Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

¡Hola a todas!
Hoy les escribo de un tema un poco delicado -o al menos eso pienso- pero sé que muchas mamás que andamos por el camino de emprender por nuestra cuenta hemos sentido y pensado lo mismo.

El tema de esta entrada es  … TAN-TAN-TAAAAN... (redoble, por favor):
Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

Oh yeah! No me digan que no, si sí. Y para que ninguna mamá sienta remordimientos “all of the sudden”, les voy a hablar exclusivamente de mi experiencia. Luego, si desean, con mucho gusto pueden compartir sus experiencias en el área de comentarios.

Cuando decidí comenzar a trabajar por mi cuenta y desarrollar mi negocio de mercadeo en redes sociales en el 2015, tenía una bebé de 11 meses y pocos días para cumplir el año.

Mi hija fue la motivación y razón número uno para crear mi negocio. Resulta que aunque muy satisfecha con mi trayectoria profesional previo a ser mamá, estaba laborando turnos overtime todos los días en una empresa y el primer año de vida de mi hija fue casi perdido para mí. Ese año a mi hija la crió su papá.

Traté de aguantar lo más que pude pero comencé a deprimirme, mi producción de leche se fue a pique y renuncié.

Comencé con pocas cuentas que -gracias a que mi hija fue una bebé súper tranquila- pude manejar muy bien, pero a los cuatro meses de iniciar esta aventura quedé embarazada de mi segundo hijo.

Sí, estaba muy feliz pero también asustada y con mala barriga. Para este tiempo ya tenía más cuentas y obviamente, no me sentía del todo bien físicamente. También estaba en trámites de abrir mi oficina. Gestor, local, permisos, muebles…

Este segundo embarazo llegó con malestares, seguido por contracciones prematuras y las charlas con mi esposo sobre qué debería tener prioridad en esos momentos, si abrir mi oficina o seguir trabajando remoto (desde casa y visitando a mis clientes) hasta que naciera el bebé y pasaran esos primeros tres meses de vida.

Yo había luchado TANTO por poder costear ese espacio que todo emprendedor desea tener, que me rehusaba a abandonar mi sueño de abrir mi primera oficina (en estos momentos no quiero saber de abrir otra oficina ¡pero eso es tema para otro blog!).

Y sí, tuve que posponer abrir mi oficina hasta que nació mi hijo, un bebé hermoso que me robó el corazón y todo mi tiempo.

Mi hijo no podía estar separado de mí. Tanto así que me sumergí en lecturas sobre la ansiedad por separación en los bebés, y en efecto, bebé no quería estar con otra persona que no fuera mamá.

Mis brazos estaban cansados, mis pezones en carne viva y aprendí a redactar con una sola mano, porque con el otro brazo lo cargaba a él. Mi esposo trabajaba distribuyendo cervezas artesanales en el sur y el oeste de la Isla, por lo que pasaba hasta trece horas fuera del hogar.

No creo necesario tener que decirles que no podía con mi vida.

Increíblemente, a ese ritmo que llevaba, logré conseguir más clientes y con esto convencí a mi esposo -luego de varios intentos fallidos- de que se uniera a mi negocio y me diera una mano en la parte administrativa, con las fotos y coordinando reuniones con los clientes.

Ahora bien, mis tácticas de convencimiento con mi esposo no fueron muy sutiles que digamos. Esas tácticas son la razón de esta entrada al blog.

Estaba exhausta física y emocionalmente, y encima de todo hacía el esfuerzo mega sobrehumano para poder hacer un delivery de excelencia a mis clientes.

Llegaba la noche y con ella mi llanto. Mi esposo aún estaba en la calle y yo lo llamaba así, cansada, sin fuerzas, y llorando le decía que por favor renunciara, que me diera una mano porque no podía con mi vida.

Le decía  que si yo no obtenía ayuda pronto, iba a entregar todas mis cuentas. Obviamente, era mi cansancio hablando y mi esposo cada noche con mucha paciencia me traquilizaba y me recordaba todo el sacrificio que había depositado en mi negocio, la relación con mis clientes y muchos factores reales que me confirmaban lo mucho que me apasiona mi trabajo.

En esos momentos sentía que la maternidad  no me estaba dejando ser la profesional que estaba acostumbrada a ser y esto no se trata de que si uno quiere ser más profesional que madre ni más mujer que madre ni nada de eso.

Se trata de que cuando estamos acostumbradas a trabajar, a ser independientes y a generar un ingreso para nuestro hogar, de momento sentirnos cansadas e incapaces de realizar un trabajo excelente puede ser algo muy fuerte emocionalmente. Adaptarnos a este nuevo estilo de vida es más difícil (imagínese usted, que yo estaba acostumbrada a trabajar cien horas semanales y viajaba todos los días de Hatillo a San Juan).

Don’t get me wrong! Mis hijos son todo para mí y por ellos fue que decidí trabajar por mi cuenta, pero hay que ser realistas, desahogarnos y apoyarnos entre todas.

Hay etapas de la maternidad que son difíciles. Para muchas mamás puede ser la lactancia, para otras aceptar su cuerpo postparto, no tener la misma vida social de antes, no tener ayuda en el hogar, el no querer trabajar pero tener que hacerlo y para otras es querer trabajar y no poder. En mi caso, lo más difícil ha sido trabajar por mi cuenta y desarrollar un negocio con dos bebés.

Ahora mis hijos están más grandes, están en la escuelita y el cambio es del cielo a la tierra pero no me averguenza decir que al principio me quería arrancar los pocos pelos que me quedaban en la cabeza.

¿Por qué? Porque es normal, porque sé que no soy la única que se ha sentido así… y porque quiero que entiendan que querer tener tiempo para desarrollarnos profesionalmente no nos hace malas madres.

Todo es cuestión de BALANCE. Obviamente ser madre es nuestra mayor responsabilidad y nuestros hijos siempre serán la mejor recompensa.

¿Cómo hacerlo?

Adquiere una agenda, desarrolla un plan de trabajo, ponte horarios y analiza bien qué momentos del día son los que más te convienen para trabajar (cuando bebé toma sus siestas por ejemplo). Ve poco a poco testing the waters, ve qué prácticas te funcionan y cuáles no, pero por favor, jamás obligues a tu cuerpo a dar más de la cuenta. Debes alimentarte y descansar bien.

Yo, sí, trabajo mucho, pero trabajo por mi cuenta y soy mi propia jefa. Esto me da una flexibilidad y libertad para compartir con mis hijos que no conseguiría trabajando para una empresa, pero llegar hasta aquí ha sido el resultado de 4 años de sacrificio.

Mamás que están en el proceso de emprender, mamás que hoy viven lo que yo viví hace dos años:

Hay un refrán que dice que cuando el camino se pone duro, los duros en ponen en el camino. El tiempo pasa, respira hondo y sigue. ¡Lucha por tus sueños! Press Pause and Play, never Stop! La satisfacción que sentirás cuando con el paso del tiempo mires hacia atrás y digas “¡lo logré!”, es maravillosa.

Yo voy a ustedes.

Amamantar y regresar a tu peso de manera saludable SÍ es posible

Sin duda, la lactancia provee grandes beneficios para el desarrollo del bebé y su relación con mamá. Dicho esto, ¿es cierto que la lactancia puede ayudarte a perder peso? La contestación a esta pregunta es . Amamantar a tu bebé llevando una alimentación balanceada te puede ayudar a alcanzar un peso saludable luego del embarazo.

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Se estima que la lactancia aumenta la necesidad calórica de mamá en un promedio de 400-500 calorías al día. Esto debido a que el cuerpo utiliza aproximadamente 20 calorías para producir una onza de leche materna.

Durante los primeros dos meses del bebé es crucial que mamá obtenga por medio de alimentos todos los nutrientes necesarios para alcanzar una producción de leche materna adecuada y estable.

Una pérdida de peso abrupta al principio de la lactancia puede afectar la producción de leche materna. Es por esto que se recomienda que luego de los primeros dos meses de lactancia mamá consuma no menos de 1,500 a 1,800 calorías al día para alcanzar una pérdida de peso de manera saludable.

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Entonces la pregunta clave es: ¿qué puedes hacer para promover una pérdida de peso saludable mientras amamantas a tu bebé?

Aquí comparto algunos consejitos:

  1. En las comidas principales, haz que la mitad de tu plato esté compuesto por vegetales y limita la porción de cereales/farináceos (arroz, pasta, viandas) a ¼ parte del plato.
  2. Sustituye los cereales refinados por cereales integrales y altos en fibra. Por ejemplo: en lugar del pan blanco escoge un pan integral con al menos 3 g de fibra por rebanada.
  3. Prefiere productos lácteos bajos en grasa tales como leche 1-2% baja en grasa.
  4. Utiliza métodos de cocción bajos en grasa tales como hervir, cocinar al vapor, saltear, entre otros. Limita el consumo de alimentos fritos y disminuye la cantidad de grasas/aceites utilizados para cocinar.
  5. Escoge cortes de aves, res y cerdo bajos en grasa. Por ejemplo: escoge las pechugas en lugar de las caderas de pollo.
  6. Disminuye la cantidad de azúcar, miel o sirope (“syrup”) añadida a las bebidas y comidas.
  7. Limita el consumo de dulces, galletas, donas y postres.
  8. Selecciona meriendas saludables tales como:
  •   Ensalada de fruta fresca
  •   Yogur simple bajo en grasa con fruta fresca y un poco de granola o semillas
  •   Un palito de queso bajo en grasa y una fruta fresca
  •   Una manzana mediana con 1 cucharada de mantequilla de maní
  •   Palitos de zanahoria o “baby carrots” con hummus
  •   3 tazas de palomitas de maíz (Pop Corn) sin mantequilla
  •   Barritas de avena/granola bajas en azúcar y grasa
  •   Batida de frutas preparada con leche, yogur o kéfir bajo en grasa
  1. Elige el agua como la bebida principal. Disminuye el consumo de refrescos y bebidas azucaradas.
  2.  Luego de que el médico de su aprobación, haz 30 min diarios de actividad física de intensidad baja o moderada.

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Recuerda que la clave para alcanzar y mantener un peso saludable no es pasar hambre sino consumir una variedad de alimentos de forma moderada y balanceada con el propósito de desarrollar unos hábitos de alimentación que podamos mantener a largo plazo.

Aunque la escritora de esta nota es Licenciada en Nutrición y Dietética, te recomendamos consultar con un profesional de la salud  siempre que desees hacer un cambio en tu alimentación, sobre todo si padeces alguna condición.

Sabemos que como mujer, tu apariencia es muy importante para ti. Sin embargo, la lactancia tiene grandes beneficios para tu bebé. Como ya mencionamos en este escrito, la pérdida de peso de manera  abrupta  puede tener efectos negativos en este proceso. Hay formas saludables de volver a tu peso sin tener que afectar la alimentación de tu bebé. 

Sobre el derecho de la madre a lactar en público

Por la Licenciada Derenise Dorta Nieves

Las madres en ocasiones experimentamos el rechazo social y hasta recibimos insultos si lactamos a nuestros hijos en público. Nos atacan por exhibicionistas, nos cuestionan el por qué no usamos biberones, nos exigen que nos cubramos, nos piden que tengamos pudor y nos exhortan a que vayamos al baño  por el solo hecho de alimentar a nuestras crías con el mejor alimento que existe para ellos desde el principio de la humanidad.

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Sepan que en nuestro ordenamiento jurídico se reconoce que la decisión de amamantar a nuestros hijos es una decisión de crianza y de alimentación que está protegida por nuestro derecho constitucional a la intimidad, a la dignidad y a nuestra vida privada y familiar. Es por ello que en Puerto Rico todas las madres tenemos derecho a lactar a nuestros hijos en cualquier lugar en el que tengamos derecho a estar y sin tener que taparnos, sin tener que aislarnos dentro de un baño, y que el derecho nos cobija sin importar las edades de nuestros (as) hijos.

Además sepan que nadie puede interferir con el ejercicio de este derecho y que hacerlo constituye tanto un delito como un acto demandable.

La Ley Núm. 95 del 23 de abril del 2004 conocida como la “Ley para prohibir el discrimen contra las madres que lactan a sus niños o niñas” reconoció expresamente que una madre tiene el derecho a lactar a su niño o niña en cualquier lugar público o privado que sea frecuentado por público o sirva de recreo.

Lo anterior significa que la madre puede lactar en cualquier lugar público como son las calles, las plazas, las playas pero también en cualquier lugar privado abierto al público como un aeropuerto, un centro comercial, un hotel, un parque y una iglesia.

Además hace la importante aclaración de que una madre lactando a su niño o niña en cualquier lugar, ya sea público o privado, donde la madre, de otra forma está autorizada a estar, no se entenderá como una exposición deshonesta, acto obsceno u otra acción punible.

La Ley Núm. 17 de 3 de junio de 2005 reitera que existe un derecho natural de una madre lactar a sus hijos(as). Esta legislación establece que la madre lactante podrá lactar en cualquier lugar accesible que ella estime pertinente dentro de los centros comerciales, puertos, aeropuertos y centros gubernamentales de servicio público, sin que pueda ser interrumpida o despedida del área por tal motivo.

Aún cuando exista un área designada, la ley aclara que dichas áreas son opcionales para la madre lactante, toda vez que la misma podrá lactar en lugares alternos de su preferencia o por necesidad, tales como asientos, pasillos o, inclusive, dentro de una tienda. Por tanto la designación de un área de lactar jamás podrá servir para encajonar o limitar a dicha área el lugar donde una madre pueda lactar.

Toda persona que impida o de alguna forma limite o cohíba que una mujer lacte a su niño o niña en los lugares públicos, y privados sujetos a ambas leyes, incurre en prácticas discriminatorias prohibidas por lo que incurrirá en delito menos grave. La ley además crea una causa de acción civil (demanda) por daños y perjuicios contra la persona o empresa que discrimine a la madre lactante.

Para consulta legal se puede comunicar al 787-361-8064 de lunes a viernes en horario de 9:00 am a 6:00pm o al correo electrónico licenciadadorta@gmail.com

Conoce más sobre la licenciada:

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