Renacer después de la segunda maternidad

Por: Ana Gómez Durán, para Habemus Baby

La maternidad puede ser un tema muy extenso y lleno de teorías sobre crianza, apego, post parto y mil otros temas. Hay libros, blogs, artículos y documentales que muchas veces sirven como guías en este  camino.

En mi caso, la maternidad ha sido la prueba de fé y valentía mas árdua a la que voluntariamente me he sometido en mis 26 años.

Tengo una hija de 4 años y un bebé de 7 meses.

Mi primer embarazo y post parto fueron realmente difíciles y vi la oscuridad muchas veces. Tuve depresión post parto al igual que muchas otras mujeres, aunque reconocerlo me llevo tiempo y espacio, a lo mejor por miedo o por el mismo tabú que hay alrededor del tema.

Rápidamente volví a la universidad y fue un alivio tener una meta clara e ir por ella. Dos años y medio después me gradué y tome la decisión de tener otro bebé pues entendía -o pensaba que entendía- la importancia de darle un hermano o hermana a mi hija y me sentía ¨completamente¨ preparada para pasar por todo el proceso transformador del embarazo, el parto y post parto.

 Si ya había pasado las de Caín una vez y había sobrevivido, ¿qué podría ser diferente una segunda vez? Bueno, en realidad todo fue y sigue siendo diferente. A veces para bien y otras veces para mal.

El embarazo, el parto y el post parto de mi segundo hijo fueron espectaculares, o al menos ese pensé hasta hace dos meses.

Cuando mi bebé ya no dependía exclusivamente de mí, sin darme cuenta me encontré con el peor de los temores: eso que se llama “auto confrontación”.

¿Qué hago ahora? ¿Quiero ser mamá a tiempo completo o quiero trabajar? ¿Qué me gusta hacer? ¿Por qué y para qué estudie lo que estudie?

 

Las respuestas se han develado poco a poco y el proceso ha sido tan árduo y doloroso como aquel primer post parto. Entendí que el temor a la auto confrontación es peor que el mismo ¨problema¨

En mi caso, la maternidad a tiempo completo se estaba volviendo un agobio en vez de un disfrute, así que cuando emprendí la tarea de buscar trabajo me encontré con la cruda realidad.

Buscar trabajo es difícil, es tedioso, nadie responde, y a nadie parece importarle. Por encima de toda esta situación, el tener que sentarme a y aceptar que nada estaba en mi poder, que lo único que se puede hacer es esperar y mantener la calma ha sido lo mas complicado.

 Y ¿por qué?

 Bueno, porque cuando ya no eres tú sola, sino que tienes a dos seres humanos que emocionalmente dependen de ti, de tu ¨estabilidad¨ de tu ¨paz¨, se reduce sustancialmente el tiempo para tener crisis existenciales y la única verdad de las crisis existenciales que estarán presentes en varios momentos de la vida es que hasta que no se sufran y se vuelvan a sufrir no se van a solucionar ni a esclarecer.

De modo que lo que parece tan obvio algunas veces, muchas otras es sumamente difícil. Sacar tiempo para sentirnos mal, pasar por crisis y llorar se convierte en una misión titánica que ponen a prueba todo lo que a veces creemos saber o entender.

El famoso ¨ let go¨  parece imposible.

Pero si ya pasamos por situaciones más difíciles y seguimos de pie, ¿quién dice que de esta no se sale?

Mi invitación hoy por hoy es a que nos sintamos mal y que transitemos la crisis, con o sin hijos, en compañía o en soledad.

Es difícil o al menos para mí lo es, pero hasta que no se acepte no pasa. Así que lo único que queda es pasarlo como cualquier otro trago amargo.

Sin mas ni menos, renazcamos después de la maternidad o con cualquier otra situación que lo merezca. ¡Sin miedo, y sin culpabilidad!

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Ana Gómez Durán es madre de dos niños y graduada de periodismo.

¡Gracias por tu colaboración, Ana!

Mis secretos para seguir: La maternidad y la vida profesional

Hace poco se me acercó una mamá joven simplemente a desahogarse. No eramos amigas, no nos conocíamos de antes, pero ella sabía que dentro de las distintas cosas que hago, también soy blogger de maternidad.

Además, sabía que yo no escribo de temas de lactancia, ni de vacunas, ni de colecho, sino sobre la maternidad y el trabajo, y la importancia de mantener nuestra escencia como mujeres emprendedoras.

Sé que es un tema que no a todas las mamás les encanta, sobre todo si se encuentran en una etapa de sus vidas en la que sienten que por más opciones que busquen, por más grietas por las que se asomen para ver la luz del sol, no encuentran ni claridad ni formas de volver a trabajar luego de haberse convertido en madres.

Y eso es normal, todas hemos estado ahí. ¡Sentirse fundidas es normal! YO estuve ahí, por eso les escribo, porque sé que es una etapa pasajera, temporera y todos los sinónimos que podamos añadir aquí, pero lo que quiero que sepan es que este tiempo PASA.

No quiero ofrecer detalles de cuándo y cómo la mamá se me acercó ni su nombre por respeto a la confianza que tuvo conmigo. Solo quiero decirles que me vi en ella, que la dejé hablar muchísimo porque sabía que ella no tenía con quién desahogarse porque ya su esposo, su mamá y su suegra se habían convertido en oídos y fuentes de consejos útiles pero monótonos.

Me dijo que tenía dos hijos chiquitos y que desde que se convirtió en madre anda en un pequeño ‘limbo’ profesional y académico. Que cuando más feliz ella se sintió fue cuando tuvo a su primer hijo porque pudo ser madre y continuar sus estudios, y eso la hizo sentir poderosa… pero cuando llegó el segundo hijo todo cambió. Comenzaron las limitaciones y las pausas a sus metas.

Dentro de las cosas que me dijo, jamás olvidaré estas palabras: “Me siento como un barquito que anda flotando en el medio del mar sin saber a dónde ir”.

¡AY! ¡Cómo la entendí! Mi primera hija fue un bálsamo de tranquilidad que me dormía toda la noche desde los tres meses y mi segundo hijo es como una batidora encendida y sin tapa.

Sí, ¡se pueden reír! ¡Hasta yo me río! Definitivamente, todos los hijos son diferentes pero eso lo aprendemos por nuestra cuenta. A los dos los amo con la misma intensidad, pero creer que como el primer hijo fue súper tranquilo, el segundo va a ser igual, es un error.

Así que, luego de dejarla hablar y escucharla atentamente, hablé yo.
Le recomendé algo que me ha ayudado a mí muchísimo. Creo que ha sido mi secreto para sobrevivir en ambas facetas: maternidad y trabajo, y por eso aprovecho para compartirlo con ustedes.

Lo primero que tienen que hacer es aceptar su realidad. Sonará simple e incípido pero realmente es algo bien importante.

El día que yo acepté, internalicé y entendí que soy mamá y que lo seré toda la vida, comencé a fluir mucho mejor. Porque teniendo claras mi posibilidades y mis limitaciones, pude desarrollar un plan de trabajo efectivo y realista, que funcione para MI estilo de vida.

¿Vieron que el primer paso es importante?

Les doy mi ejemplo: Soy mamá de dos niños chiquitos que van a un centro educativo de lunes a viernes. Entran a las 7:45 de la mañana y los puedo recoger entre las 3:00 p.m. y las 5:30 p.m..

ESE es MI tiempo de productividad. TODO lo que tenga que hacer profesional y/o académicamente (incluso a veces incluyo tareas del hogar), lo tengo que hacer dentro de estas horas porque la realidad es que una vez los niños estén en casa, no puedo hacer nada del trabajo y ellos tampoco merecen que yo esté trabajando cuando se supone que esté dedicándoles mi atención y todo mi amor.

No hago compromisos de trabajo en horarios que sean antes de las 9 a.m. ni después de las 2:45 p.m. De igual manera mis clientes saben que me conecto a trabajar a las 9:00 a.m. y me desconecto a las 6:00 p.m., y si algo urge puede que les envíe un email. También saben que no contesto mensajes de texto o WhatsApp por la noche porque a esa hora no se trabaja.

¡Ah! ¿Que tus hijos son bebés y es más difícil? Sí, es cierto. En esa etapa fue que descubrí que tenía que trabajar por mi cuenta o para una empresa a medio tiempo.

¿Que si te buscas un part time el ingreso disminuye significativamente? ¡Sí! Esa es la parte en la que empezamos a analizar qué talentos tengo y cómo puedo sacarles provecho desde el hogar.

Cynthia Martínez, de My Barely Famous Life, es muy buena recordándonos algo que mantengo presente y también paso pa’ lante: “Tú no me puedes decir a mí que no hay ni un solo momento del día en el que no puedas sacar unos minutos para trabajar PARA TI. ¡Tienes que hacer tiempo!”.

Se los juro que lo escribo y escucho la voz de Cynthia diciéndomelo.

¿Cuándo es que tu hijo toma sus siestas? ¿Cúando es que alguien te visita para ayudarte con tu bebé? ¿Dónde está el coffee shop más cercano al que puedas ir una hora cada día con tu bebé en el coche y tu laptop? ¡Mira! Hasta te puedes grabar mientras cocinas. ¡Graba tus ideas! Anota en una servilleta, pero no dejes caer tus sueños y tus metas.

Ya lo he dicho muchas veces: Los hijos NO son impedimento. Podemos lograr nuestras metas, quizás a un paso más lento que las personas que no tienen hijos, pero no hay que detenerse. PRESS PAUSE AND PLAY, BUT NEVER STOP.

Por eso regreso al primer punto: ACEPTA TU REALIDAD. ERES MAMÁ Y LO SERÁS SIEMPRE. Escribe en un papel todas las cosas que haces a diario y si puedes anotarlas por hora, mejor. Así podrás ver qué tiempo tienes libre durante el día.

¡Y no me digas que cero porque puedo ponerme a trabajar aquí mismo y sacarte las estadísticas del tiempo promedio que las personas invierten a diario navengando por las redes sociales! ¡Tienes tiempo! Quizá media hora nada más pero es algo…¡Es tiempo valioso!

Algo muy importante de aceptar la realidad de ser mamás es que podemos reaccionar mejor a las situaciones que surgen de momento, como por ejemplo, que el niño se enfermó y hay que buscarlo a la escuela o simplemente no puede ir a la escuela o que la nena se hizo nini y hay que llevarle ropita, que hay citas médicas, asignaciones, actividades…

¡Antes me daba un estrés terrible pero ya no me lo permito porque estas cosas y otras similares van a seguir pasando for ever!

¿Ustedes saben TODO EL DAÑO que causa el estrés en nuestro cuerpo? ¡Eso es tema para otra entrada al blog!

Este otro consejo que les voy a dar es ORO, es importantísimo: Si te sientes sumamente frustrada, deprimida y estresada por la maternidad, y sientes que no tienes con quién hablar, BUSCA AYUDA PROFESIONAL. Mire, comay, ir al psicólogo de lo más chévere que es.

Yo extraño a la mía porque éramos mamás contemporáneas, para el segundo embarazo estuvimos en cinta al mismo tiempo. Llegó el punto en el que nos desahogábamos mútuamente, nos reíamos y créanme, uno se siente mucho mejor. ¡Buscar ayuda no es malo! ¡Yo lo hice y no me arrepiento!

¿La ñapita? ¡Hagan Yoga y aliméntense bien! Dedíquense unos minutos al día, aunque sean solo cinco, para salir y coger un poquito de sol, respirar profundo y agradecer sus bendiciones. ¡Créanme que eso ayuda mucho a su estado de ánimo y a fluir mejor!

Ustedes saben que las quiero. Las quiero bien, emprendedoras y en armonía con la etapa más bella de sus vidas: la maternidad. Yo no soy perfecta, pero soy de carne y hueso como ustedes, y en lo que les pueda aconsejar, aquí estoy frente al teclado.

We can do this! We press pause and play,  but never STOP!

 

-Karlaimar, #HabemusBaby.

La frustración de sentirse mal físicamente

¡Hola mamás! ¡Espero se encuentren bien! Se supone que hoy sacara tiempo para escribirles sobre otro tema que ya había escogido, pero este blog surgió con dos propósitos:

1.Poder ayudarlas con mis experiencias como mamá que trabaja por su cuenta y 2. Poder desahogarme cuando la vida se me anda complicando.

Hoy les iba a escribir sobre un tema relacionado al trabajo y unas decisiones profesionales que tomé mientras me encontraba fuera de la Isla, pero ahora mismo necesito desahogarme a través del teclado, así que desde ahora les agradezco por leer. Les adelanto que estas entradas al blog que surgen así, de improvisto, carecen de la estructura que suelo mantener en mis escritos.

Bueno, aquí vamos…

Si me conoces desde hace tiempo debes saber que siempre me he preocupado por mi salud, por mi peso y por ser una persona lo más sana y activa posible.

Con frecuencia ando orientándome sobre la sana alimentación en distintos aspectos, desde para aumentar metabolismo hasta para tratar enfermedades, porque sí, soy de esas personas que cree en el poder de los alimentos para combatir enfermedades. También prefiero el quiropráctico antes de ingerir cualquier pastilla para combatir el dolor… ¡pero esa soy yo! Y también soy sumamente respetuosa en cuanto a la opinión ajena.

Resulta que desde hace un tiempo había estado notando unos síntomas en mi cuerpo que entre mi esposo y yo monitoreamos, y ya estando en Florida empeoraron, así que decidí consultar con un doctor. Los síntomas eran moretones de las caderas hasta las piernas y dolores en las rodillas y piernas de manera escalonada.

Luego de unos episodios de dolores fuertes, acudí a unas oficinas médicas donde comenzaron a realizarme una batería de laboratorios donde según pedí, primero descartaríamos cualquier enfermedad relacionada con la sangre o algo grave.

Como no quiero hacer esto muy largo, en resumidas cuentas, me hicieron 4 laboratorios de sangre, con un tiempo de 4-6 semanas de espera entre cada uno para saber los resultados. Yo no sé por qué era tanto tiempo, lo que sé es que era bien frustrante esperar tanto para que me dijeran que todo estaba bien cuando realmente mi dolor era cada vez peor.

Si me conoces bien debes saber que soy super mega fan de The Golden Girls.
Cada vez que la doctora venía con los resultados y me decía que “todo estaba bien”, me recordaba a ese episodio de la serie donde Dorothy Zbornak se siente enferma, adolorida y cansada, y viajó incluso desde Miami a NY a evaluarse, solo para que los doctores le dijeran que no tenía nada, que era la edad, que debía estar cansada e incluso uno de los doctores se burló de ella.  Al final, justo en su momento de desesperación, encontró un médico que dió con su enfermedad.

¿Saben qué ella hizo cuando se enteró de que en efecto, tenía una condición de salud debilitante? Celebró. ¡Sí! Celebró porque no es fácil sentir y saber que algo anda mal en tu cuerpo, tener dolor constantemente y que no importa cuántos laboratorios médicos te hagan, te digan que todo está bien, que no tienes nada.

Así estaba yo hasta mi último examen de sangre.
Recuerdo que ese día le dije a mi esposo: “Papa, no es que yo quiera estar enferma, jamás lo desearía, pero si hoy yo voy para allá y me vuelven a decir que todo está bien, me voy a enfogonar. Yo me conozco, yo siempre he sido una persona saludable y tengo mucho dolor”.

Llegamos a la cita, entro al cuarto, entra la doctora 15 minutos después, abre los laboratorios – que esta vez eran para verificar el tiempo de coagulación en la sangre y posibilidad de artritis- y me dice: “Todo está bien. Lo único que vemos es que tu cuerpo no tiene la retención de hierro que se supone que tenga pero no es nada alarmante”.

“¡No! ¡Yo tengo dolor! Me duelen las rodillas, me duelen las piernas. Hace poco tenía unos moretones en las rodillas así (le enseñé una foto de mi celular)” y justo en ese momento que ella se me acerca me doy cuenta de que en todo el proceso de evaluación y todas mis citas previas, la doctora nunca me había tocado las rodillas.

Ahí se acercó, me miró bien las piernas y me dijo: “Vengo ahora, voy a buscarte un referido con un reumatólogo”.

Ese vengo ahora se convirtió en media hora de espera en el cuarto, cuando de momento, la doctora regresó con su jefe. Ella se echó para atrás y se recostó de la pared de fondo y el doctor se acercó hacia mí y se presentó. Acto seguido me dejó saber que tenía unas preocupaciones con mis laboratorios y mis síntomas físicos, los moretones, los dolores y la falla en la retención del hierro.

Entonces me habló de la posibilidad de que tuviera Artritis Reumatoide Seropositvo, un tipo de artritis que no se refleja en las pruebas de laboratorio.

Como madre al fin, pregunté si podía morir por esa condición (y aquí no hay espacio para juzgar el desconocimiento porque si vamos a hablar de mi desconocimiento, empecemos por decir que yo creía que la artritis le daba  a personas mayores nada más) y también le pregunté cuáles eran los síntomas. El doctor me dijo que no, que esta condición no es una sentencia a muerte y que los síntomas son “dolor, mucho dolor”. También le pregunté qué procedía para comenzar tratamiento y si con tratamiento podría tener una vida normal. El punto es que aclaré todas mis dudas y al salir de allí me acordé de Dorothy.

La cita con el reumatólogo era a casi tres meses de espera, así que consulté con mi esposo, pusimos varias cosas en balanza y digamos que mi situación de salud fue algo de gran peso en la decisión de regresar a Puerto Rico.

Tener dos niños chiquitos y estos dolores sin apoyo familiar es bien difícil y cada día que pasa agradezco más a Dios porque mi esposo y yo tuvimos la oportunidad de regresar tan rápido como deseamos.

Hoy sigo aquí aprendiendo más sobre cómo manejar estos dolores en lo que llega el día de mi cita médica (en Puerto Rico también me tocó esperar pero con apoyo familiar todo es más llevadero).

Recientemente me orienté con una especialista en nutrición y descubrí que mi nuevo estilo de alimentación vegano (de la manera en la que lo estaba llevando YO) me estaba ocasionando más dolor porque los alimentos altos en carbohidratos como el arroz y el pan, las pastas, etc., son alimentos inflamatorios y no me ayudan para nada.

Cuando comencé mi estilo  de alimentación vegano lo hice por mi cuenta y orientada por varios documentales de Netflix pero tan pronto uno empieza a aplicar la dieta, te ves careciendo de alimentos que estás acostumbrada a consumir y te refugias en los que sabes que puedes consumir y que ya conoces. Eso fue lo que me pasó con el pan, el arroz y las harinas.
Así que sí, esta vegana aumentó de peso.

¿Qué estoy haciendo ahora? Llevo una dieta alkalina, bien baja en carbohidratos, en harinas y en gluten, consumiendo alimentos que me ayuden a bajar la inflamación de la manera más natural posible.

Esta soy yo, mamás. Saben que jamás he intentando imponer mi visión y estilo de vida en nadie a través de mis escritos. Hoy solo quería escribirles porque nunca me había sentido tan mal físicamente. ¡Oye! Y yo hasta me río, porque literal, ando con “el barrunto”, como mis abuelas. “¡Hoy llueve, me duelen los huesos!”… También me frustra reconocer que nunca había pesado tanto tampoco.

Orita leí que si tengo ansiedad, debo dejar de pensar en el futuro y si tengo tristeza, debo dejar de vivir en el pasado.

Creo que ha sentido las dos cosas. Ansiedad porque quiero ya sentirme bien y volver a ser la Karla de hace unos años (sin dolor, en mi peso saludable, más activa… cuando tengo dolor no puedo hacer yoga ni ir al gimnasio) y un poco de tristeza por las mismas razones.

Soy humana, soy mamá, siento y padezco, y sí, también me frustro…
¡AH! pero también sé de los efectos negativos del estrés así que aquí me tienen descargándome en el teclado para poder continuar con mi día.

¡Gracias por leerme, mamás! Les prometo update de mi salud tan pronto me vea el doctor.

Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

¡Hola a todas!
Hoy les escribo de un tema un poco delicado -o al menos eso pienso- pero sé que muchas mamás que andamos por el camino de emprender por nuestra cuenta hemos sentido y pensado lo mismo.

El tema de esta entrada es  … TAN-TAN-TAAAAN... (redoble, por favor):
Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

Oh yeah! No me digan que no, si sí. Y para que ninguna mamá sienta remordimientos “all of the sudden”, les voy a hablar exclusivamente de mi experiencia. Luego, si desean, con mucho gusto pueden compartir sus experiencias en el área de comentarios.

Cuando decidí comenzar a trabajar por mi cuenta y desarrollar mi negocio de mercadeo en redes sociales en el 2015, tenía una bebé de 11 meses y pocos días para cumplir el año.

Mi hija fue la motivación y razón número uno para crear mi negocio. Resulta que aunque muy satisfecha con mi trayectoria profesional previo a ser mamá, estaba laborando turnos overtime todos los días en una empresa y el primer año de vida de mi hija fue casi perdido para mí. Ese año a mi hija la crió su papá.

Traté de aguantar lo más que pude pero comencé a deprimirme, mi producción de leche se fue a pique y renuncié.

Comencé con pocas cuentas que -gracias a que mi hija fue una bebé súper tranquila- pude manejar muy bien, pero a los cuatro meses de iniciar esta aventura quedé embarazada de mi segundo hijo.

Sí, estaba muy feliz pero también asustada y con mala barriga. Para este tiempo ya tenía más cuentas y obviamente, no me sentía del todo bien físicamente. También estaba en trámites de abrir mi oficina. Gestor, local, permisos, muebles…

Este segundo embarazo llegó con malestares, seguido por contracciones prematuras y las charlas con mi esposo sobre qué debería tener prioridad en esos momentos, si abrir mi oficina o seguir trabajando remoto (desde casa y visitando a mis clientes) hasta que naciera el bebé y pasaran esos primeros tres meses de vida.

Yo había luchado TANTO por poder costear ese espacio que todo emprendedor desea tener, que me rehusaba a abandonar mi sueño de abrir mi primera oficina (en estos momentos no quiero saber de abrir otra oficina ¡pero eso es tema para otro blog!).

Y sí, tuve que posponer abrir mi oficina hasta que nació mi hijo, un bebé hermoso que me robó el corazón y todo mi tiempo.

Mi hijo no podía estar separado de mí. Tanto así que me sumergí en lecturas sobre la ansiedad por separación en los bebés, y en efecto, bebé no quería estar con otra persona que no fuera mamá.

Mis brazos estaban cansados, mis pezones en carne viva y aprendí a redactar con una sola mano, porque con el otro brazo lo cargaba a él. Mi esposo trabajaba distribuyendo cervezas artesanales en el sur y el oeste de la Isla, por lo que pasaba hasta trece horas fuera del hogar.

No creo necesario tener que decirles que no podía con mi vida.

Increíblemente, a ese ritmo que llevaba, logré conseguir más clientes y con esto convencí a mi esposo -luego de varios intentos fallidos- de que se uniera a mi negocio y me diera una mano en la parte administrativa, con las fotos y coordinando reuniones con los clientes.

Ahora bien, mis tácticas de convencimiento con mi esposo no fueron muy sutiles que digamos. Esas tácticas son la razón de esta entrada al blog.

Estaba exhausta física y emocionalmente, y encima de todo hacía el esfuerzo mega sobrehumano para poder hacer un delivery de excelencia a mis clientes.

Llegaba la noche y con ella mi llanto. Mi esposo aún estaba en la calle y yo lo llamaba así, cansada, sin fuerzas, y llorando le decía que por favor renunciara, que me diera una mano porque no podía con mi vida.

Le decía  que si yo no obtenía ayuda pronto, iba a entregar todas mis cuentas. Obviamente, era mi cansancio hablando y mi esposo cada noche con mucha paciencia me traquilizaba y me recordaba todo el sacrificio que había depositado en mi negocio, la relación con mis clientes y muchos factores reales que me confirmaban lo mucho que me apasiona mi trabajo.

En esos momentos sentía que la maternidad  no me estaba dejando ser la profesional que estaba acostumbrada a ser y esto no se trata de que si uno quiere ser más profesional que madre ni más mujer que madre ni nada de eso.

Se trata de que cuando estamos acostumbradas a trabajar, a ser independientes y a generar un ingreso para nuestro hogar, de momento sentirnos cansadas e incapaces de realizar un trabajo excelente puede ser algo muy fuerte emocionalmente. Adaptarnos a este nuevo estilo de vida es más difícil (imagínese usted, que yo estaba acostumbrada a trabajar cien horas semanales y viajaba todos los días de Hatillo a San Juan).

Don’t get me wrong! Mis hijos son todo para mí y por ellos fue que decidí trabajar por mi cuenta, pero hay que ser realistas, desahogarnos y apoyarnos entre todas.

Hay etapas de la maternidad que son difíciles. Para muchas mamás puede ser la lactancia, para otras aceptar su cuerpo postparto, no tener la misma vida social de antes, no tener ayuda en el hogar, el no querer trabajar pero tener que hacerlo y para otras es querer trabajar y no poder. En mi caso, lo más difícil ha sido trabajar por mi cuenta y desarrollar un negocio con dos bebés.

Ahora mis hijos están más grandes, están en la escuelita y el cambio es del cielo a la tierra pero no me averguenza decir que al principio me quería arrancar los pocos pelos que me quedaban en la cabeza.

¿Por qué? Porque es normal, porque sé que no soy la única que se ha sentido así… y porque quiero que entiendan que querer tener tiempo para desarrollarnos profesionalmente no nos hace malas madres.

Todo es cuestión de BALANCE. Obviamente ser madre es nuestra mayor responsabilidad y nuestros hijos siempre serán la mejor recompensa.

¿Cómo hacerlo?

Adquiere una agenda, desarrolla un plan de trabajo, ponte horarios y analiza bien qué momentos del día son los que más te convienen para trabajar (cuando bebé toma sus siestas por ejemplo). Ve poco a poco testing the waters, ve qué prácticas te funcionan y cuáles no, pero por favor, jamás obligues a tu cuerpo a dar más de la cuenta. Debes alimentarte y descansar bien.

Yo, sí, trabajo mucho, pero trabajo por mi cuenta y soy mi propia jefa. Esto me da una flexibilidad y libertad para compartir con mis hijos que no conseguiría trabajando para una empresa, pero llegar hasta aquí ha sido el resultado de 4 años de sacrificio.

Mamás que están en el proceso de emprender, mamás que hoy viven lo que yo viví hace dos años:

Hay un refrán que dice que cuando el camino se pone duro, los duros en ponen en el camino. El tiempo pasa, respira hondo y sigue. ¡Lucha por tus sueños! Press Pause and Play, never Stop! La satisfacción que sentirás cuando con el paso del tiempo mires hacia atrás y digas “¡lo logré!”, es maravillosa.

Yo voy a ustedes.

Determinada en unir las voces de las familias militares latinas

Por: Karla Toledo Ríos

Crear un  espacio educativo a favor del desarrollo social, personal y económico de los hispanos, y a su vez poder orientar a las familias que entran a la vida militar y no dominan el inglés, fueron factores importantes para que la boricua Christie Lorraine Cruz Rivera decidiera, junto a tres amigos, crear el movimiento: “Voces Latinas Unidas” .

Voces Latinas Unidas es una red educativa para familias latinas de diversos lugares del mundo. Nuestro deseo es contar con un espacio colaborativo que posea las herramientas necesarias para poder ayudar a todas esas familias que buscan tener un mejor futuro”, comentó Cruz Rivera.

En la foto: Christie Lorraine Cruz Rivera

Christie Lorraine es esposa de un militar, madre de dos niñas y vive en los Estados Unidos desde el 2012. Su propia experiencia en la diáspora le sirvió de motor para comenzar este movimiento solidario hacia las familias militares hispanas que se mantienen en constante relocalización.

“Mi esposo le sirvió a ésta nación por seis años y sé lo difícil que es llegar a un  lugar nuevo, no conocer el idioma y tener miedo de hablarlo… Esto me impulsó a crear la página de Voces Latinas Unidas y así educar en todo lo que pueda. Siento que es mi vocación, nací para ayudar”.

En la foto: Christie Lorraine Cruz junto a sus hijas y su esposo.

Reafirmando su misión de ayudar a todos sus integrantes, la organización de Voces Latinas Unidas está comprometida en ofrecer las herramientas y adiestramientos necesarios para descubrir los talentos y habilidades de cada miembro, además de contar con grupos virtuales de apoyo.

Queremos proveer información en español sobre todo lo que conlleva la vida militar; sus beneficios, becas para esposas ( incluyendo retirados), hijos, etc. También queremos compartir sugerencias acerca de Organizaciones y Asociaciones que proveen apoyo a nuestras tropas en caso de emergencia”, aseguró Christie.

Puedes encontrar más información de Voces Latinas Unidas a través de su página de Facebook, que está dirigida a las familias de los soldados,  y su grupo para esposas de la milicia.

 

Sobre la diáspora, mis hijos y el preescolar.

Creo que uno de los mayores temores por los que puede atravesar una #MamáenlaDiáspora es que sus hijos tengan problemas ajustándose al nuevo lugar al que se acaban de mudar. No solo a su hogar, también a la nueva escuela, a las amistades… Realmente ajustándose a cualquier cosa porque ninguna mamá quiere que sus hijos sufran.

Cuando nos mudamos a Florida en noviembre, abordamos el avión con las maletas llenas de ropa y de muchas emociones mixtas. Teníamos temor ante la incertidumbre y de que nuestros hijos no se acostumbraran a un ambiente diferente.

Tanto mi hija como mi hijo estaban ambos en un centro educativo en Puerto Rico, así que una de las prioridades que teníamos mi esposo y yo al mudarnos acá, era conseguir un buen preescolar para ellos.

Realmente no sabíamos cómo sería el proceso porque estábamos a un mes y medio de que terminara el semestre, por lo que con mucha probabilidad esperaríamos a enero, pero llegó el día en el que mi hija comenzó a ver escuelitas y me pedía bajarse. “Mamá, yo quiero ir a la escuelita”. Ugh! El corazón se me destruía.

Hablé con mi esposo sobre la posibilidad de ir a las escuelitas a orientarnos y ver cuáles de ellas estaban dispuestas a aceptar a los niños a un mes de terminar el semeste agosto-diciembre 2017.

Además de complacer a mi hija (mi hijo estaba muy pequeño para que esto le afectara) y evitar hacer un alto en su desarrollo educativo, teníamos que buscar la mejor manera en la que yo pudiera echar hacia adelante a mi negocio desde la casa (cosa a la que no estaba acostubrada) y esas primeras semanas trabajando con dos niños pequeños a mi alrededor no fueron muy productivas.

El cuento largo, corto… encontramos escuelitas para ambos. Una preocupación menos y una preocupación más (o unas cuantas, mejor dicho). “¿Se ajustarán bien al nuevo ambiente escolar? ¿Harán amiguitos rápido? ¿Los ignorarán porque son los niños nuevos del salón? Muchas preocupaciones que íbamos dejándole saber a sus maestras poco a poco.

La pregunta que más hacemos es si la nena tiene amiguitos, porque en su escuelita en Puerto Rico ella era bien querida por sus compañeros, y también porque a veces la notábamos un poco calladita cuando la recogíamos.

Creo que ya lo hemos preguntado casi diez veces, y siempre nos dicen que sí, pero necesitábamos confirmarlo nosotros mismos… ¡y ayer fue un gran día!

Ayer mi hija cumplió sus 4 añitos y como realmente aún no tenemos amistades cerca y los familiares que tenemos por acá trabajaban o tenían compromisos (sin olvidar Spring Break), decidimos llevar cupcakes al preescolar y cantarle cumpleaños allá.

¡Tengo que decirles que fue una experiencia maravillosa! Sus amiguitos -porqué SÍ, confirmamos que nuestra hija tiene amiguitos- le cantaron Cumpleaños Feliz en inglés y en español, y celebraron con ella mientras simbólicamente le daba cuantro vueltas al sol en una actividad bien bonita. ¡La vimos feliz y nosotros somos felices por ello!

Vimos a nuestra hija desenvolverse bien y ser aceptada y querida por sus compañeros. Casualmente, ayer también fue su evaluación escolar y nos dijeron que va de lo más bien, así que la felicidad fue doble.

En el fondo, yo sabía que mi felicidad se debía a algo más. Como madres (y los padres también), queremos tomar las mejores decisiones para nuestros hijos, su bienestar ahora y futuro. Montarse en un avión y dejar todo atrás no es fácil por más que mucha gente te señale y te diga cobarde porque “es muy fácil abandonar la patria cuando las cosas están mal”. Nosotros teníamos que hacerlo, teníamos que intentar algo más antes de que el barco se hundiera por completo… y lo hicimos, por nuestros hijos.

Nos fuimos con ellos y con la duda de pasajera en la misma fila de asientos, pero no hay un solo día, NI UNO SOLO, en el que mi esposo y yo no demos el máximo para que nuestros hijos tengan una mejor calidad de vida. El sacrificio fue grande y jamás será en vano.

Y en cuanto a la felicidad de mis hijos… ya saben: Happy kids, happy mom! Vamos por buen camino.
Eso es todo por hoy, moms. ¡Que la pasen bien!