De por qué me fui de la Isla y cómo me siento al respecto

Una de las decisiones más difíciles  La decisión más difícil que he tomado en toda mi vida ha sido la de mudarme de Puerto Rico a Florida. Yo, que detesto los clichés y mírenme aquí, una boricua más en Orlando.

Antes del huracán María había logrado -con mucho esfuerzo- crear un pequeño grupo de mercadeo para plataformas digitales allá en mi querido pueblo, Hatillo del Corazón.

Lo que inició en el 2015 como el invento de una mamá primeriza manejando páginas de Facebook desde su casa para poder pasar tiempo de calidad con su bebé, luego de un año se convirtió en una localidad con 4 escritorios, cinco empleados, un beanbag súper cool, 25 páginas de Facebook que manejar y muchas ganas de echar pa’ lante.

Con la genuina intención de querer ayudar al pequeño y mediano comerciante, enfoqué mi negocio en este sector únicamente. Aunque muchas veces trataron de convencerme para que mercadeara mi negocio de una manera más abierta (a todo tipo de clientes), no quise hacerlo, y aunque al final creo que esto fue lo que más me afectó, no me arrepiento de haber guiado mi negocio de la manera en la que lo hice.

Justo un mes antes del huracán, perdí dos cuentas y esto me preocupó mucho, mayormente en el aspecto de “¿en qué tengo que mejorar y cómo puedo hacerlo lo antes posible?”. Sin embargo, mi negocio podía seguir funcionando bien en lo que duplicábamos las cuentas que habíamos perdido… o al menos eso pensamos que sucedería… ¡hasta que llegó María!

¿Por qué creo que enfocarme en el pequeño y mediano comerciante me afectó luego del huracán? Porque ellos también se afectaron grandemente. Fue un círculo. Muchos de mis clientes cerraron sus negocios por un tiempo indefinido, otros tuvieron que despedir empleados, otros habían sufrido pérdidas estructurales… y simplemente no podían costear mis servicios luego del huracán. ¡Creo que perdí diez cuentas en las primeras dos semanas!

Mis clientes no eran los únicos que se habían afectado con el huracán (como todos sabemos) y yo jamás imaginé que mi negocio sufriría tanto.

Desde antes de empezar a sentir los embates de María, mi celular ya no tenía servicio. Al otro día tampoco, pero pensaba que más o menos en una semana o dos ya todo estaría resuelto.

Y es que no era solo el celular (para contactar a los clientes) lo que me tenía estresada, era que tampoco había internet… y yo puedo trabajar sentada en un hormiguero, olvídate tú, que si hay internet puedo cumplir con mi deber.

Como una jugada estratégica del destino, tras el paso de María por la Isla, todas las antenas que daban señal a los lugares en los que yo podía ir a trabajar, se habían caído. Justo frente a mi oficina, en una vaquería a eso de unos doscientos pies de distancia, había una antena de 30 pies que debía suplirle señal a mi antena de internet. Para poder recibir internet (según los que fueron a verificar mi antena), debía esperar a que los dueños de la vaquería prendieran la planta eléctrica. ¡Y yo qué iba a saber cuándo ellos iban a prender la planta! ¿En las horas de ordeño?

En mi casa no había internet, ni en casa de mis suegros ni en casa de mis abuelos.  En casa de mi tía había un poco de señal y cuando prendían la planta eléctrica en las noches yo podía ir a trabajar unos 25 minutos antes de que la señal se cayera. Les juró que hacía todo lo  posible por resumir un día de trabajo de ocho horas en los 25, 30 o 40 minutos de internet que podía conseguir cada dos días. Los mosquitos me comían viva pero pero eso ni me importaba.

Llorar ya no era suficiente. Me dio acné por el estrés, rebajé cinco libras y busqué todas las alternativas posibles para mantener la calma y ver una luz al final del camino pero la esperanza se iba convirtiendo en nula.

Aún no les he contado que cuando llegó el huracán estábamos en proceso de enviar las facturas del mes entrante, no nos quedaba mucho dinero en la cuenta y el efectivo cada vez era menos.

Pensamos que luego del huracán podríamos reanudar operaciones, enviar facturas, ir al banco… ustedes saben, como de aquí a semana y media después de María. ¡HA!

Cuando mi esposo logró ir al Banco Popular, luego de yo no sé ni cuánto tiempo después del huracán, porque honestamente no lo recuerdo, estuvo 5 horas y media bajo el sol y regresó a casa con la noticia de que solo nos quedaban $75.00 porque todos los pagos del negocio se habían debitado automáticamente y nadie nos había pagado todavía.

Nosotros somos una familia de cuatro. Pasamos de tener todo lo necesario para vivir bien a no tener nada en un abrir y cerrar de ojos. Porque sin dinero, lamentablemente, no podemos tener más comida, ni más baterías, ni echar gasolina, ni nada. ¡Fucking nada!

… Y perdónenme… pero es que de solo remontarme a esos días, me da rabia. ¿Y saben con quién me da rabia? ¡Con el puto huracán! ¿Y saben cómo me siento por sentirle rabia a un huracán? Tonta. Bien tonta.

Se acercaba el primer mes después del huracán y ya me estaba desesperando demasiado. Me hablaron de un spot en Arecibo donde había señal de AT&T, y fue allí donde, entre edificios abandonados, logré contactar a mis clientes vía telefónica. Algunas llamadas fueron exitosas, otras no se lograron… pero hubo una, solo UNA, que fue tan frustrante que creo que fue el primer empujón a tomar una decisión drástica con tal de salvar las cuentas que me quedaban.

Llamé a una cliente muy importante para mí, todos lo son, pero este era el tipo de cuenta que te infla de orgullo porque la tienes tú… y la señal se puso pésima. La llamada se cortó como tres veces y esa última vez, cuando la llamada estuvo a punto de caer por cuarta ocasión, la escuché suspirar y decir “¡Ay no, ya yo no puedo hacer esto más!”, y me colgó. Yo creo que ella al sol de hoy no sabe que la escuché decir esas palabras.

Resulta que no todos estaban en las mismas condiciones que yo. Mi cliente tenía planta eléctrica en su negocio, tenía teléfono, tenía internet… y yo no podía trabajarle como antes. Luego del huracán pasé a tener dos tipos de clientes: el que no podía seguir con mis servicios y el que me necesitaba RUSH. Yo no podía trabajar RUSH, no tenía luz, no tenía internet, mi celular casi no funcionaba.

Varias amistades que vivían en San Juan y tenían luz e internet me dijeron que pasara por sus casas cuando quisiera pero sin dinero para echar gasolina, ¿quién se tiraba el viaje de Hatillo a San Juan?

Mi negocio era la única fuente de ingreso en mi hogar, pues creció lo suficiente como para que mi esposo pudiera trabajar conmigo dirigiendo la parte administrativa. Si me descuidaba y lo dejaba caer por completo, no iban a existir ingresos para mi familia, para mis hijos, para su eduación ni para darles de comer.

Luego de esa llamada que me hizo reaccionar y pensar en un plan B un tanto arriesgado, llamé a mi hermano que vive en Tampa y le pregunté si no le molestaba que nos quedaramos en su casa un mes en lo que el sistema de comunicaciones se establecía en la Isla y yo podía regresar a trabajar. Él, no solo me dijo que sí, sino que nos compró los pasajes.

Mientras se acercaba la fecha le iba comunicando a mis clientes que estaría fuera de la Isla trabajando (y poco a poco me iba enterando que varios colegas en la industria hicieron lo mismo), pero que regresaría en un mes, aunque no habíamos comprado los boletos de regreso porque no sabíamos exactamente para cuándo todo esto de las comunicaciones se habría resuelto.

Se lo dije a mi familia. “Me voy para poder trabajar y ponerme al día, pero regreso en un mes”. Me despedí de todos creyendo que regresaba en un mes. Me monté en el avión jurando que regresaba en un mes… y no pasó.

A mi esposo comenzaron a abrírsele las puertas en varios aspectos y luego de tanto esfuerzo que él le dedicó a mi negocio, yo no podía, ni jamás podré ser piedra de tropiezo en su progreso personal y profesional.

Extendimos un mes, llamé a mis clientes, les expliqué nuestra situación y les reafirmé que el trabajo se iba a seguir realizando sin problemas.

Mi esposo consiguió un trabajo en Orlando que nos ayuda a compensar por las pérdidas económicas que tuvimos luego del huracán. Conseguimos apartamento, extendimos la estadía, lo comunicamos nuevamente.

Cada día de los primeros dos meses en Florida lloré. No eran lagrimitas, eran sollozos. Extrañaba todo, a mis abuelos, a mi mamá, los abrazos de mi mamá, a mi hermanita, a toda mi familia, mi casa… todo, pero no podía mentir diciendo que nos iba mal.

Recuerdo que una vez miré al cielo y en mi mente dije: “Señor, ¿por qué nos estás abriendo tanto las puertas por acá? ¡Yo quiero regresar a Puerto Rico!”… y mientras caminaba y respiraba profundo llegué a la conclusión de que estaba tomando decisiones mucho más emocionales que racionales, y en momentos así, donde la prioridad es progresar, no se podía.

Dejé que las cosas fluyeran. Y seguimos aquí, en Orlando, trabajando, y sí, me enorgullece decir que trabajo para mis clientes en la Isla, y NO, no me avergüenzo de ser una boricua en la diáspora, porque no solo soy eso. También soy una madre en la diáspora, una hija en la diáspora, una esposa en la diáspora… y todos y cada uno de estos papeles son importantes, tienen gran valía, sudor, lágrimas y significado.

Les seguiré contanto cómo nos va por acá, porque cuando estamos lejos de nuestros seres queridos, escribir es una buena alternativa. Que, en fin, esta crónica un tanto mohosa nace como desahogo, porque no había tenido la oportunidad de expresar esta experiencia de salir de la patria por tanto tiempo.

¡Un abrazo a todas las mamás que me leen! Y a las tantas que andan de vecinas por la diáspora, ¡ánimo! Es fuerte, pero podemos.

Que estén bien,

-Karlaimar, Habemusbaby.

Y mamá, ¿para cuándo?

Así que somos mamás y los niños siempre vienen primero… ¿Y qué pasa cuando las que ponemos a los niños primero NO nos cuidamos adecuadamente? ¿Cuántas veces nos hemos envuelto en este pensamiento y por desplazarnos al segundo lugar intencionalmente, terminamos en el último puesto inconscientemente?
Quizás les hice muchas preguntas en un solo párrafo, pero aquí les cuento por qué:
 
Cuando me mudé a Florida luego del huracán ya había perdido varios clientes. Gracias a Dios y a una prima de mi esposo, encontré una oportunidad de generar un ingreso adicional trabajando como sustituta de asistente de maestra en un colegio privado.
I know, mucha palabrería, ¿verdad? En resumidas cuentas, esto significa que cuando una asistente de maestra no puede ir a trabajar, me llaman y yo la cubro. No tengo un horario fijo y los días que trabajo lo hago de 8:00 a.m. a 3:00 p.m., que es perfecto ya puedo trabajar con mi primer trabajo en la tarde. 
 
El punto es que cuando apliqué para el trabajo, además de coger unos exámenes escritos, me tuve que hacer un examen físico y la doctora de paso me mandó a realizar unos laboratorios y me programó un cita para inicios de abril.
Como mamá ocupada ya sabrán lo que hice… entregué el documento necesario para poder comenzar a trabajar lo antes posible y me olvidé de mis laboratorios. Al fin y al cabo, eran de rutina y yo me sentía bien.

Seguí con mi agenda diaria pero de momento me sentía más cansada y noté unos cambios en mi cuerpo (como tener acné a mis 31 años), y justo cuando recordé la famosa cita médica a la que nunca fui, RING!!!, me llamaron de la oficina del doctor para saber si me había hecho los análisis y si iba a ir a la cita.

“¡Ah! ¡Qué alivio, me llamaron!”… Wait! ¡Ni siquiera sé dónde metí el papel de los análisis que tenía que realizarme! Pues ni modo, le dije a la señora que había extraviado el documento, que por favor me moviera la cita para de aquí a dos semanas en lo que podía ir a hacerme los análisis.

Este tiempo que le pedí lo hice siendo bien realista, pues cualquier otra persona le hubiera dicho que mañana mismo pasaba por allí para recoger la hoja de las pruebas de laboratorio y luego lo seguía directo a hacerse las pruebas, pero not me.

Así que, una semana después de la llamada, ¡aquí estoy, laboratorios done √ and all!  Y me siento bien, me siento responsable y siento que me puse en primer lugar, cosa que no hacía desde hace mucho tiempo. Tengo un poco de ansiedad ante los resultados pero eso es normal. A lo mejor es estrés, a lo mejor es algo hormonal… ¡a lo mejor es que soy mamá de dos toddlers! LOL Pero di un paso hacia adelante por mí y por mi salud, porque necesito estar bien para mis hijos y mi esposo, y eso nos pone en primer lugar a todos.

Ya les contaré.
¡Lindo día!

Sobre la diáspora, mis hijos y el preescolar.

Creo que uno de los mayores temores por los que puede atravesar una #MamáenlaDiáspora es que sus hijos tengan problemas ajustándose al nuevo lugar al que se acaban de mudar. No solo a su hogar, también a la nueva escuela, a las amistades… Realmente ajustándose a cualquier cosa porque ninguna mamá quiere que sus hijos sufran.

Cuando nos mudamos a Florida en noviembre, abordamos el avión con las maletas llenas de ropa y de muchas emociones mixtas. Teníamos temor ante la incertidumbre y de que nuestros hijos no se acostumbraran a un ambiente diferente.

Tanto mi hija como mi hijo estaban ambos en un centro educativo en Puerto Rico, así que una de las prioridades que teníamos mi esposo y yo al mudarnos acá, era conseguir un buen preescolar para ellos.

Realmente no sabíamos cómo sería el proceso porque estábamos a un mes y medio de que terminara el semestre, por lo que con mucha probabilidad esperaríamos a enero, pero llegó el día en el que mi hija comenzó a ver escuelitas y me pedía bajarse. “Mamá, yo quiero ir a la escuelita”. Ugh! El corazón se me destruía.

Hablé con mi esposo sobre la posibilidad de ir a las escuelitas a orientarnos y ver cuáles de ellas estaban dispuestas a aceptar a los niños a un mes de terminar el semeste agosto-diciembre 2017.

Además de complacer a mi hija (mi hijo estaba muy pequeño para que esto le afectara) y evitar hacer un alto en su desarrollo educativo, teníamos que buscar la mejor manera en la que yo pudiera echar hacia adelante a mi negocio desde la casa (cosa a la que no estaba acostubrada) y esas primeras semanas trabajando con dos niños pequeños a mi alrededor no fueron muy productivas.

El cuento largo, corto… encontramos escuelitas para ambos. Una preocupación menos y una preocupación más (o unas cuantas, mejor dicho). “¿Se ajustarán bien al nuevo ambiente escolar? ¿Harán amiguitos rápido? ¿Los ignorarán porque son los niños nuevos del salón? Muchas preocupaciones que íbamos dejándole saber a sus maestras poco a poco.

La pregunta que más hacemos es si la nena tiene amiguitos, porque en su escuelita en Puerto Rico ella era bien querida por sus compañeros, y también porque a veces la notábamos un poco calladita cuando la recogíamos.

Creo que ya lo hemos preguntado casi diez veces, y siempre nos dicen que sí, pero necesitábamos confirmarlo nosotros mismos… ¡y ayer fue un gran día!

Ayer mi hija cumplió sus 4 añitos y como realmente aún no tenemos amistades cerca y los familiares que tenemos por acá trabajaban o tenían compromisos (sin olvidar Spring Break), decidimos llevar cupcakes al preescolar y cantarle cumpleaños allá.

¡Tengo que decirles que fue una experiencia maravillosa! Sus amiguitos -porqué SÍ, confirmamos que nuestra hija tiene amiguitos- le cantaron Cumpleaños Feliz en inglés y en español, y celebraron con ella mientras simbólicamente le daba cuantro vueltas al sol en una actividad bien bonita. ¡La vimos feliz y nosotros somos felices por ello!

Vimos a nuestra hija desenvolverse bien y ser aceptada y querida por sus compañeros. Casualmente, ayer también fue su evaluación escolar y nos dijeron que va de lo más bien, así que la felicidad fue doble.

En el fondo, yo sabía que mi felicidad se debía a algo más. Como madres (y los padres también), queremos tomar las mejores decisiones para nuestros hijos, su bienestar ahora y futuro. Montarse en un avión y dejar todo atrás no es fácil por más que mucha gente te señale y te diga cobarde porque “es muy fácil abandonar la patria cuando las cosas están mal”. Nosotros teníamos que hacerlo, teníamos que intentar algo más antes de que el barco se hundiera por completo… y lo hicimos, por nuestros hijos.

Nos fuimos con ellos y con la duda de pasajera en la misma fila de asientos, pero no hay un solo día, NI UNO SOLO, en el que mi esposo y yo no demos el máximo para que nuestros hijos tengan una mejor calidad de vida. El sacrificio fue grande y jamás será en vano.

Y en cuanto a la felicidad de mis hijos… ya saben: Happy kids, happy mom! Vamos por buen camino.
Eso es todo por hoy, moms. ¡Que la pasen bien!

 

La importancia de los abuelos

En base a mi experiencia puedo decir que aunque el amor que siento hacia mami y hacia ellos es distinto, siempre ha sido de la misma magnitud. O quizás el amor es el mismo pero la relación es distinta. ¡Es algo tan difícil de explicar porque a todos los necesito en mi vida de la misma manera! Es natural, viví con ellos desde que salí del hospital.

Mi abuelo paterno fue tan especial para mí, que para ser sincera, cuando realmente vine a sentirme huérfana de padre fue cuando él murió. Había una relación especial entre los dos y cómo no haberla si yo era la hija de su primogénito que había fallecido.

Él me enseño a respetar. Así como me enternecía el corazón con sus ojos azules también me podía hacer bajar la cabeza y mirar para el piso cuando había hecho algo malo. Nunca me puso un dedo encima y nunca me alzó la voz… pero cuando me miraba molesto, ¡ufff!, yo misma me castigaba y me metía solita para el cuarto.

Mi abuela era la que estaba pendiente a los escotes y hasta dónde me llegaban las faldas. No tenía reparos en regañarme frente a quién fuera si entendía que estaba vestida de manera inadecuada.

Recapitulando, creo que yo nunca me vestí mal. Lo que a ella le preocupaba era que ya en sexto grado tenía el cuerpo que tengo ahora y por más tapadita que me vistiera, nada podía ocultar que era una preadolescente bastante desarrollada. Con el paso del tiempo la entendí. Solo quería que me diera a respetar y que nadie fuera a mirar de mala manera un cuerpo que pertenecía a una niña inocente.

Cuando comencé a tener pretendientes agarraba la otra línea del teléfono para escuchar la conversación y se quedaba calladita como si nadie se hubiese dado cuenta. ¡Ay qué risa! Todavía me acuerdo y me río sola.

También me enseñaron que si ponemos de nuestra parte, el matrimonio puede ser espectacular. Mis abuelos paternos siempre se estaban dando besitos y mientras mi abuelo tuvo salud, se iban para Cabo Rojo todos los fines de semana (primero paraban en el casino para complacer a mi abuela).

Los papás de mami me enseñaron que es mejor ser humilde y trabajador, a tener de todo y sin haber luchado por nada. Mi abuelo materno fue bailarín y cocinero en El Bronx y cada vez que puede me cuenta una de sus historias y lo bien que disfrutó en su juventud sin consumir ni una gota de alcohol ni haber usado drogas. También me enseñó que la comida más saludable es la que se cocina en la casa.

A lo que quiero llegar es que el papel de los abuelos en la vida de nuestros hijos es muy importante. Mis experiencias más gratas los incluyen siempre y lo que me enseñaron jamás lo olvidaré.

Ahora que soy madre y veo la ilusión con la que los abuelos de mi hija la miran, con el amor que la abrazan y lo blanditos que se ponen cuando la ven llorar, entiendo que se está repitiendo un ciclo que hay que cultivar aunque como padres de vez en cuando tengamos que poner nuestros límites.

Mientras esté en tus manos, no dejes que esta relación se pierda. ¡Tus hijos pueden heredar enseñanzas maravillosas! A lo mejor no te llevas bien con tus suegros o tu esposo no puede ver a tu mamá ni en pintura, pero enfócate en lo más importante que es el vínculo entre abuelos y nietos. ¡Ya verás que valdrá la pena!

Como les dije al principio, gran parte de quien soy hoy día se lo debo a ellos y les estaré siempre agradecida.

Asanas para tu embarazo

columna escrita el 5 de enero de 2016

 Karla Aimar comparte su segunda experiencia practicando yoga prenatal.

El martes tuve la oportunidad de asistir a mi segunda clase de yoga prenatal con la instructora Mara Saldaña, ¡y pasé un rato maravilloso!

Comenzamos con los ejercicios que ya conocemos (los que les mostré en la primera columna). Esto me ayudó a ir calentando el cuerpo, estirarme (especialmente el área de la pelvis y caderas) y soltar tensión.

¡Luego fue que vino lo bueno! Por primera vez realizamos varias asanas que dejaron sentir sus efectos al otro día en mis brazos y piernas. Yo las había intentado en casa por mi cuenta pero cuando tenemos un instructor que nos corrige y realmente nos pone en postura, es diferente. ¡Les comparto algunas a continuación!

Comencemos por la silla o utkatasana: esta postura te ayuda a fortalecer el área de las caderas y a tonificar los músculos de las piernas mientras estiras la zona del pecho y los hombros.

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Para lograrla debes separar los pies, doblar rodillas y posicionarte como si literalmente te fueras a sentar en una silla. Mientras haces esto debes mantener tu espalda derecha y estirar tus brazos. Puedes hacerla igual que en la foto o con los brazos hacia arriba. Quédate ahí unos segundos, baja los brazos y enderézate. Repite varias veces.

Esta próxima asana (el árbol) lo primero que hará es demostrarte cuánto balance tienes. No te preocupes, ¡yo tambaleé varias veces! Sus beneficios incluyen fortalecimiento de piernas, caderas y zona pélvica además de mejorar el balance y la estabilidad de tu cuerpo. Puedes colocar el pie como aparece en la foto o subirlo al muslo pero intenta no dejar el talón sobre la rodilla. Respira unos segundos en esta postura y cambia de pierna.

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Si buscas realizar una asana que de verdad se sienta, que “te pique” como uno dice, te presento el Guerrero II. A simple vista parece inofensiva, pero veinte segundos en esta postura y varias repeticiones te harán cambiar de opinión.

Sus beneficios incluyen el fortalecimiento de piernas y tobillos, estiramiento de pecho y hombros, alivia molestias de carpal tunnel, nervio ciático y los dolores de espalda tan comunes en el segundo y tercer trimestre del embarazo. Intenta quedarte en esta postura lo más que puedas y luego cambia al otro lado.

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Una asana que puedes utilizar para descansar, respirar, estirar la zona pélvica, brazos y espalda es la tan conocida “Child’s pose”. Arrodíllate y siéntate sobre tus talones. Luego, con las piernas separadas deslízate hacia el suelo y con los brazos puedes ir estirándote hasta donde puedas.

Las mamás en su primer trimestre podrán bajar más. Si estás en tu segundo o tercer trimestre llega hasta donde tu barriga te lo permita. No ejerzas presión sobre ella. Inhala y exhala por la nariz lenta y profundamente hasta que te sientas aliviada.

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Recuerda: Si estás embarazada y te animas a realizar estos ejercicios, consulta con tu médico previamente. Si te da luz verde, ¡felicidades! El yoga es maravilloso para el embarazo. Como podrás haber notado, la mayoría de las asanas se enfocan en fortalecer esas zonas del cuerpo que juegan un papel principal en el momento del parto.

Para empaparte más de estas posturas y animarte a hacer tu propia rutina, te invitamos a seguirnos en instagram: @HabemusBaby y @MaraSaldana.

¿Ser mamá a tiempo completo o trabajar?

Para: indicepr

¿Quedarme en casa o regresar al trabajo? Esa siempre fue la gran pregunta durante todo mi embarazo.

A lo mejor estás pensando: “Pero si no es nada complicado”. Para mí, sí lo fue. Mi esposo y yo siempre hemos trabajado, y él rompe noches. Para completar, ambos vivimos en Hatillo y trabajamos en San Juan. Tampoco podíamos pagar un buen cuido.

Nació la princesa y afortunadamente conté con mi tiempo de maternidad y unos días de vacaciones que tenía acumulados. Tenía tres meses adicionales para pensar qué haría, si me quedaba en casa cuidando a la nena o si regresaba a trabajar y no sé, me la llevaba dentro del bulto de la computadora.

Un día, bien seguro de sí mismo, mi esposo me dijo que me quedara en la casa, que él resolvía y que “nadie mejor que yo para cuidar a la bebé”. ¿Y saben qué pasó? Luego de meses deseando secretamente escuchar esas palabras, una vez las pronunció me dio un “bioco” interno y comencé a extrañar mi trabajo. Entonces, me sentí mala madre.

Ese primer mes en casa acepté su propuesta de convertirme en full-time mommy mientras las cuentas por pagar se iban acumulando en una esquina de la cocina. Durante el segundo mes, observaba como boba las paredes del cuarto cada vez que la nena dormía y me preguntaba quién era esa loca despeinada al otro lado del espejo. “A lo mejor si hablo con mi jefa me dan un part-time”, pensaba. Al tercer mes, recuperada de la cesárea casi por completo, me motivé a ver la luz del sol y caminar por la urbanización. Y en una de esas caminatas, me puse a analizar nuestra situación económica, acepté que debía regresar a mi escritorio.

Y ahí fue que empezó lo bueno. Cada vez que miraba a mi hija tan indefensa, lloraba porque necesitaba regresar al trabajo y me sentía culpable. Pero me iba a sentir de la misma manera si dejaba que mi esposo corriera con toda la carga económica del hogar.

También descubrí que me sentía así por toda la presión que existe hoy día sobre la importancia de la crianza con apego y la lactancia a tiempo completo. ¡Tenía mucho estrés!

Hasta que un día estudié bien la situación y dije: “Nuestra hija sí se va a criar con apego, porque la crianza con apego es tarea de ambos”. También comencé mi banco de leche materna y mi esposo se encargó de introducirle la botella.

Decidimos que como él trabaja de noche se encargaría de cuidar a la bebé  durante el día y, cuando yo regresara a la casa, haría lo propio para que él pudiera ir a trabajar. Ya llevamos unos cuantos meses bajo ese son ¡y estamos vivos! Cansados, pero vivos.

Aunque no ha sido fácil, mi hija está llena de amor, salud y no le ha faltado nada.

Así que, a quienes estén pasando por una situación similar, les digo: la palabra clave es organización (y se los dice alguien que dejo las cosas para lo último). ¡Voy a ustedes!

También envío un abrazo virtual a todas las mamás y papás que, contrario a sus deseos, no han tenido otra alternativa que ir a trabajar mientras dejan a sus pequeños cuidando. Sé que salen a la calle y dejan el corazón  con sus bebés.

Y como ya mencioné: Siempre se puede lograr una crianza con apego si hay apoyo y planificación.

Lo que debes saber si estás pensando trabajar desde el hogar

Les comentaba en mi página de Facebook que había tenido un día digno de una columna de desahogo de Habemus Baby  y que la misma trataría sobre el tema de trabajar desde el hogar.

Prometí que les iba a hablar en arroz y habichuelas, directo al grano y con los pros y los contra, a beneficio de todas las mamás que están pensando obtener un trabajo sin salir de la casa.

Les cuento: Mi primer trabajo fue como asistente de un departamento digital y luego trabajé en otra empresa como coordinadora de redes sociales y periodista. Mientras no tenía hijos, dejaba mi pellejo allí. Yo creo que yo me iba del trabajo y mi espíritu seguía redactando en la silla.

Aprendí mucho y mi mentalidad siempre fue esa: aunque saliera esmolía’, como dicen,  si no tenía hijos, tenía el tiempo para aprender y ganar experiencia. Total, que para ese entonces ya estaba casada y mi esposo era comerciante. Los dos vivíamos dedicados a nuestra profesión y estábamos cool con eso.

En verano de 2013 me enteré que estaba embarazada. ¡Felicidad pura porque mi hija fue deseada y planificada! Tuve un embarazo muy lindo, pero estaba cansada. Trabajé seis días a la semana y noventa horas semanales hasta mis treinta semanas de embarazo.

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Ese mismo ritmo de trabajo fue el que hizo que al año de vida de mi hija me atreviera a renunciar y me lanzara a la hazaña empresarial. Sentía que me había perdido sus primeros 365 días de vida y ese no era mi propósito ni visión de la maternidad.

Comencé a trabajar de manera independiente manejando cuentas de redes sociales a distintas empresas (medianas y pequeñas) con deseos de tener buena publicidad pero que no tienen mucho presupuesto.

Lo hice todo superlegal, compré la marca, saqué todos los permisos, alquilé oficina, me compré el mega escritorio, gané clientes más rápido de lo que imaginé y me pompié bien brutal. Al poco tiempo ya tenía servicios subcontratados de fotografía, vídeo, diseño gráfico e imprenta, etc.

A los cuatro-cinco meses de esta aventura (sí, todo pasó muy rápido) me enteré que estaba embarazada de mi segundo bebé. Estuve llorando todo el primer mes porque tenía miedo de fracasar en mi negocio y como madre. Además, ya la cosa estaba fea en la economía local. Me dio miedo y punto. Agraciadamente, mi esposo reaccionó súperbien y eso me quitó un peso de encima. Entre los dos metimos mano, como siempre.

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Tuve el mejor embarazo del mundo. Aumenté solo 17 libras y eso me ayudó a mantenerme activa en mi trabajo hasta el final. ¡Con decirles que una de mis clientes ni se enteró que yo estaba embarazada!

El punto es que desde que nació mi segundo hijo todo ha cambiado. Lo amo, es bello, es idéntico a mamá, y sí, los nenes son de mami, pero la realidad es que tener negocio propio y ser mamá de dos es bien difícil.

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Me he visto obligada a trabajar desde casa durante los pasados tres meses y aunque lo veo más o menos como un receso de maternidad (sin dejar de trabajar), hay cosas que no son para uno y a eso es a lo que quiero llegar.

<<A lo mejor se preguntarán por qué tanta historia de mi trabajo previo pero necesito que visualicen el estilo de vida al que estaba acostumbrada antes de comenzar a trabajar por mi cuenta y tener que pasar estos meses en casa.>>

Sí, es cierto, mi trabajo es bien digital. Realmente lo puedo hacer desde cualquier lugar que tenga internet (internet, café y silencio), pero yo estoy acostumbrada a levantarme temprano, vestirme bien, llegar a mi escritorio, producir e interactuar con otras personas.

Tuve un ritmo de vida bien acelerado desde el 2010 y me acostumbré a eso. Estos meses que he trabajado desde casa me he sentido encerrada, fea y aunque sigo trabajando igual de mucho, el hech0 de hacerlo desde mi hogar me hace sentir que no estoy siendo igual de productiva que antes.

Sé que hay muchas mamás que darían lo que fuera, LO QUE FUERA, por poder trabajar desde la casa y cuidar ellas mismas a sus hijos. A esas mamás les digo que NO es fácil o quizás yo soy muy exigente.

Tus ojos no van a dejar de ver los trastes sucios que hay en el fregadero ni la ropa que se sale del hamper. Cocinar te restará tiempo de productividad y pasarás la mayor parte del tiempo limpiándote algún buche de la ropa y cambiando pañales. ¡Ah! Y algunas personas nunca entenderán que estás trabajando, por lo que te visitarán constantemente.

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Ahora les voy a hablar del lado positivo, porque les dije que les daría los pros y los contras de trabajar desde el hogar.

–Lo primero, mamás, es que no tendrán que madrugar tanto o tener las mañanas tan apresuradas. Si te levantaste varias veces en la noche para atender a tu bebé, puedes aprovechar y descansar.

–Podrás lactar a tiempo completo  mientras quieras.

–Te ahorrarás el tiempo de vestirte y arreglarte (aunque yo lo hago de vez en cuando).

–Hablando de ahorrar, ¡puntos extra por ahorrarte el dinero de un cuido!

–Crianza con apego

Don’t get me wrong. Yo soy bien mamá y por eso tengo sentimientos encontrados. Nada me da más tranquilidad que saber que a mis hijos los cuido yo la mayor parte del tiempo pero llegó un momento en el que tuve que aceptar que para hacer un trabajo de excelencia necesitaba, aún dentro de mi hogar, tener una reglas y una estructura a seguir.

¿Qué hice? Esto, entre otras cosas:
–Preparé un área de trabajo en la casa apartada de la cocina y el laundry.

–Hice un calendario de días en los que mami vendría a ayudarme en casa para poder trabajar sin interrupciones, de la misma manera que coordiné con mi suegra para que me ayudara con la nena.

–Me obligué a cambiar mentalmente de escenario tan pronto me sentara en el escritorio y si a pesar de mis esfuerzos, por alguna razón no puedo entrar en work-mode, ¡me visto y me peino como si fuera a salir!

–Adoptar un método comunicación efectivo con mis clientes.

Mamá,
Si te sientes capaz de sobrepasar los obstáculos y crees que no te afectará en tu desempeño trabajar desde el hogar, ¡hazlo! La recompensa es buena.

Si por otra parte sabes que no estás hecha para eso, no lo hagas y no te sientas mal por ello. ¡Todas somos diferentes y eso no te hace mala madre!

Yo estoy poniendo de mi parte para sobrevivir  con una sonrisa y babeada de amor estos meses que se van volando.

Lo importante es reconocer la bendición de tener a nuestros hijos con nosotros y esforzarnos siempre por su bienestar.

¡Abrazo solidario!

-Karlaimar.

¡Pa’ fuera la frustración, mamá!

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Por alguna razón extraña es casi prohibido quejarse de la vida cuando tenemos hijos. ¡No, mamá! Es muy válido quejarse, porque las cosas están difíciles y tenemos personas que echar pa’ lante en un panorama gris que promete vagamente pintarse de colores en un futuro (y eso no va a suceder any time soon).

Quejarse de la vida, de las injusticias, decir que estás cansada, no es malo. De hecho, es muy bueno sacar a pasear esas emociones y dejar que desvanezcan en el viento. No hay nada mejor que desahogarse con alguien y sentir que ni somos las únicas ni estamos locas, además es saludable para uno.

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Está fuerte ir contra la marea tratando de echar pa’lante un negocio, pagar las cuentas a tiempo, la escuela de los niños, traer comida a la mesa y tener un hogar seguro. ¡Está fuerte, fuerte! Más allá de estar fuerte -y más importante- es necesario aceptar que es normal y de gente cuerda sentirse de esta manera.

Sin embargo, hay que quejarse y luego hacer algo al respecto. La queja sola no se mueve a ninguna parte si no se acompaña de un plan de acción, empoderamiento y positivismo. Significa que dentro de todo, somos persistentes y luchadoras.

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Y no escribo sobre esto para decir que las mujeres podemos con to’ y que quién necesita de un hombre. Yo estoy casada y en mi casa somos un equipo, pero aún siendo el super team de la vida, nos agotamos en conjunto y en individual, al igual que el resto de las personas no conformistas que queremos creer que llegaremos a ver el tesoro al final del arcoiris.

Yo me quejo porque soy de carne y hueso, y me he desahogado con mi mamá, mi esposo, mi mejor amiga, incluso con mi psicóloga. Para mí, esto significa dejar fluir por mi  propio bien y el de mis hijos. Y así, más relajada, volver a arrancar con más fuerzas.

No es sano embotellarse las emociones simplemente porque creemos que nos van a catalogar de malagradecidas o que nos van a salir con comentarios como “¡Pues, mija’, las cosas están malas, ¿para qué tuviste hijos?”.

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Los hijos son amados desde que están en nuestro vientre y se cargan con la ilusión de que les daremos todo, que nunca pasarán necesidad alguna. Muchas veces ponemos todo nuestro empeño y dejamos el pellejo para que todo salga bien y nos sorprenden enfermedades, cesantías de empleos y otras cosas más que están fuera de nuestro control.

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¿Sabes qué? ¡Quéjate! Sácate el coraje de adentro pero hazlo para vaciar ese espacio turbio y llenarlo de energía positiva. Hazle un bloqueo a todos esos comentarios que surgen para drenarte y desenfocarte, y conviértete en la supermamá y mujer poderosa que llevas dentro desde hace tiempo.

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Pa’ lante. Respira profundo. We can do this!

Fotos mágicas para niños especiales

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Este es el caso de Mildred de Jesús Díaz, una madre de 52 años que hace poco más de tres meses comenzó un hermoso proyecto llamado “Free Photos 4 Special Kids”.

Mildred es madre de cuatro niños. Uno de sus hijos tiene autismo y se convirtió en su inspiración para crear este proyecto que se dedica a regalar sesiones fotográficas a niños con necesidades especiales.

“Mi obra es algo que nace del corazón. Cuando tienes un hijo que es tu vida y que día a día vas tras él para que logre su independencia, un hijo que mucha gente te dice que vivirá pegado a ti hasta que mueras, es que te nace ese empuje, ese coraje de madre que las personas no conocen”, comentó de Jesús.

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La idea de este concepto surge luego de una conversación con una amiga que le comentó sobre un proyecto similar que realizan en otro país. Y es que no se trata de una sesión de fotos como cualquier otra. Mildred transporta a los niños en tiempo y espacio hacia sus cuentos favoritos, y los convierte, a través de disfraces y técnicas de fotografía, en sus personajes favoritos.

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foto: CM photography

“Las fotos las hago con pasión, con esa pasión que me provoca ver a una madre tener unos minutos de alegría, que le permiten asimilar que no todo es tan malo y mientras tanto, abandona ese mundo tan cruel por uno lleno de magia. Quizá no dure mucho, pero perdura en una foto que le dará ese empuje que necesita y la ayudará a olvidar sus dolores y el de su hijo, mientras ve solo aquello que soñó”, comentó a Habemus Baby.

De Jesús confiesa que, aunque el proyecto surgió gracias a la inspiración de su hijo y su gusto hacia el famoso personaje Peter Pan, un gran factor que la ha ayudado a pulir esta obra maestra ha sido sus estudios en psicología. Según Mildred, estos le dieron las herramientas necesarias para entender todos los mundos que toca a través de su lente.

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foto: CM photography

“La fantasía de ser reinas, princesas, reyes o príncipes es mi tema preferido pero siempre está ese espíritu aventurero y esa magia que despierta en los niños y jovenes donde algunos desean ser villanos, soldados y otros personajes, y por ello no dejaré de retratarlos, solo dejo que vuele la imaginación. ¡Pronto tendré una Rizos de Oro, un Soldado de Plomo y el villano…¡será sorpresa!”, afirmó.

Gracias a distintas personas que admiran la idea de esta mujer optimista, el proyecto ha recibido ya varias donaciones de disfraces y se han retratado personajes de como cuentos el de Alicia en el país de las maravillas, Peter Pan, La sirenita, Superman y Supergirl, Mulán y Jazmine, entre otros.

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foto: CM photography

Te invito a conocer más de este hermoso proyecto y a seguir CM Photography en Facebook: facebook.com/freephoto4specialkids

Amamantar y regresar a tu peso de manera saludable SÍ es posible

Sin duda, la lactancia provee grandes beneficios para el desarrollo del bebé y su relación con mamá. Dicho esto, ¿es cierto que la lactancia puede ayudarte a perder peso? La contestación a esta pregunta es . Amamantar a tu bebé llevando una alimentación balanceada te puede ayudar a alcanzar un peso saludable luego del embarazo.

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Se estima que la lactancia aumenta la necesidad calórica de mamá en un promedio de 400-500 calorías al día. Esto debido a que el cuerpo utiliza aproximadamente 20 calorías para producir una onza de leche materna.

Durante los primeros dos meses del bebé es crucial que mamá obtenga por medio de alimentos todos los nutrientes necesarios para alcanzar una producción de leche materna adecuada y estable.

Una pérdida de peso abrupta al principio de la lactancia puede afectar la producción de leche materna. Es por esto que se recomienda que luego de los primeros dos meses de lactancia mamá consuma no menos de 1,500 a 1,800 calorías al día para alcanzar una pérdida de peso de manera saludable.

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Entonces la pregunta clave es: ¿qué puedes hacer para promover una pérdida de peso saludable mientras amamantas a tu bebé?

Aquí comparto algunos consejitos:

  1. En las comidas principales, haz que la mitad de tu plato esté compuesto por vegetales y limita la porción de cereales/farináceos (arroz, pasta, viandas) a ¼ parte del plato.
  2. Sustituye los cereales refinados por cereales integrales y altos en fibra. Por ejemplo: en lugar del pan blanco escoge un pan integral con al menos 3 g de fibra por rebanada.
  3. Prefiere productos lácteos bajos en grasa tales como leche 1-2% baja en grasa.
  4. Utiliza métodos de cocción bajos en grasa tales como hervir, cocinar al vapor, saltear, entre otros. Limita el consumo de alimentos fritos y disminuye la cantidad de grasas/aceites utilizados para cocinar.
  5. Escoge cortes de aves, res y cerdo bajos en grasa. Por ejemplo: escoge las pechugas en lugar de las caderas de pollo.
  6. Disminuye la cantidad de azúcar, miel o sirope (“syrup”) añadida a las bebidas y comidas.
  7. Limita el consumo de dulces, galletas, donas y postres.
  8. Selecciona meriendas saludables tales como:
  •   Ensalada de fruta fresca
  •   Yogur simple bajo en grasa con fruta fresca y un poco de granola o semillas
  •   Un palito de queso bajo en grasa y una fruta fresca
  •   Una manzana mediana con 1 cucharada de mantequilla de maní
  •   Palitos de zanahoria o “baby carrots” con hummus
  •   3 tazas de palomitas de maíz (Pop Corn) sin mantequilla
  •   Barritas de avena/granola bajas en azúcar y grasa
  •   Batida de frutas preparada con leche, yogur o kéfir bajo en grasa
  1. Elige el agua como la bebida principal. Disminuye el consumo de refrescos y bebidas azucaradas.
  2.  Luego de que el médico de su aprobación, haz 30 min diarios de actividad física de intensidad baja o moderada.

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Recuerda que la clave para alcanzar y mantener un peso saludable no es pasar hambre sino consumir una variedad de alimentos de forma moderada y balanceada con el propósito de desarrollar unos hábitos de alimentación que podamos mantener a largo plazo.

Aunque la escritora de esta nota es Licenciada en Nutrición y Dietética, te recomendamos consultar con un profesional de la salud  siempre que desees hacer un cambio en tu alimentación, sobre todo si padeces alguna condición.

Sabemos que como mujer, tu apariencia es muy importante para ti. Sin embargo, la lactancia tiene grandes beneficios para tu bebé. Como ya mencionamos en este escrito, la pérdida de peso de manera  abrupta  puede tener efectos negativos en este proceso. Hay formas saludables de volver a tu peso sin tener que afectar la alimentación de tu bebé.