Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

¡Hola a todas!
Hoy les escribo de un tema un poco delicado -o al menos eso pienso- pero sé que muchas mamás que andamos por el camino de emprender por nuestra cuenta hemos sentido y pensado lo mismo.

El tema de esta entrada es  … TAN-TAN-TAAAAN... (redoble, por favor):
Cuando sentimos que la maternidad nos aguanta profesionalmente.

Oh yeah! No me digan que no, si sí. Y para que ninguna mamá sienta remordimientos “all of the sudden”, les voy a hablar exclusivamente de mi experiencia. Luego, si desean, con mucho gusto pueden compartir sus experiencias en el área de comentarios.

Cuando decidí comenzar a trabajar por mi cuenta y desarrollar mi negocio de mercadeo en redes sociales en el 2015, tenía una bebé de 11 meses y pocos días para cumplir el año.

Mi hija fue la motivación y razón número uno para crear mi negocio. Resulta que aunque muy satisfecha con mi trayectoria profesional previo a ser mamá, estaba laborando turnos overtime todos los días en una empresa y el primer año de vida de mi hija fue casi perdido para mí. Ese año a mi hija la crió su papá.

Traté de aguantar lo más que pude pero comencé a deprimirme, mi producción de leche se fue a pique y renuncié.

Comencé con pocas cuentas que -gracias a que mi hija fue una bebé súper tranquila- pude manejar muy bien, pero a los cuatro meses de iniciar esta aventura quedé embarazada de mi segundo hijo.

Sí, estaba muy feliz pero también asustada y con mala barriga. Para este tiempo ya tenía más cuentas y obviamente, no me sentía del todo bien físicamente. También estaba en trámites de abrir mi oficina. Gestor, local, permisos, muebles…

Este segundo embarazo llegó con malestares, seguido por contracciones prematuras y las charlas con mi esposo sobre qué debería tener prioridad en esos momentos, si abrir mi oficina o seguir trabajando remoto (desde casa y visitando a mis clientes) hasta que naciera el bebé y pasaran esos primeros tres meses de vida.

Yo había luchado TANTO por poder costear ese espacio que todo emprendedor desea tener, que me rehusaba a abandonar mi sueño de abrir mi primera oficina (en estos momentos no quiero saber de abrir otra oficina ¡pero eso es tema para otro blog!).

Y sí, tuve que posponer abrir mi oficina hasta que nació mi hijo, un bebé hermoso que me robó el corazón y todo mi tiempo.

Mi hijo no podía estar separado de mí. Tanto así que me sumergí en lecturas sobre la ansiedad por separación en los bebés, y en efecto, bebé no quería estar con otra persona que no fuera mamá.

Mis brazos estaban cansados, mis pezones en carne viva y aprendí a redactar con una sola mano, porque con el otro brazo lo cargaba a él. Mi esposo trabajaba distribuyendo cervezas artesanales en el sur y el oeste de la Isla, por lo que pasaba hasta trece horas fuera del hogar.

No creo necesario tener que decirles que no podía con mi vida.

Increíblemente, a ese ritmo que llevaba, logré conseguir más clientes y con esto convencí a mi esposo -luego de varios intentos fallidos- de que se uniera a mi negocio y me diera una mano en la parte administrativa, con las fotos y coordinando reuniones con los clientes.

Ahora bien, mis tácticas de convencimiento con mi esposo no fueron muy sutiles que digamos. Esas tácticas son la razón de esta entrada al blog.

Estaba exhausta física y emocionalmente, y encima de todo hacía el esfuerzo mega sobrehumano para poder hacer un delivery de excelencia a mis clientes.

Llegaba la noche y con ella mi llanto. Mi esposo aún estaba en la calle y yo lo llamaba así, cansada, sin fuerzas, y llorando le decía que por favor renunciara, que me diera una mano porque no podía con mi vida.

Le decía  que si yo no obtenía ayuda pronto, iba a entregar todas mis cuentas. Obviamente, era mi cansancio hablando y mi esposo cada noche con mucha paciencia me traquilizaba y me recordaba todo el sacrificio que había depositado en mi negocio, la relación con mis clientes y muchos factores reales que me confirmaban lo mucho que me apasiona mi trabajo.

En esos momentos sentía que la maternidad  no me estaba dejando ser la profesional que estaba acostumbrada a ser y esto no se trata de que si uno quiere ser más profesional que madre ni más mujer que madre ni nada de eso.

Se trata de que cuando estamos acostumbradas a trabajar, a ser independientes y a generar un ingreso para nuestro hogar, de momento sentirnos cansadas e incapaces de realizar un trabajo excelente puede ser algo muy fuerte emocionalmente. Adaptarnos a este nuevo estilo de vida es más difícil (imagínese usted, que yo estaba acostumbrada a trabajar cien horas semanales y viajaba todos los días de Hatillo a San Juan).

Don’t get me wrong! Mis hijos son todo para mí y por ellos fue que decidí trabajar por mi cuenta, pero hay que ser realistas, desahogarnos y apoyarnos entre todas.

Hay etapas de la maternidad que son difíciles. Para muchas mamás puede ser la lactancia, para otras aceptar su cuerpo postparto, no tener la misma vida social de antes, no tener ayuda en el hogar, el no querer trabajar pero tener que hacerlo y para otras es querer trabajar y no poder. En mi caso, lo más difícil ha sido trabajar por mi cuenta y desarrollar un negocio con dos bebés.

Ahora mis hijos están más grandes, están en la escuelita y el cambio es del cielo a la tierra pero no me averguenza decir que al principio me quería arrancar los pocos pelos que me quedaban en la cabeza.

¿Por qué? Porque es normal, porque sé que no soy la única que se ha sentido así… y porque quiero que entiendan que querer tener tiempo para desarrollarnos profesionalmente no nos hace malas madres.

Todo es cuestión de BALANCE. Obviamente ser madre es nuestra mayor responsabilidad y nuestros hijos siempre serán la mejor recompensa.

¿Cómo hacerlo?

Adquiere una agenda, desarrolla un plan de trabajo, ponte horarios y analiza bien qué momentos del día son los que más te convienen para trabajar (cuando bebé toma sus siestas por ejemplo). Ve poco a poco testing the waters, ve qué prácticas te funcionan y cuáles no, pero por favor, jamás obligues a tu cuerpo a dar más de la cuenta. Debes alimentarte y descansar bien.

Yo, sí, trabajo mucho, pero trabajo por mi cuenta y soy mi propia jefa. Esto me da una flexibilidad y libertad para compartir con mis hijos que no conseguiría trabajando para una empresa, pero llegar hasta aquí ha sido el resultado de 4 años de sacrificio.

Mamás que están en el proceso de emprender, mamás que hoy viven lo que yo viví hace dos años:

Hay un refrán que dice que cuando el camino se pone duro, los duros en ponen en el camino. El tiempo pasa, respira hondo y sigue. ¡Lucha por tus sueños! Press Pause and Play, never Stop! La satisfacción que sentirás cuando con el paso del tiempo mires hacia atrás y digas “¡lo logré!”, es maravillosa.

Yo voy a ustedes.

Tres errores que debes evitar si vas a trabajar por tu cuenta

Hace seis años me encontraba trabajando como periodista y social media manager en la empresa de mis sueños. El detalle es que trabajaba más de cien horas semanales y al año de tener ese trabajo, quedé embarazada.

Nació mi hija y continué en la misma empresa, solo que esta vez comencé a deprimirme por la falta de tiempo para compartir con ella y poder desempeñar bien mi rol de madre. Me sentía mal por dejarla tanto tiempo al cuidado de otras personas, aunque esas personas fueran su papá y sus abuelas.

Un compañero de trabajo -que estaba consciente de todos mis sacrificios- me recomendó renunciar y comenzar a trabajar por mi cuenta. Decía que tenía el potencial para manejarle las redes sociales a los comerciantes de la Isla, y lo creyó tanto que me consiguió mis primeros tres clientes.

El cuento largo, corto: I did it! Renuncié y me aventuré.

Ahora bien, mi frustración por no poder compartir con mi hija y mi desespero por comenzar a generar un buen ingreso me llevaron a cometer varios errores como dueña de negocio que hoy, luego de tres años, quiero compartir con ustedes.

Yo sé que como mamás, muchas deseamos tener tiempo de calidad con nuestros hijos, trabajar por nuestra cuenta y ser #BossLadies. Todo esto es posible, pero hay varias cosas que se deben tener en cuenta.

¡Aquí les comparto TRES errores que cometí trabajando por mi cuenta para que ustedes no los cometan!

 

ERROR #1. Lanzarse a trabajar sin conocer el valor promedio de los servicios que ofreces: Yo estaba acostumbrada a trabajar para una empresa y a recibir un salario fijo mensual. Cuando me lancé a la calle a trabajar no tenía vasto conocimiento sobre precios y cotizaciones, solo un costo que un colega me sugirió y con el cual logré obtener mis primeros tres clientes.

En este caso, los primeros tres clientes que obtuve eran todos del área metropolitana y el costo de mis servicios allá se vendía más caro que en otros pueblos, sobre todo donde yo vivía. Cuando comencé a ofrecer mis servicios en mi pueblo, la respuesta de los comerciantes era que “fulano de tal” estaba haciendo “lo mismo” por mucho menos.

¿Mi error? Con tal de obtener clientes, acerqué mis costos lo más similar posible a los de esa persona y con el paso del tiempo me di cuenta de que yo hacía más cosas, me sacrificaba más y que aún con 12 cuentas no estaba cerca del salario que tenía en mi otro trabajo.

¿Qué hice? Me reuní con una asesora financiera, incorporé a mi esposo en el negocio (con experiencia como comerciante y graduado de administración de empresas) y contraté a un contable. También me orienté mejor sobre costos en la industria y creé varios paquetes con precios razonables que pudieran ser accesibles para todo tipo de comerciante, especialmente el pequeño y el mediano.

ERROR #2: Dejarse intimidar por el comerciante que tiene dinero para costear tus servicios pero te pide una rebaja injustificada. Oh, wow! ¡He perdido la cuenta de cuántas veces me reuní con un comerciante GRANDE y cada uno de ellos me pidió rebaja a mis servicios! Tan ingenua y por mi necesidad económica, siempre pensé en dos cosas: #1. Realmente necesito el dinero, mejor eso que nada. #2. Es un buen cliente (para mi portafolio profesional) y si no lo agarro ahora, otro lo va a coger.

Te voy a explicar qué es lo malo de esto: Como mencioné en el punto anterior, vas a tener muchas cuentas que te consumirán mucho tiempo porque vendiste unos paquetes con ciertos servicios y estás cobrando menos de lo que se supone. Luego te van a llegar clientes que te van a pagar el precio completo (y te aseguro que el cliente que te paga el precio completo es un negocio más pequeño que el que te pidió rebaja) y vas a sentir presión por querer cumplirle a ese cliente que valora tu trabajo y espera un buen delivery de tu parte, pero sentirás que no puedes cumplir bien porque tienes todos estos otros clientes que no te pagan lo que se supone pero también esperan un delivery de excelencia de tu parte.

Eventualmente te darás cuenta de que los clientes que te pagan menos (recuerda: por que TÚ accediste a rebajarle el costo de tus servicios) no son costoefectivos para tu negocio. En mi caso, llegó un punto donde el pago mensual de estos clientes iba directito a la cuenta de banco de mi artista gráfico y yo no estaba ganándome nada.

ERROR #3: No tener un fondo económico para casos de emergencia (A.K.A= cuando los clientes te paguen tarde o un huracán categortía 5): Una de las sensaciones más intimidantes que puedes llegar a sentir mientras echas hacia adelante tu negocio, es aceptar que dependes completamente de tus clientes para poder pagar tus deudas (tu casa, tu carro, la educación de tus hijos).

Obviamente, todos los comercios dependen de clientes para sobrevivir pero no es lo mismo tener una tienda donde la persona te paga al momento por el producto que desea, que ofrecer un servicio que consume mucho tiempo, durante un mes y que el cliente te pague (con todas las cláusulas del mundo) cuando quiera o cuando pueda.

También te darás cuenta, según pase el tiempo, que habrá temporadas donde probablemente todos tus clientes te paguen tarde, como durante temporada de planillas. Y no solo te pagarán tarde, sino que tú también tendrás gastos adicionales y te puedes atrasar en tus pagos del mes. ¡Es una cadena!

Mi recomendación es: que tengas un fondo de emergencia para estos casos. Que si durante un mes varios clientes se atrasaron en el pago, tú tengas cómo costear tus cosas. Incluyan en su plan de negocio un presupuesto de fondo equivalente a dos meses de trabajo por si también ocurre un evento como el huracán María donde no sólo nos exponemos a perder clientes sino que los bancos no estarán abiertos y no habrá manera de cobrar.

¿Te gustaron estos consejos? ¡Pronto vendré con más! Gracias por leerme.

Karlaimar,
HabemusBaby.

 

 

Determinada en unir las voces de las familias militares latinas

Por: Karla Toledo Ríos

Crear un  espacio educativo a favor del desarrollo social, personal y económico de los hispanos, y a su vez poder orientar a las familias que entran a la vida militar y no dominan el inglés, fueron factores importantes para que la boricua Christie Lorraine Cruz Rivera decidiera, junto a tres amigos, crear el movimiento: “Voces Latinas Unidas” .

Voces Latinas Unidas es una red educativa para familias latinas de diversos lugares del mundo. Nuestro deseo es contar con un espacio colaborativo que posea las herramientas necesarias para poder ayudar a todas esas familias que buscan tener un mejor futuro”, comentó Cruz Rivera.

En la foto: Christie Lorraine Cruz Rivera

Christie Lorraine es esposa de un militar, madre de dos niñas y vive en los Estados Unidos desde el 2012. Su propia experiencia en la diáspora le sirvió de motor para comenzar este movimiento solidario hacia las familias militares hispanas que se mantienen en constante relocalización.

“Mi esposo le sirvió a ésta nación por seis años y sé lo difícil que es llegar a un  lugar nuevo, no conocer el idioma y tener miedo de hablarlo… Esto me impulsó a crear la página de Voces Latinas Unidas y así educar en todo lo que pueda. Siento que es mi vocación, nací para ayudar”.

En la foto: Christie Lorraine Cruz junto a sus hijas y su esposo.

Reafirmando su misión de ayudar a todos sus integrantes, la organización de Voces Latinas Unidas está comprometida en ofrecer las herramientas y adiestramientos necesarios para descubrir los talentos y habilidades de cada miembro, además de contar con grupos virtuales de apoyo.

Queremos proveer información en español sobre todo lo que conlleva la vida militar; sus beneficios, becas para esposas ( incluyendo retirados), hijos, etc. También queremos compartir sugerencias acerca de Organizaciones y Asociaciones que proveen apoyo a nuestras tropas en caso de emergencia”, aseguró Christie.

Puedes encontrar más información de Voces Latinas Unidas a través de su página de Facebook, que está dirigida a las familias de los soldados,  y su grupo para esposas de la milicia.

 

De por qué me fui de la Isla y cómo me siento al respecto

Una de las decisiones más difíciles  La decisión más difícil que he tomado en toda mi vida ha sido la de mudarme de Puerto Rico a Florida. Yo, que detesto los clichés y mírenme aquí, una boricua más en Orlando.

Antes del huracán María había logrado -con mucho esfuerzo- crear un pequeño grupo de mercadeo para plataformas digitales allá en mi querido pueblo, Hatillo del Corazón.

Lo que inició en el 2015 como el invento de una mamá primeriza manejando páginas de Facebook desde su casa para poder pasar tiempo de calidad con su bebé, luego de un año se convirtió en una localidad con 4 escritorios, cinco empleados, un beanbag súper cool, 25 páginas de Facebook que manejar y muchas ganas de echar pa’ lante.

Con la genuina intención de querer ayudar al pequeño y mediano comerciante, enfoqué mi negocio en este sector únicamente. Aunque muchas veces trataron de convencerme para que mercadeara mi negocio de una manera más abierta (a todo tipo de clientes), no quise hacerlo, y aunque al final creo que esto fue lo que más me afectó, no me arrepiento de haber guiado mi negocio de la manera en la que lo hice.

Justo un mes antes del huracán, perdí dos cuentas y esto me preocupó mucho, mayormente en el aspecto de “¿en qué tengo que mejorar y cómo puedo hacerlo lo antes posible?”. Sin embargo, mi negocio podía seguir funcionando bien en lo que duplicábamos las cuentas que habíamos perdido… o al menos eso pensamos que sucedería… ¡hasta que llegó María!

¿Por qué creo que enfocarme en el pequeño y mediano comerciante me afectó luego del huracán? Porque ellos también se afectaron grandemente. Fue un círculo. Muchos de mis clientes cerraron sus negocios por un tiempo indefinido, otros tuvieron que despedir empleados, otros habían sufrido pérdidas estructurales… y simplemente no podían costear mis servicios luego del huracán. ¡Creo que perdí diez cuentas en las primeras dos semanas!

Mis clientes no eran los únicos que se habían afectado con el huracán (como todos sabemos) y yo jamás imaginé que mi negocio sufriría tanto.

Desde antes de empezar a sentir los embates de María, mi celular ya no tenía servicio. Al otro día tampoco, pero pensaba que más o menos en una semana o dos ya todo estaría resuelto.

Y es que no era solo el celular (para contactar a los clientes) lo que me tenía estresada, era que tampoco había internet… y yo puedo trabajar sentada en un hormiguero, olvídate tú, que si hay internet puedo cumplir con mi deber.

Como una jugada estratégica del destino, tras el paso de María por la Isla, todas las antenas que daban señal a los lugares en los que yo podía ir a trabajar, se habían caído. Justo frente a mi oficina, en una vaquería a eso de unos doscientos pies de distancia, había una antena de 30 pies que debía suplirle señal a mi antena de internet. Para poder recibir internet (según los que fueron a verificar mi antena), debía esperar a que los dueños de la vaquería prendieran la planta eléctrica. ¡Y yo qué iba a saber cuándo ellos iban a prender la planta! ¿En las horas de ordeño?

En mi casa no había internet, ni en casa de mis suegros ni en casa de mis abuelos.  En casa de mi tía había un poco de señal y cuando prendían la planta eléctrica en las noches yo podía ir a trabajar unos 25 minutos antes de que la señal se cayera. Les juró que hacía todo lo  posible por resumir un día de trabajo de ocho horas en los 25, 30 o 40 minutos de internet que podía conseguir cada dos días. Los mosquitos me comían viva pero pero eso ni me importaba.

Llorar ya no era suficiente. Me dio acné por el estrés, rebajé cinco libras y busqué todas las alternativas posibles para mantener la calma y ver una luz al final del camino pero la esperanza se iba convirtiendo en nula.

Aún no les he contado que cuando llegó el huracán estábamos en proceso de enviar las facturas del mes entrante, no nos quedaba mucho dinero en la cuenta y el efectivo cada vez era menos.

Pensamos que luego del huracán podríamos reanudar operaciones, enviar facturas, ir al banco… ustedes saben, como de aquí a semana y media después de María. ¡HA!

Cuando mi esposo logró ir al Banco Popular, luego de yo no sé ni cuánto tiempo después del huracán, porque honestamente no lo recuerdo, estuvo 5 horas y media bajo el sol y regresó a casa con la noticia de que solo nos quedaban $75.00 porque todos los pagos del negocio se habían debitado automáticamente y nadie nos había pagado todavía.

Nosotros somos una familia de cuatro. Pasamos de tener todo lo necesario para vivir bien a no tener nada en un abrir y cerrar de ojos. Porque sin dinero, lamentablemente, no podemos tener más comida, ni más baterías, ni echar gasolina, ni nada. ¡Fucking nada!

… Y perdónenme… pero es que de solo remontarme a esos días, me da rabia. ¿Y saben con quién me da rabia? ¡Con el puto huracán! ¿Y saben cómo me siento por sentirle rabia a un huracán? Tonta. Bien tonta.

Se acercaba el primer mes después del huracán y ya me estaba desesperando demasiado. Me hablaron de un spot en Arecibo donde había señal de AT&T, y fue allí donde, entre edificios abandonados, logré contactar a mis clientes vía telefónica. Algunas llamadas fueron exitosas, otras no se lograron… pero hubo una, solo UNA, que fue tan frustrante que creo que fue el primer empujón a tomar una decisión drástica con tal de salvar las cuentas que me quedaban.

Llamé a una cliente muy importante para mí, todos lo son, pero este era el tipo de cuenta que te infla de orgullo porque la tienes tú… y la señal se puso pésima. La llamada se cortó como tres veces y esa última vez, cuando la llamada estuvo a punto de caer por cuarta ocasión, la escuché suspirar y decir “¡Ay no, ya yo no puedo hacer esto más!”, y me colgó. Yo creo que ella al sol de hoy no sabe que la escuché decir esas palabras.

Resulta que no todos estaban en las mismas condiciones que yo. Mi cliente tenía planta eléctrica en su negocio, tenía teléfono, tenía internet… y yo no podía trabajarle como antes. Luego del huracán pasé a tener dos tipos de clientes: el que no podía seguir con mis servicios y el que me necesitaba RUSH. Yo no podía trabajar RUSH, no tenía luz, no tenía internet, mi celular casi no funcionaba.

Varias amistades que vivían en San Juan y tenían luz e internet me dijeron que pasara por sus casas cuando quisiera pero sin dinero para echar gasolina, ¿quién se tiraba el viaje de Hatillo a San Juan?

Mi negocio era la única fuente de ingreso en mi hogar, pues creció lo suficiente como para que mi esposo pudiera trabajar conmigo dirigiendo la parte administrativa. Si me descuidaba y lo dejaba caer por completo, no iban a existir ingresos para mi familia, para mis hijos, para su eduación ni para darles de comer.

Luego de esa llamada que me hizo reaccionar y pensar en un plan B un tanto arriesgado, llamé a mi hermano que vive en Tampa y le pregunté si no le molestaba que nos quedaramos en su casa un mes en lo que el sistema de comunicaciones se establecía en la Isla y yo podía regresar a trabajar. Él, no solo me dijo que sí, sino que nos compró los pasajes.

Mientras se acercaba la fecha le iba comunicando a mis clientes que estaría fuera de la Isla trabajando (y poco a poco me iba enterando que varios colegas en la industria hicieron lo mismo), pero que regresaría en un mes, aunque no habíamos comprado los boletos de regreso porque no sabíamos exactamente para cuándo todo esto de las comunicaciones se habría resuelto.

Se lo dije a mi familia. “Me voy para poder trabajar y ponerme al día, pero regreso en un mes”. Me despedí de todos creyendo que regresaba en un mes. Me monté en el avión jurando que regresaba en un mes… y no pasó.

A mi esposo comenzaron a abrírsele las puertas en varios aspectos y luego de tanto esfuerzo que él le dedicó a mi negocio, yo no podía, ni jamás podré ser piedra de tropiezo en su progreso personal y profesional.

Extendimos un mes, llamé a mis clientes, les expliqué nuestra situación y les reafirmé que el trabajo se iba a seguir realizando sin problemas.

Mi esposo consiguió un trabajo en Orlando que nos ayuda a compensar por las pérdidas económicas que tuvimos luego del huracán. Conseguimos apartamento, extendimos la estadía, lo comunicamos nuevamente.

Cada día de los primeros dos meses en Florida lloré. No eran lagrimitas, eran sollozos. Extrañaba todo, a mis abuelos, a mi mamá, los abrazos de mi mamá, a mi hermanita, a toda mi familia, mi casa… todo, pero no podía mentir diciendo que nos iba mal.

Recuerdo que una vez miré al cielo y en mi mente dije: “Señor, ¿por qué nos estás abriendo tanto las puertas por acá? ¡Yo quiero regresar a Puerto Rico!”… y mientras caminaba y respiraba profundo llegué a la conclusión de que estaba tomando decisiones mucho más emocionales que racionales, y en momentos así, donde la prioridad es progresar, no se podía.

Dejé que las cosas fluyeran. Y seguimos aquí, en Orlando, trabajando, y sí, me enorgullece decir que trabajo para mis clientes en la Isla, y NO, no me avergüenzo de ser una boricua en la diáspora, porque no solo soy eso. También soy una madre en la diáspora, una hija en la diáspora, una esposa en la diáspora… y todos y cada uno de estos papeles son importantes, tienen gran valía, sudor, lágrimas y significado.

Les seguiré contanto cómo nos va por acá, porque cuando estamos lejos de nuestros seres queridos, escribir es una buena alternativa. Que, en fin, esta crónica un tanto mohosa nace como desahogo, porque no había tenido la oportunidad de expresar esta experiencia de salir de la patria por tanto tiempo.

¡Un abrazo a todas las mamás que me leen! Y a las tantas que andan de vecinas por la diáspora, ¡ánimo! Es fuerte, pero podemos.

Que estén bien,

-Karlaimar, Habemusbaby.

Y mamá, ¿para cuándo?

Así que somos mamás y los niños siempre vienen primero… ¿Y qué pasa cuando las que ponemos a los niños primero NO nos cuidamos adecuadamente? ¿Cuántas veces nos hemos envuelto en este pensamiento y por desplazarnos al segundo lugar intencionalmente, terminamos en el último puesto inconscientemente?
Quizás les hice muchas preguntas en un solo párrafo, pero aquí les cuento por qué:
 
Cuando me mudé a Florida luego del huracán ya había perdido varios clientes. Gracias a Dios y a una prima de mi esposo, encontré una oportunidad de generar un ingreso adicional trabajando como sustituta de asistente de maestra en un colegio privado.
I know, mucha palabrería, ¿verdad? En resumidas cuentas, esto significa que cuando una asistente de maestra no puede ir a trabajar, me llaman y yo la cubro. No tengo un horario fijo y los días que trabajo lo hago de 8:00 a.m. a 3:00 p.m., que es perfecto ya puedo trabajar con mi primer trabajo en la tarde. 
 
El punto es que cuando apliqué para el trabajo, además de coger unos exámenes escritos, me tuve que hacer un examen físico y la doctora de paso me mandó a realizar unos laboratorios y me programó un cita para inicios de abril.
Como mamá ocupada ya sabrán lo que hice… entregué el documento necesario para poder comenzar a trabajar lo antes posible y me olvidé de mis laboratorios. Al fin y al cabo, eran de rutina y yo me sentía bien.

Seguí con mi agenda diaria pero de momento me sentía más cansada y noté unos cambios en mi cuerpo (como tener acné a mis 31 años), y justo cuando recordé la famosa cita médica a la que nunca fui, RING!!!, me llamaron de la oficina del doctor para saber si me había hecho los análisis y si iba a ir a la cita.

“¡Ah! ¡Qué alivio, me llamaron!”… Wait! ¡Ni siquiera sé dónde metí el papel de los análisis que tenía que realizarme! Pues ni modo, le dije a la señora que había extraviado el documento, que por favor me moviera la cita para de aquí a dos semanas en lo que podía ir a hacerme los análisis.

Este tiempo que le pedí lo hice siendo bien realista, pues cualquier otra persona le hubiera dicho que mañana mismo pasaba por allí para recoger la hoja de las pruebas de laboratorio y luego lo seguía directo a hacerse las pruebas, pero not me.

Así que, una semana después de la llamada, ¡aquí estoy, laboratorios done √ and all!  Y me siento bien, me siento responsable y siento que me puse en primer lugar, cosa que no hacía desde hace mucho tiempo. Tengo un poco de ansiedad ante los resultados pero eso es normal. A lo mejor es estrés, a lo mejor es algo hormonal… ¡a lo mejor es que soy mamá de dos toddlers! LOL Pero di un paso hacia adelante por mí y por mi salud, porque necesito estar bien para mis hijos y mi esposo, y eso nos pone en primer lugar a todos.

Ya les contaré.
¡Lindo día!

Sobre la diáspora, mis hijos y el preescolar.

Creo que uno de los mayores temores por los que puede atravesar una #MamáenlaDiáspora es que sus hijos tengan problemas ajustándose al nuevo lugar al que se acaban de mudar. No solo a su hogar, también a la nueva escuela, a las amistades… Realmente ajustándose a cualquier cosa porque ninguna mamá quiere que sus hijos sufran.

Cuando nos mudamos a Florida en noviembre, abordamos el avión con las maletas llenas de ropa y de muchas emociones mixtas. Teníamos temor ante la incertidumbre y de que nuestros hijos no se acostumbraran a un ambiente diferente.

Tanto mi hija como mi hijo estaban ambos en un centro educativo en Puerto Rico, así que una de las prioridades que teníamos mi esposo y yo al mudarnos acá, era conseguir un buen preescolar para ellos.

Realmente no sabíamos cómo sería el proceso porque estábamos a un mes y medio de que terminara el semestre, por lo que con mucha probabilidad esperaríamos a enero, pero llegó el día en el que mi hija comenzó a ver escuelitas y me pedía bajarse. “Mamá, yo quiero ir a la escuelita”. Ugh! El corazón se me destruía.

Hablé con mi esposo sobre la posibilidad de ir a las escuelitas a orientarnos y ver cuáles de ellas estaban dispuestas a aceptar a los niños a un mes de terminar el semeste agosto-diciembre 2017.

Además de complacer a mi hija (mi hijo estaba muy pequeño para que esto le afectara) y evitar hacer un alto en su desarrollo educativo, teníamos que buscar la mejor manera en la que yo pudiera echar hacia adelante a mi negocio desde la casa (cosa a la que no estaba acostubrada) y esas primeras semanas trabajando con dos niños pequeños a mi alrededor no fueron muy productivas.

El cuento largo, corto… encontramos escuelitas para ambos. Una preocupación menos y una preocupación más (o unas cuantas, mejor dicho). “¿Se ajustarán bien al nuevo ambiente escolar? ¿Harán amiguitos rápido? ¿Los ignorarán porque son los niños nuevos del salón? Muchas preocupaciones que íbamos dejándole saber a sus maestras poco a poco.

La pregunta que más hacemos es si la nena tiene amiguitos, porque en su escuelita en Puerto Rico ella era bien querida por sus compañeros, y también porque a veces la notábamos un poco calladita cuando la recogíamos.

Creo que ya lo hemos preguntado casi diez veces, y siempre nos dicen que sí, pero necesitábamos confirmarlo nosotros mismos… ¡y ayer fue un gran día!

Ayer mi hija cumplió sus 4 añitos y como realmente aún no tenemos amistades cerca y los familiares que tenemos por acá trabajaban o tenían compromisos (sin olvidar Spring Break), decidimos llevar cupcakes al preescolar y cantarle cumpleaños allá.

¡Tengo que decirles que fue una experiencia maravillosa! Sus amiguitos -porqué SÍ, confirmamos que nuestra hija tiene amiguitos- le cantaron Cumpleaños Feliz en inglés y en español, y celebraron con ella mientras simbólicamente le daba cuantro vueltas al sol en una actividad bien bonita. ¡La vimos feliz y nosotros somos felices por ello!

Vimos a nuestra hija desenvolverse bien y ser aceptada y querida por sus compañeros. Casualmente, ayer también fue su evaluación escolar y nos dijeron que va de lo más bien, así que la felicidad fue doble.

En el fondo, yo sabía que mi felicidad se debía a algo más. Como madres (y los padres también), queremos tomar las mejores decisiones para nuestros hijos, su bienestar ahora y futuro. Montarse en un avión y dejar todo atrás no es fácil por más que mucha gente te señale y te diga cobarde porque “es muy fácil abandonar la patria cuando las cosas están mal”. Nosotros teníamos que hacerlo, teníamos que intentar algo más antes de que el barco se hundiera por completo… y lo hicimos, por nuestros hijos.

Nos fuimos con ellos y con la duda de pasajera en la misma fila de asientos, pero no hay un solo día, NI UNO SOLO, en el que mi esposo y yo no demos el máximo para que nuestros hijos tengan una mejor calidad de vida. El sacrificio fue grande y jamás será en vano.

Y en cuanto a la felicidad de mis hijos… ya saben: Happy kids, happy mom! Vamos por buen camino.
Eso es todo por hoy, moms. ¡Que la pasen bien!

 

La importancia de los abuelos

En base a mi experiencia puedo decir que aunque el amor que siento hacia mami y hacia ellos es distinto, siempre ha sido de la misma magnitud. O quizás el amor es el mismo pero la relación es distinta. ¡Es algo tan difícil de explicar porque a todos los necesito en mi vida de la misma manera! Es natural, viví con ellos desde que salí del hospital.

Mi abuelo paterno fue tan especial para mí, que para ser sincera, cuando realmente vine a sentirme huérfana de padre fue cuando él murió. Había una relación especial entre los dos y cómo no haberla si yo era la hija de su primogénito que había fallecido.

Él me enseño a respetar. Así como me enternecía el corazón con sus ojos azules también me podía hacer bajar la cabeza y mirar para el piso cuando había hecho algo malo. Nunca me puso un dedo encima y nunca me alzó la voz… pero cuando me miraba molesto, ¡ufff!, yo misma me castigaba y me metía solita para el cuarto.

Mi abuela era la que estaba pendiente a los escotes y hasta dónde me llegaban las faldas. No tenía reparos en regañarme frente a quién fuera si entendía que estaba vestida de manera inadecuada.

Recapitulando, creo que yo nunca me vestí mal. Lo que a ella le preocupaba era que ya en sexto grado tenía el cuerpo que tengo ahora y por más tapadita que me vistiera, nada podía ocultar que era una preadolescente bastante desarrollada. Con el paso del tiempo la entendí. Solo quería que me diera a respetar y que nadie fuera a mirar de mala manera un cuerpo que pertenecía a una niña inocente.

Cuando comencé a tener pretendientes agarraba la otra línea del teléfono para escuchar la conversación y se quedaba calladita como si nadie se hubiese dado cuenta. ¡Ay qué risa! Todavía me acuerdo y me río sola.

También me enseñaron que si ponemos de nuestra parte, el matrimonio puede ser espectacular. Mis abuelos paternos siempre se estaban dando besitos y mientras mi abuelo tuvo salud, se iban para Cabo Rojo todos los fines de semana (primero paraban en el casino para complacer a mi abuela).

Los papás de mami me enseñaron que es mejor ser humilde y trabajador, a tener de todo y sin haber luchado por nada. Mi abuelo materno fue bailarín y cocinero en El Bronx y cada vez que puede me cuenta una de sus historias y lo bien que disfrutó en su juventud sin consumir ni una gota de alcohol ni haber usado drogas. También me enseñó que la comida más saludable es la que se cocina en la casa.

A lo que quiero llegar es que el papel de los abuelos en la vida de nuestros hijos es muy importante. Mis experiencias más gratas los incluyen siempre y lo que me enseñaron jamás lo olvidaré.

Ahora que soy madre y veo la ilusión con la que los abuelos de mi hija la miran, con el amor que la abrazan y lo blanditos que se ponen cuando la ven llorar, entiendo que se está repitiendo un ciclo que hay que cultivar aunque como padres de vez en cuando tengamos que poner nuestros límites.

Mientras esté en tus manos, no dejes que esta relación se pierda. ¡Tus hijos pueden heredar enseñanzas maravillosas! A lo mejor no te llevas bien con tus suegros o tu esposo no puede ver a tu mamá ni en pintura, pero enfócate en lo más importante que es el vínculo entre abuelos y nietos. ¡Ya verás que valdrá la pena!

Como les dije al principio, gran parte de quien soy hoy día se lo debo a ellos y les estaré siempre agradecida.

Asanas para tu embarazo

columna escrita el 5 de enero de 2016

 Karla Aimar comparte su segunda experiencia practicando yoga prenatal.

El martes tuve la oportunidad de asistir a mi segunda clase de yoga prenatal con la instructora Mara Saldaña, ¡y pasé un rato maravilloso!

Comenzamos con los ejercicios que ya conocemos (los que les mostré en la primera columna). Esto me ayudó a ir calentando el cuerpo, estirarme (especialmente el área de la pelvis y caderas) y soltar tensión.

¡Luego fue que vino lo bueno! Por primera vez realizamos varias asanas que dejaron sentir sus efectos al otro día en mis brazos y piernas. Yo las había intentado en casa por mi cuenta pero cuando tenemos un instructor que nos corrige y realmente nos pone en postura, es diferente. ¡Les comparto algunas a continuación!

Comencemos por la silla o utkatasana: esta postura te ayuda a fortalecer el área de las caderas y a tonificar los músculos de las piernas mientras estiras la zona del pecho y los hombros.

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Para lograrla debes separar los pies, doblar rodillas y posicionarte como si literalmente te fueras a sentar en una silla. Mientras haces esto debes mantener tu espalda derecha y estirar tus brazos. Puedes hacerla igual que en la foto o con los brazos hacia arriba. Quédate ahí unos segundos, baja los brazos y enderézate. Repite varias veces.

Esta próxima asana (el árbol) lo primero que hará es demostrarte cuánto balance tienes. No te preocupes, ¡yo tambaleé varias veces! Sus beneficios incluyen fortalecimiento de piernas, caderas y zona pélvica además de mejorar el balance y la estabilidad de tu cuerpo. Puedes colocar el pie como aparece en la foto o subirlo al muslo pero intenta no dejar el talón sobre la rodilla. Respira unos segundos en esta postura y cambia de pierna.

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Si buscas realizar una asana que de verdad se sienta, que “te pique” como uno dice, te presento el Guerrero II. A simple vista parece inofensiva, pero veinte segundos en esta postura y varias repeticiones te harán cambiar de opinión.

Sus beneficios incluyen el fortalecimiento de piernas y tobillos, estiramiento de pecho y hombros, alivia molestias de carpal tunnel, nervio ciático y los dolores de espalda tan comunes en el segundo y tercer trimestre del embarazo. Intenta quedarte en esta postura lo más que puedas y luego cambia al otro lado.

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Una asana que puedes utilizar para descansar, respirar, estirar la zona pélvica, brazos y espalda es la tan conocida “Child’s pose”. Arrodíllate y siéntate sobre tus talones. Luego, con las piernas separadas deslízate hacia el suelo y con los brazos puedes ir estirándote hasta donde puedas.

Las mamás en su primer trimestre podrán bajar más. Si estás en tu segundo o tercer trimestre llega hasta donde tu barriga te lo permita. No ejerzas presión sobre ella. Inhala y exhala por la nariz lenta y profundamente hasta que te sientas aliviada.

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Recuerda: Si estás embarazada y te animas a realizar estos ejercicios, consulta con tu médico previamente. Si te da luz verde, ¡felicidades! El yoga es maravilloso para el embarazo. Como podrás haber notado, la mayoría de las asanas se enfocan en fortalecer esas zonas del cuerpo que juegan un papel principal en el momento del parto.

Para empaparte más de estas posturas y animarte a hacer tu propia rutina, te invitamos a seguirnos en instagram: @HabemusBaby y @MaraSaldana.

¿Ser mamá a tiempo completo o trabajar?

Para: indicepr

¿Quedarme en casa o regresar al trabajo? Esa siempre fue la gran pregunta durante todo mi embarazo.

A lo mejor estás pensando: “Pero si no es nada complicado”. Para mí, sí lo fue. Mi esposo y yo siempre hemos trabajado, y él rompe noches. Para completar, ambos vivimos en Hatillo y trabajamos en San Juan. Tampoco podíamos pagar un buen cuido.

Nació la princesa y afortunadamente conté con mi tiempo de maternidad y unos días de vacaciones que tenía acumulados. Tenía tres meses adicionales para pensar qué haría, si me quedaba en casa cuidando a la nena o si regresaba a trabajar y no sé, me la llevaba dentro del bulto de la computadora.

Un día, bien seguro de sí mismo, mi esposo me dijo que me quedara en la casa, que él resolvía y que “nadie mejor que yo para cuidar a la bebé”. ¿Y saben qué pasó? Luego de meses deseando secretamente escuchar esas palabras, una vez las pronunció me dio un “bioco” interno y comencé a extrañar mi trabajo. Entonces, me sentí mala madre.

Ese primer mes en casa acepté su propuesta de convertirme en full-time mommy mientras las cuentas por pagar se iban acumulando en una esquina de la cocina. Durante el segundo mes, observaba como boba las paredes del cuarto cada vez que la nena dormía y me preguntaba quién era esa loca despeinada al otro lado del espejo. “A lo mejor si hablo con mi jefa me dan un part-time”, pensaba. Al tercer mes, recuperada de la cesárea casi por completo, me motivé a ver la luz del sol y caminar por la urbanización. Y en una de esas caminatas, me puse a analizar nuestra situación económica, acepté que debía regresar a mi escritorio.

Y ahí fue que empezó lo bueno. Cada vez que miraba a mi hija tan indefensa, lloraba porque necesitaba regresar al trabajo y me sentía culpable. Pero me iba a sentir de la misma manera si dejaba que mi esposo corriera con toda la carga económica del hogar.

También descubrí que me sentía así por toda la presión que existe hoy día sobre la importancia de la crianza con apego y la lactancia a tiempo completo. ¡Tenía mucho estrés!

Hasta que un día estudié bien la situación y dije: “Nuestra hija sí se va a criar con apego, porque la crianza con apego es tarea de ambos”. También comencé mi banco de leche materna y mi esposo se encargó de introducirle la botella.

Decidimos que como él trabaja de noche se encargaría de cuidar a la bebé  durante el día y, cuando yo regresara a la casa, haría lo propio para que él pudiera ir a trabajar. Ya llevamos unos cuantos meses bajo ese son ¡y estamos vivos! Cansados, pero vivos.

Aunque no ha sido fácil, mi hija está llena de amor, salud y no le ha faltado nada.

Así que, a quienes estén pasando por una situación similar, les digo: la palabra clave es organización (y se los dice alguien que dejo las cosas para lo último). ¡Voy a ustedes!

También envío un abrazo virtual a todas las mamás y papás que, contrario a sus deseos, no han tenido otra alternativa que ir a trabajar mientras dejan a sus pequeños cuidando. Sé que salen a la calle y dejan el corazón  con sus bebés.

Y como ya mencioné: Siempre se puede lograr una crianza con apego si hay apoyo y planificación.