayor parte del tiempo pero llegó un momento en el que tuve que aceptar que para hacer un trabajo de excelencia necesitaba, aún dentro de mi hogar, tener una reglas y una estructura a seguir.

¿Qué hice? Esto, entre otras cosas:
–Preparé un área de trabajo en la casa apartada de la cocina y el laundry.

–Hice un calendario de días en los que mami vendría a ayudarme en casa para poder trabajar sin interrupciones, de la misma manera que coordiné con mi suegra para que me ayudara con la nena.

–Me obligué a cambiar mentalmente de escenario tan pronto me sentara en el escritorio y si a pesar de mis esfuerzos, por alguna razón no puedo entrar en work-mode, ¡me visto y me peino como si fuera a salir!

–Adoptar un método comunicación efectivo con mis clientes.

Mamá,
Si te sientes capaz de sobrepasar los obstáculos y crees que no te afectará en tu desempeño trabajar desde el hogar, ¡hazlo! La recompensa es buena.

Si por otra parte sabes que no estás hecha para eso, no lo hagas y no te sientas mal por ello. ¡Todas somos diferentes y eso no te hace mala madre!

Yo estoy poniendo de mi parte para sobrevivir  con una sonrisa y babeada de amor estos meses que se van volando.

Lo importante es reconocer la bendición de tener a nuestros hijos con nosotros y esforzarnos siempre por su bienestar.

¡Abrazo solidario!

-Karlaimar.

Sobre el derecho de la madre a lactar en público

Por la Licenciada Derenise Dorta Nieves

Las madres en ocasiones experimentamos el rechazo social y hasta recibimos insultos si lactamos a nuestros hijos en público. Nos atacan por exhibicionistas, nos cuestionan el por qué no usamos biberones, nos exigen que nos cubramos, nos piden que tengamos pudor y nos exhortan a que vayamos al baño  por el solo hecho de alimentar a nuestras crías con el mejor alimento que existe para ellos desde el principio de la humanidad.

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Sepan que en nuestro ordenamiento jurídico se reconoce que la decisión de amamantar a nuestros hijos es una decisión de crianza y de alimentación que está protegida por nuestro derecho constitucional a la intimidad, a la dignidad y a nuestra vida privada y familiar. Es por ello que en Puerto Rico todas las madres tenemos derecho a lactar a nuestros hijos en cualquier lugar en el que tengamos derecho a estar y sin tener que taparnos, sin tener que aislarnos dentro de un baño, y que el derecho nos cobija sin importar las edades de nuestros (as) hijos.

Además sepan que nadie puede interferir con el ejercicio de este derecho y que hacerlo constituye tanto un delito como un acto demandable.

La Ley Núm. 95 del 23 de abril del 2004 conocida como la “Ley para prohibir el discrimen contra las madres que lactan a sus niños o niñas” reconoció expresamente que una madre tiene el derecho a lactar a su niño o niña en cualquier lugar público o privado que sea frecuentado por público o sirva de recreo.

Lo anterior significa que la madre puede lactar en cualquier lugar público como son las calles, las plazas, las playas pero también en cualquier lugar privado abierto al público como un aeropuerto, un centro comercial, un hotel, un parque y una iglesia.

Además hace la importante aclaración de que una madre lactando a su niño o niña en cualquier lugar, ya sea público o privado, donde la madre, de otra forma está autorizada a estar, no se entenderá como una exposición deshonesta, acto obsceno u otra acción punible.

La Ley Núm. 17 de 3 de junio de 2005 reitera que existe un derecho natural de una madre lactar a sus hijos(as). Esta legislación establece que la madre lactante podrá lactar en cualquier lugar accesible que ella estime pertinente dentro de los centros comerciales, puertos, aeropuertos y centros gubernamentales de servicio público, sin que pueda ser interrumpida o despedida del área por tal motivo.

Aún cuando exista un área designada, la ley aclara que dichas áreas son opcionales para la madre lactante, toda vez que la misma podrá lactar en lugares alternos de su preferencia o por necesidad, tales como asientos, pasillos o, inclusive, dentro de una tienda. Por tanto la designación de un área de lactar jamás podrá servir para encajonar o limitar a dicha área el lugar donde una madre pueda lactar.

Toda persona que impida o de alguna forma limite o cohíba que una mujer lacte a su niño o niña en los lugares públicos, y privados sujetos a ambas leyes, incurre en prácticas discriminatorias prohibidas por lo que incurrirá en delito menos grave. La ley además crea una causa de acción civil (demanda) por daños y perjuicios contra la persona o empresa que discrimine a la madre lactante.

Para consulta legal se puede comunicar al 787-361-8064 de lunes a viernes en horario de 9:00 am a 6:00pm o al correo electrónico licenciadadorta@gmail.com

Conoce más sobre la licenciada:

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Cinco pasos para convertirte en una mamá emprendedora

Si eres una mamá que desea tener tiempo de calidad, estar ahí con libertad y disfrutar de todas las etapas de crecimiento de tus pequeños, estas recomendaciones son para ti:

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1. Haz un listado de los talentos que tienes y los que te gustaría desarrollar: La mayoría del tiempo trabajamos en piloto automático haciendo lo mismo por muchos años y creemos no saber hacer algo más.  La realidad es otra y tienes muchos dones por evolucionar.  Por ejemplo: coser pañales de tela, cocinar postres o traducir documentos.

2. Si hay algo nuevo que deseas aprender, busca vídeos en la Web y practica: Hay tareas que deseamos realizar y el Internet se ha vuelto tremenda herramienta para aprender o mejorar.  Por ejemplo: Hacer tarjetas de presentación, flyers para tu página web y subir videos en vivo.

3. Sé producto de tu producto: Recomendar tus proyectos, servicios y promocionarlos te debe salir por los poros porque te encanten y te fascinen. La gente se enamora de la experiencia que le haces sentir cuando le hablas de lo que haces, no necesariamente de lo que vendes.

4. Comienza tu negocio desde lo básico: Queremos tener una página web de lo más hermosa, conseguir muchos seguidores en nuestras redes sociales o alquilar un establecimiento cuando todavía estamos comenzando. Quizás te encuentras en la fase de diseñar y vender promocionando tu producto un cliente a la vez. ¡Pequeños pasos te llevarán a grandes triunfos!

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5. Deja de esperar que todo esté perfecto y lánzate ya: Pasamos años pensando que nos falta, comprando y pagando por servicios que no necesitamos y en realidad estamos postergando nuestro despegue. Deja el miedo ya y ponte a trabajar.  Eso que ya estás haciendo está bien y puede mejorar con el pasar del tiempo.  Emprende sin juzgarte, vive el momento y fluye.

Las mejores ideas de negocios surgen en momentos de necesidades.  Transforma tu situación en conocimiento y comienza a trabajar para ti.  Movimiento es vida y la mente es poderosa.  ¡Creo en ti y en que lo puedes hacer!

Para herramientas de empoderamiento que te llevan al siguiente nivel por medio de Coaching PNL, te invito a seguirme en Roman Resources: www.facebook.com/romanresourcespr

Sully Román-Berríos,MBA
Neurocoach Empresarial
sully.roman@gmail.com