Renacer después de la segunda maternidad

Por: Ana Gómez Durán, para Habemus Baby

La maternidad puede ser un tema muy extenso y lleno de teorías sobre crianza, apego, post parto y mil otros temas. Hay libros, blogs, artículos y documentales que muchas veces sirven como guías en este  camino.

En mi caso, la maternidad ha sido la prueba de fé y valentía mas árdua a la que voluntariamente me he sometido en mis 26 años.

Tengo una hija de 4 años y un bebé de 7 meses.

Mi primer embarazo y post parto fueron realmente difíciles y vi la oscuridad muchas veces. Tuve depresión post parto al igual que muchas otras mujeres, aunque reconocerlo me llevo tiempo y espacio, a lo mejor por miedo o por el mismo tabú que hay alrededor del tema.

Rápidamente volví a la universidad y fue un alivio tener una meta clara e ir por ella. Dos años y medio después me gradué y tome la decisión de tener otro bebé pues entendía -o pensaba que entendía- la importancia de darle un hermano o hermana a mi hija y me sentía ¨completamente¨ preparada para pasar por todo el proceso transformador del embarazo, el parto y post parto.

 Si ya había pasado las de Caín una vez y había sobrevivido, ¿qué podría ser diferente una segunda vez? Bueno, en realidad todo fue y sigue siendo diferente. A veces para bien y otras veces para mal.

El embarazo, el parto y el post parto de mi segundo hijo fueron espectaculares, o al menos ese pensé hasta hace dos meses.

Cuando mi bebé ya no dependía exclusivamente de mí, sin darme cuenta me encontré con el peor de los temores: eso que se llama “auto confrontación”.

¿Qué hago ahora? ¿Quiero ser mamá a tiempo completo o quiero trabajar? ¿Qué me gusta hacer? ¿Por qué y para qué estudie lo que estudie?

 

Las respuestas se han develado poco a poco y el proceso ha sido tan árduo y doloroso como aquel primer post parto. Entendí que el temor a la auto confrontación es peor que el mismo ¨problema¨

En mi caso, la maternidad a tiempo completo se estaba volviendo un agobio en vez de un disfrute, así que cuando emprendí la tarea de buscar trabajo me encontré con la cruda realidad.

Buscar trabajo es difícil, es tedioso, nadie responde, y a nadie parece importarle. Por encima de toda esta situación, el tener que sentarme a y aceptar que nada estaba en mi poder, que lo único que se puede hacer es esperar y mantener la calma ha sido lo mas complicado.

 Y ¿por qué?

 Bueno, porque cuando ya no eres tú sola, sino que tienes a dos seres humanos que emocionalmente dependen de ti, de tu ¨estabilidad¨ de tu ¨paz¨, se reduce sustancialmente el tiempo para tener crisis existenciales y la única verdad de las crisis existenciales que estarán presentes en varios momentos de la vida es que hasta que no se sufran y se vuelvan a sufrir no se van a solucionar ni a esclarecer.

De modo que lo que parece tan obvio algunas veces, muchas otras es sumamente difícil. Sacar tiempo para sentirnos mal, pasar por crisis y llorar se convierte en una misión titánica que ponen a prueba todo lo que a veces creemos saber o entender.

El famoso ¨ let go¨  parece imposible.

Pero si ya pasamos por situaciones más difíciles y seguimos de pie, ¿quién dice que de esta no se sale?

Mi invitación hoy por hoy es a que nos sintamos mal y que transitemos la crisis, con o sin hijos, en compañía o en soledad.

Es difícil o al menos para mí lo es, pero hasta que no se acepte no pasa. Así que lo único que queda es pasarlo como cualquier otro trago amargo.

Sin mas ni menos, renazcamos después de la maternidad o con cualquier otra situación que lo merezca. ¡Sin miedo, y sin culpabilidad!

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Ana Gómez Durán es madre de dos niños y graduada de periodismo.

¡Gracias por tu colaboración, Ana!

Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

¡Hola a todas!
Hoy les escribo de un tema un poco delicado -o al menos eso pienso- pero sé que muchas mamás que andamos por el camino de emprender por nuestra cuenta hemos sentido y pensado lo mismo.

El tema de esta entrada es  … TAN-TAN-TAAAAN... (redoble, por favor):
Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

Oh yeah! No me digan que no, si sí. Y para que ninguna mamá sienta remordimientos “all of the sudden”, les voy a hablar exclusivamente de mi experiencia. Luego, si desean, con mucho gusto pueden compartir sus experiencias en el área de comentarios.

Cuando decidí comenzar a trabajar por mi cuenta y desarrollar mi negocio de mercadeo en redes sociales en el 2015, tenía una bebé de 11 meses y pocos días para cumplir el año.

Mi hija fue la motivación y razón número uno para crear mi negocio. Resulta que aunque muy satisfecha con mi trayectoria profesional previo a ser mamá, estaba laborando turnos overtime todos los días en una empresa y el primer año de vida de mi hija fue casi perdido para mí. Ese año a mi hija la crió su papá.

Traté de aguantar lo más que pude pero comencé a deprimirme, mi producción de leche se fue a pique y renuncié.

Comencé con pocas cuentas que -gracias a que mi hija fue una bebé súper tranquila- pude manejar muy bien, pero a los cuatro meses de iniciar esta aventura quedé embarazada de mi segundo hijo.

Sí, estaba muy feliz pero también asustada y con mala barriga. Para este tiempo ya tenía más cuentas y obviamente, no me sentía del todo bien físicamente. También estaba en trámites de abrir mi oficina. Gestor, local, permisos, muebles…

Este segundo embarazo llegó con malestares, seguido por contracciones prematuras y las charlas con mi esposo sobre qué debería tener prioridad en esos momentos, si abrir mi oficina o seguir trabajando remoto (desde casa y visitando a mis clientes) hasta que naciera el bebé y pasaran esos primeros tres meses de vida.

Yo había luchado TANTO por poder costear ese espacio que todo emprendedor desea tener, que me rehusaba a abandonar mi sueño de abrir mi primera oficina (en estos momentos no quiero saber de abrir otra oficina ¡pero eso es tema para otro blog!).

Y sí, tuve que posponer abrir mi oficina hasta que nació mi hijo, un bebé hermoso que me robó el corazón y todo mi tiempo.

Mi hijo no podía estar separado de mí. Tanto así que me sumergí en lecturas sobre la ansiedad por separación en los bebés, y en efecto, bebé no quería estar con otra persona que no fuera mamá.

Mis brazos estaban cansados, mis pezones en carne viva y aprendí a redactar con una sola mano, porque con el otro brazo lo cargaba a él. Mi esposo trabajaba distribuyendo cervezas artesanales en el sur y el oeste de la Isla, por lo que pasaba hasta trece horas fuera del hogar.

No creo necesario tener que decirles que no podía con mi vida.

Increíblemente, a ese ritmo que llevaba, logré conseguir más clientes y con esto convencí a mi esposo -luego de varios intentos fallidos- de que se uniera a mi negocio y me diera una mano en la parte administrativa, con las fotos y coordinando reuniones con los clientes.

Ahora bien, mis tácticas de convencimiento con mi esposo no fueron muy sutiles que digamos. Esas tácticas son la razón de esta entrada al blog.

Estaba exhausta física y emocionalmente, y encima de todo hacía el esfuerzo mega sobrehumano para poder hacer un delivery de excelencia a mis clientes.

Llegaba la noche y con ella mi llanto. Mi esposo aún estaba en la calle y yo lo llamaba así, cansada, sin fuerzas, y llorando le decía que por favor renunciara, que me diera una mano porque no podía con mi vida.

Le decía  que si yo no obtenía ayuda pronto, iba a entregar todas mis cuentas. Obviamente, era mi cansancio hablando y mi esposo cada noche con mucha paciencia me traquilizaba y me recordaba todo el sacrificio que había depositado en mi negocio, la relación con mis clientes y muchos factores reales que me confirmaban lo mucho que me apasiona mi trabajo.

En esos momentos sentía que la maternidad  no me estaba dejando ser la profesional que estaba acostumbrada a ser y esto no se trata de que si uno quiere ser más profesional que madre ni más mujer que madre ni nada de eso.

Se trata de que cuando estamos acostumbradas a trabajar, a ser independientes y a generar un ingreso para nuestro hogar, de momento sentirnos cansadas e incapaces de realizar un trabajo excelente puede ser algo muy fuerte emocionalmente. Adaptarnos a este nuevo estilo de vida es más difícil (imagínese usted, que yo estaba acostumbrada a trabajar cien horas semanales y viajaba todos los días de Hatillo a San Juan).

Don’t get me wrong! Mis hijos son todo para mí y por ellos fue que decidí trabajar por mi cuenta, pero hay que ser realistas, desahogarnos y apoyarnos entre todas.

Hay etapas de la maternidad que son difíciles. Para muchas mamás puede ser la lactancia, para otras aceptar su cuerpo postparto, no tener la misma vida social de antes, no tener ayuda en el hogar, el no querer trabajar pero tener que hacerlo y para otras es querer trabajar y no poder. En mi caso, lo más difícil ha sido trabajar por mi cuenta y desarrollar un negocio con dos bebés.

Ahora mis hijos están más grandes, están en la escuelita y el cambio es del cielo a la tierra pero no me averguenza decir que al principio me quería arrancar los pocos pelos que me quedaban en la cabeza.

¿Por qué? Porque es normal, porque sé que no soy la única que se ha sentido así… y porque quiero que entiendan que querer tener tiempo para desarrollarnos profesionalmente no nos hace malas madres.

Todo es cuestión de BALANCE. Obviamente ser madre es nuestra mayor responsabilidad y nuestros hijos siempre serán la mejor recompensa.

¿Cómo hacerlo?

Adquiere una agenda, desarrolla un plan de trabajo, ponte horarios y analiza bien qué momentos del día son los que más te convienen para trabajar (cuando bebé toma sus siestas por ejemplo). Ve poco a poco testing the waters, ve qué prácticas te funcionan y cuáles no, pero por favor, jamás obligues a tu cuerpo a dar más de la cuenta. Debes alimentarte y descansar bien.

Yo, sí, trabajo mucho, pero trabajo por mi cuenta y soy mi propia jefa. Esto me da una flexibilidad y libertad para compartir con mis hijos que no conseguiría trabajando para una empresa, pero llegar hasta aquí ha sido el resultado de 4 años de sacrificio.

Mamás que están en el proceso de emprender, mamás que hoy viven lo que yo viví hace dos años:

Hay un refrán que dice que cuando el camino se pone duro, los duros en ponen en el camino. El tiempo pasa, respira hondo y sigue. ¡Lucha por tus sueños! Press Pause and Play, never Stop! La satisfacción que sentirás cuando con el paso del tiempo mires hacia atrás y digas “¡lo logré!”, es maravillosa.

Yo voy a ustedes.

Asanas para tu embarazo

columna escrita el 5 de enero de 2016

 Karla Aimar comparte su segunda experiencia practicando yoga prenatal.

El martes tuve la oportunidad de asistir a mi segunda clase de yoga prenatal con la instructora Mara Saldaña, ¡y pasé un rato maravilloso!

Comenzamos con los ejercicios que ya conocemos (los que les mostré en la primera columna). Esto me ayudó a ir calentando el cuerpo, estirarme (especialmente el área de la pelvis y caderas) y soltar tensión.

¡Luego fue que vino lo bueno! Por primera vez realizamos varias asanas que dejaron sentir sus efectos al otro día en mis brazos y piernas. Yo las había intentado en casa por mi cuenta pero cuando tenemos un instructor que nos corrige y realmente nos pone en postura, es diferente. ¡Les comparto algunas a continuación!

Comencemos por la silla o utkatasana: esta postura te ayuda a fortalecer el área de las caderas y a tonificar los músculos de las piernas mientras estiras la zona del pecho y los hombros.

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Para lograrla debes separar los pies, doblar rodillas y posicionarte como si literalmente te fueras a sentar en una silla. Mientras haces esto debes mantener tu espalda derecha y estirar tus brazos. Puedes hacerla igual que en la foto o con los brazos hacia arriba. Quédate ahí unos segundos, baja los brazos y enderézate. Repite varias veces.

Esta próxima asana (el árbol) lo primero que hará es demostrarte cuánto balance tienes. No te preocupes, ¡yo tambaleé varias veces! Sus beneficios incluyen fortalecimiento de piernas, caderas y zona pélvica además de mejorar el balance y la estabilidad de tu cuerpo. Puedes colocar el pie como aparece en la foto o subirlo al muslo pero intenta no dejar el talón sobre la rodilla. Respira unos segundos en esta postura y cambia de pierna.

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Si buscas realizar una asana que de verdad se sienta, que “te pique” como uno dice, te presento el Guerrero II. A simple vista parece inofensiva, pero veinte segundos en esta postura y varias repeticiones te harán cambiar de opinión.

Sus beneficios incluyen el fortalecimiento de piernas y tobillos, estiramiento de pecho y hombros, alivia molestias de carpal tunnel, nervio ciático y los dolores de espalda tan comunes en el segundo y tercer trimestre del embarazo. Intenta quedarte en esta postura lo más que puedas y luego cambia al otro lado.

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Una asana que puedes utilizar para descansar, respirar, estirar la zona pélvica, brazos y espalda es la tan conocida “Child’s pose”. Arrodíllate y siéntate sobre tus talones. Luego, con las piernas separadas deslízate hacia el suelo y con los brazos puedes ir estirándote hasta donde puedas.

Las mamás en su primer trimestre podrán bajar más. Si estás en tu segundo o tercer trimestre llega hasta donde tu barriga te lo permita. No ejerzas presión sobre ella. Inhala y exhala por la nariz lenta y profundamente hasta que te sientas aliviada.

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Recuerda: Si estás embarazada y te animas a realizar estos ejercicios, consulta con tu médico previamente. Si te da luz verde, ¡felicidades! El yoga es maravilloso para el embarazo. Como podrás haber notado, la mayoría de las asanas se enfocan en fortalecer esas zonas del cuerpo que juegan un papel principal en el momento del parto.

Para empaparte más de estas posturas y animarte a hacer tu propia rutina, te invitamos a seguirnos en instagram: @HabemusBaby y @MaraSaldana.